Razones para vivir

En un restaurante al lado de la carretera en Risaralda. Atrás mi hermanito Moris y Noelia,
la peruana bailadora

Mi extraña decisión para el 2017: Comenzar a escribir con todo descaro mis Memorias. Por el momento ya basta de novelas.
También tengo listo en mi "imaginación" para enero un cuento de amor y eros (lo ya típico en MT); además dictaminar un libro, regresar a la natación (espero no haber subido ni un solo kilo en este viaje a Colombia ); también retomar el estudio del violín con la maestra Estela Cuervo.
Lo más importante (y emocionante) en este momento es que mi cabaña ya está casi terminada.
Compré en Colombia una inmensa hamaca que colgaré en mi estudio en la que seré sibaritamente feliz.
En mi regreso a Colombia con Leticia se reafirmaron los lazos de afecto con los hermanos Aguilera Garramuño, cuya estirpe poderosa es evidente.
Encontré una Colombia pujante y esperanzada. Las carreteras que recorrí (cientos de kilómetros por el Valle del Cauca, Risaralda, Quindío) son perfectas y los paisajes impresionantes.
Vale la pena vivir para ver esto. Doy gracias a Dios, aunque frecuente
mente diga no creer en su existencia.
Leticia, mi hermosa, joven, talentosa y voluntariosa esposa, hoy empresaria, escritora y trabajadora de la Universidad Veracruzana, desarrolló un amor apasionado por Colombia.
Todo bien. 
Veracruz debe levantarse tras el huracán Duarte.

Marco Tulio Aguilera

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