Alter ego de don Ego

Es obvia y explicable la suposición de que el protagonista de Las noches de Ventura y, por lo tanto, de El libro de la vida sea un alter ego de Marco Tulio Aguilera Garramuño. Pero en este caso no se trata del escritor colombiano residente en México que se dedica a seducir mujeres para escribir sobre ellas, sino de un escritor quintaesenciado, editado, potenciado. No soy yo, por lo tanto, el protagonista, sino un yo idealizado, arrastrado por el esplendor y el cieno de la sinceridad y expuesto como un cadáver a la curiosidad del lector. La novela no es la historia de mi vida, sino la historia de mis fantasías, de mis lecturas, de mis tabajos para escribir, publicar y sobrevivir. Es una novela de formación (habrá quienes digan que es de deformación). Que algunos escritores son particularmente perversos, es un lugar común. Más acertado sería decir que los escritores se atreven a decir lo que los demás solamente se atreven a imaginar. Yo mismo me he definido como un amoroso, aunque otras personas me califican como ingenuo o como una persona que se ha dejado manipular por las mujeres. Los personajes femeninos son fundamentales en El libro de la Vida (sé que ya desde el título mi proyecto suena bíblico, de ambición paranoica y lo asumo con humildad: solamente una persona enfermizamente segura de sí misma se atreve a ponerse como modelo del protagonista de su propia obra o, en palabras de Blake I have always found that the angels have the vanity to speak of themselves as the only wise; this they do with a confident insolence sprouting fron systematic reasoning ). Hay todo tipo de mujeres en Las noches de Ventura, desde Bárbara Blaskowitz, casada, divorciada, enamoradiza, samaritana, pasando por la Princesa de Huamantla, una criatura hecha para la esclavitud del amor, e Iris Moonligth, una Hércules del erotismo femenino. Y entreveradas con ellas, infinidad de entidades de la imaginación, que los lectores de Sábado han ido conociendo a lo largo de los años en que he mantenido esta columna en segunda página: Ranita, Trilce, Svieta Korolenko (la polaca que decía el cuellito, bésame el cuellito). Algunos personajes que los lectores de Sábado conocieron (por ejemplo Donna Maradonna, el elefante marino del amor) ya no aparecen en la novela, pues ésta fue sometida a un severo recorte. De las seiscientas páginas que tenían los volúmenes I y II de El libro de la Vida, sólo quedaron en Las Noches de Ventura, trescientas cincuenta. Me consta que los fragmentos de la novela publicados en Sábado han sido leídos leído en muchas partes, no sólo por intelectuales y escritores, sino por lectores civiles en Campeche, Baja California, Monterrey y hasta en bibliotecas universitarias en Estados Unidos. Algunas personas me han dicho que la lectura de mis textos los hace sentir como amigos míos, como parientes o cómplices. Un hombre me llevó a la Sala Manuel M. Ponce una rosa viva y me dijo, antes de huir, que yo escribía lo que él soñaba. Una mujer, en la presentación de Los grandes y los pequeños amores, quiso arrastrarme al baño, suponiendo que si yo escribía escenas semejantes, estaba en toda la disposición de cumplirlas en la realidad. La verdad es que lo que yo he escrito en estas páginas corresponde a una época ya lejana de mi vida (de 1980 a 1985) y en el instante en que escribo estas líneas mi vida y mi actitud son otras. Ya no concibo el amor como una aventura sino como una Ventura. Ya no como una búsqueda sino como un encuentro. Quienes conocen mi vida actual saben a qué me refiero. Ya no tengo tiempo de perseguir mujeres ni de dejar que me persigan. El tiempo apenas me alcanza para ayudar a levantar mi familia, tener a tiempo y bien La Ciencia y el Hombre, revista que edito para la Universidad Veracruzana y escribir de vez en cuando. El tercer y cuarto volumen de El Libro de la Vida, que aparecerá bajo el título de La insaciabilidad, El libro de la vida II, ya está listo, pero esperaré algún tiempo antes de promover su publicación. Hay que dar espacio a ver qué pasa con el primer volumen. Pronto emprenderé la corrección de La pequeña maestra de violín, El libro de la vida III, que los lectores de Sábado leyeron fragmentariamente. Mientras llega la hora de corregirlo, me estoy preparando. Acabo de leer dos biografías de Pagannini: Nicolo Pagannini and the history of the violin, de F.J. Fetis, quien fuera amigo personal del mayor violinista que ha existido, y Nicolo Pagannini: his life and work, de Stephen Stratton, que es un plagio descarado del primero.

Marco Tulio Aguilera

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