No voy a pedirle a nadie que me crea

Voy a adelantar unas notas sobre No voy a pedirle a nadie que me crea, novela, Premio Herralde 2016, obra de Juan Pablo Villalobos:
1. Inicia con un capítulo mareador que hace pensar que estamos ante una novela experimental.
2. A partir del segundo fragmento utiliza una serie de recursos de la novela tradicional: cartas, diarios personales, narraciones directas e indirectas que tienen como centro una trama interesante (joven mexicano viaja a Barcelona a hacer un doctorado en Letras y se ve involucrado en asuntos criminales).
3. Es indudablemente entretenida, ingeniosa, brillante, desparpajada (lejos de las novelas con profundos mensajes sobre la naturaleza humana, Dios, las grandes verdades de la vida: en este sentido es una novela ligera, olvidable: su gracia es que mientras se lee el lector permanece entretenido, como obnubilado por fuegos de artificio literario).
4. Como novedad nos ofrece un anti héroe, que siendo de alguna forma físicamente desagradable (además padeciendo a lo largo de la novela una especie de "ataques de ronchas" que lo hacen repulsivo) resulta ser para el lector simpático, hasta "entrañable"; además víctima de una trama que ni él mismo entiende (un primo lo involucra en asuntos de narcos -según parece, se trata de narcos: todo es ambigüo, evanescente en esta novela...)
5. Como detrásfondo -me gusta este neologismo, habrá que acuñarlo como neodoblepleonasmo- asistimos a la vida ajetreada de los sucacas, okupas, pakistanos inmigrantes y a los asedios que éstos sufren por parte de las autoridades (lo que me recuerda las hordas de negros cargados de perfumes que se instalaban en las calles de Madrid y Barcelona y que salían huyendo cuando escuchaban la llegada de los policías y que luego se instalaban en otros sitios para seguir vendiendo sus perfumes... Eso fue hace varios años, cuando fui con mi esposa a Barcelona a presentar mi Historia de todas las cosas y sufrí el más delicioso fracaso de mi existencia de escritor: a la presentación en El corte inglés, sólo asistieron tres viejitas y un viejito: dos de ellos se durmieron.
6. No he terminado de leer la novela. Me faltan 70 páginas. Doy mis 220 pesos por bien empleados.
7. El martes a las 9 am en el programa Irradia Radio de Radio Más hablaré sobre No voy a pedirle a nadie que me lea.
8. Una nota final: de alguna forma siento que esta novela de una especie de prolongación de lo escrito por Bryce, Pitol y Bolaño no sólo porque sucede en el mismo escenario sino porque en la obra subyace el mismo espíritu (what ever it means).

Marco Tulio Aguilera

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