Los inicios del proyecto

El siguiente artículo  y los que publicaré a continuación fueron  publicados en SÁBADO  de UNOMÁSUNO hace muchos años, cuando la serie de novelas que he llamado EL LIBRO DE LA VIDA era apenas un proyecto:  hoy las siete obras ya están escritas, cinco han sido publicadas, hay dos inéditas.

Ahora que por fin veo el primero y segundo volumenes de mi El libro de la Vida, titulado Las Noches de Ventura, publicado en México por Editorial Planeta, he decidido hacer una pausa, dar un gran salto y llegar al presente, hablar de mí mismo en primera persona y relatar un poco las circunstancias y los avatares de esta novela que me ha ocupado ya casi diez años de vida. Incurro, pues, en el inefable placer de hablar de mí mismo, como dijera, creo, Ortega y Gasset. No es un misterio que todos los que escriben se describen y revelan a sí mismos incluso en los personajes más distantes de su propia personalidad. Algunas de las personas que ya leyeron Las noches de Ventura han dejado a un lado la literatura para indagar la identidad de los personajes femeninos que allí describo. Otras encuentran ciertas situaciones algo exageradas. Las pocas mujeres que han leído el libro sienten hacia él una atracción morbosa. Y es que la novela es una novela sobre mujeres, y sobre cuáles mujeres puedo yo escribir, si no es sobre las que he conocido e imaginado. Muchas mujeres que me han querido o padecido, si es que me leen, se habrán identificado con uno u otro personaje. De las mujeres han partido críticas y censuras. No olvido a la que se escudó en el pseudónimo de Tantadel Argote y que me estuvo incordiando en varios desolladeros, en general insultantes. Me llamó Gran Can de las Letras, Mono Gramático y se carcajeó de mi trabajo, de mis premios y de mis libros. Dijo que yo era un misógino colado en la neoliteratura rosada. Me calificó de nacote refugiado y sudaca, autor de fotonovelas porno. Nunca supe quién se escudaba bajo el pseudónimo de Tantadel Argote. Me dijeron que era una muchacha de Puebla, que era el mismo Batis, que la hija de uno de mis personajes, que el mismo Marco Tulio, etc. El caso es que la polémica, que acaso recuerden los lectores de Sábado, terminó cuando yo le solicité a Tantadel que me demostrara, con textos, cómo debía tratarse el erotismo y cuando ella calificó mi literatura de "erotismo rosa", después de descalificar a mi persona con adjetivos poco soportables.

La acusación de que soy un escritor de pornografía me ha perseguido, de la misma forma que ha llegado a molestar a mi esposa, a quien frecuentemente acosan. Ella, que ya ha aprendido a vivir conmigo y con mi fama o mala fama, ha desarrollado respuestas para defenderse. Una de ellas es sencillísima: preguntar al ofensor si ha leído aunque sea uno solo de mis libros. Habitualmente quienes me atacan es porque no han leído mis obras y se dejan llevar por una envidia insana y barata. El hecho de que disponga de un espacio fijo en sábado desde hace algunos años es insufrible para muchas personas.

Una compañera de trabajo en la Editorial de la Universidad Veracruzana, Georgina Blanco, es la única mujer que ha leído los siete volúmenes de El libro de la Vida (ahora reducidos a cuatro). Sus observaciones me han servido de mucho.

Entiendo perfectamente a las mujeres que han reaccionado contra mis escritos. Lo que yo intenté hacer en Las Noches de Ventura fue dar una visión lo más completa posible del erotismo desde mi punto de vista y por lo tanto desde mis experiencias y mis lecturas. No se trataba simplemente de describir situaciones enervantes y conflictos entre el protagonista y sus mujeres, sino de comprender las situaciones y hacerlas palpables. La mayor parte de las personas que escriben por necesidad, siguiendo el mandato interior que pregonaba Kafka, lo hacen para comprenderse, para explicar su posición en el mundo, incluso para justificarse. La escritura es una satisfacción solitaria, por lo tanto en cierta forma onanista. Ser leído es como escapar del onanismo y entregarse al amor: compartir la pasión pero también el veneno. Bien dicen que Semen retentum venenum est. De la misma forma, las obras escritas y no publicadas se transforman en veneno que puede echar a perder la vida de un escritor.

En el fondo de las teorías de Freud hay una verdad, que por peligrosa, muchos tornaron caricatura: todo lo que el hombre hace en el mundo, todas sus obras, son semen, pulsión sexual, transformada, sublimada, hecha carne, es decir, objetividad. Esta afirmación, que ha movido a todo tipo de variaciones y tergiversaciones. Leí las obras completas de Freud a los veinte años, como si fueran una larga novela y sin duda ellas me influyeron grandemente, aunque fue poco lo que me quedó en la memoria. Llegué incluso a hacer una especie de pequeño manual de interpretación de los sueños, que fue publicado, en parte, por el desaparecido Instituto de Artes de la Universidad de Nuevo León.

Luego, a manera de aficionado, practiqué el análisis público de los sueños con mis alumnos de Letras (lo que es, sin duda absurdo y muy peligroso, pues siempre se llega a un punto a partir del cual comienzan los desfiladeros de la personalidad, temas que nadie se atreve a hacer públicos).



Marco Tulio Aguilera

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