En Crónica de Quindío: Amores peligrosos

Armenia - Quindío - Colombia Martes 7 de febrero de 2017 

Narraciones memorables 

Aurora Osorio

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Bajo el sugerente título de Cuentos para antes, después y en lugar de hacer el amor (Editorial Universidad Autónoma de Nuevo León), el escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño (Bogotá, 1949) congrega, en esta selección personal de sus mejores cuentos, un vasto conjunto de pasiones y padecimientos producto de las más variadas expresiones del deleite; expresiones y episódicos placeres que fungen como augurio o indicio subrepticio en torno a la voracidad del goce: Nadie sale indemne, el que humedece sus apetitos en este río tumultuoso recibe su cuota de cicatrices y revelaciones. No en vano Aguilera Garramuño se sumerge a fondo en las empresas amatorias de los hombres; rastrea en ellos sus laureles y desaciertos; sin prescindir de los engranajes cotidianos que la animan: síntesis de equívocos y simpatías, de asiduas peregrinaciones en torno a la piel ajena, de fingimientos y protestas. Aspectos que ofrecen un estimado de las incomprensibles sutilezas del amor, de sus frágiles certezas y garantías, sin olvidar a los hábitos malsanos que menguan su savia. De modo que la sutil descripción de dos cuerpos trenzados en maratónicos desahogos, es cultivado por este escritor sin el designio de establecer un registro monocorde en torno a la voluptuosidad o el estricto deleite corpóreo. Hay ocasión para otros matices y pulsaciones: escenas directas e incisivas, que se aproximan a la semilla de las desavenencias y complicaciones de la vida compartida; Paso de baile X, Un matrimonio feliz, y Arrepiéntete, pecador, se prestan como testimonio a la serie de pugnas y desencuentros, producto de la reiterada convivencia y la obstinación por recobrar los ardores inaugurales de los placeres de alcoba. A su vez, otros tintes, más cándidos y desenfadados, conceden una festiva perspectiva en torno a las debilidades del bajo vientre; El humilde Willy en Cuba y El masajito bayamés, dos relatos de vivencias pintorescas e hiperbólicas, ofrecen un panorama de excesos emparentados con un infierno de la lujuria, “un infierno que ni Dante habría imaginado” que no obstante, versa en torno a lo irrisorio y la simpatía por este seductor entrado en años, víctima del imperio de las mujeres, que se sabe al borde de sus últimos alientos sexuales. Pero no sólo la ávida del goce ocupa a este escritor radicado en México desde hace 38 años, a su vez, la rúbrica del fracaso que persigue a un ladrón principiante, o la mutilación de un órgano auditivo, como reproducción parcial a los sacrificios de los antepasados de la raza azteca, ofrecen un registro complejo de las miserias, quebrantos y desaciertos, vinculados con la naturaleza humana. Basados en noticias reales, ambos cuentos: Olor a cuero y El suave olor de la sangre, aluden a la marginalidad, a la anomia; al infortunio y desventura de la que son destinatarios estos personajes. Esta antología narrativa que reúne, bajo concepto de Aguilera Garramuño, los cuentos altamente legibles y recordables de tres de sus obras, (Cuentos para después de hacer el amor, Cuentos para antes de hacer el amor y Cuentos en lugar de hacer el amor) hospeda a su vez, otras tramas llamativas; como la excesiva vanidad de un escritor del postboom que al alcanzar el pináculo de la gloria, gracias a su novela, centrada en el universo femenino, extravía toda posibilidad de contacto íntimo con este género, pues como él mismo apostilla “Para qué quiero una hembra, siendo yo tan famoso”. O, el flechazo olfativo de un mamífero perisodáctilo, en Amor contra natura, que esclarece el aberrante e inverosímil amorío entre rinoceronte y un ente de naturaleza enteramente diversa, que engendran como fruto de su pasión a una criatura merecedora de poblar los volúmenes ilustrados de un bestiario Medieval. Sin olvidar narraciones como La noche de Aquiles y Virgen, que explora los numerosos escarceos y estrategias de la pareja por prolongar y conquistar el sueño feliz del amor satisfecho; por hacerse polvito mutuamente y desterrar de la alcoba los remanentes de una rutina que desbarajusta sus expectativas nocturnas. Juegos de la imaginación, como el relato erótico fantaseado por Aquiles y referido a la expectante Virgen, y las estampas eróticas propuestas por ella, proporcionan el clímax requerido para este cándido propósito. Es preciso resaltar la holgada destreza con que Aguilera, franquea la atención del lector. Le apremia a intervenir con mirada cómplice, adoptando el síntoma del espía referido en “Historia de un orificio”; mención a un impúber indiscreto que se aventura a perforar la pared y descubrir lo sucedido en el lado contrario de su alcoba; (íntimo asedio al estilo del Noboru de Mishima). Al lector, entonces, le corresponde traspasar la superficie del texto y solventar sus inquietudes, abandonarse a esa abertura que le depara señales inadvertidas y “transmutar al arbitrio de luces, sombras y sonidos”. 
                  Por Aurora Osorio 

Marco Tulio Aguilera

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