Una aventura poco galante en Tuluá

Reproduzco esta narración con sus errores. Fue escrita a vuelapluma hace quizás 15 años.


Antes de viajar rumbo a Palmira, recibo larga llamada de Xalapa. LL dice que ya no tengo familia, que me van a abandonar por andar de vago, que  en Xalapa se me esta sometiendo a un nuevo juicio motivado por el cuento que escribi en el Diario de Xalapa. Resulta que escribi un cuento sobre un hombre muy importante en la comunidad Xalapeña, que ejercia el placer de los machos y que fue asesinado por uno de sus muchachos. La historia, que salio completa, con pelos, señales y salpicaduras de sangre, en el mismo Diario de Xalapa, no escandalizo a nadie. Pero cuando fue publicada como cuento, se formó un comité para expulsarme. LL y soliciono el asunto con facilidad: cuando los del comité fueron a comunicarme el inicio de la campaña en mi contra, les dijo que no perdieran el tiempo: Yo mismo me había echado de la ciuad, ya no vivia en Xalapa, miren, les dijo, hasta tenemos en venta la casa. Ahora ni siquiera sé en que país está. 
          Espero que eso haga desistir a los probos Xalapeños Ilustres de su campáña.
En Tuluá, una de las ciudades más violentas y particulares de Colombia.  Muchisimas motos, bandadas de muchachas hermosas luciendo sus senos como dones, gran actividad y movimiento, visito a mi hermano Mauricio. Por la noche logramos escaparnos para ir a Cueros, un sitio en el que las chicas no tienen más de 17 años.  Yo estaba algo nervioso porque hace ya muchisimos años que no voy a uno de esos sitios. La sesion se inicio con un striptis convencional en torno a una barra plateada. La que bailaba era una criatura de cuerpo perfecto, esbelto, con unos senos breves y hermosos y un rostro candoroso. Nada de gestos obscenos, más bien actuación atlética, casi circense, girando en torno a la barra.  Ningún exceso, pura belleza, diríase que adolescente. 
Moris y yo mirabamos con más interes que emoción erótica o lujuriosa. Bebimos un par de cuartos de ron. Siguió la musica y luego salieron a bailar todas las chicas, aproximadamente quince, casi todas hermosas. Una negra solida. Varias pelinegras, melancólicas. Una de las pelinegras, con falda de cuero que le cubría la cintura y dejaba a la vista sus nalgas perfectas salio a hacer show sola, bailaba con una indiferencia, con un escepticismo tremendo, como si estuviera en otro mundo.
Sin que la hubieramos llamado se acercó a nuesrta mesa la primera chica. Era una rubia, de pelo ensortijado, de una esbeltez bellisima. Se sento con nosotros como si nos hubiera conocido de siglos. Su aroma era muy fresco, limpio, su piel muy agradable. Muy lejos de los humores que imaginaría en una mujer de la vida, en una bailarina atlética.  
Moris insistio en que yo bailara y finalmente lo hice, con las bototas de ingeniero de la fabrica Colombina que me había regalado mi hermano y logré hacerlo con naturalidad, como si en realidad supiera. La verdad, creo, el ron me habia despertado del letargo. Su cuerpo giraba entre mis brazos suavemente, rozándome sin excesos, y la leve excitación no llevaba a ninguna parte ni queria yo que llegara. Hablamos, la olí, la mire directamente a los ojos. No encontre en sus ojos agresividad, ambición, ningua malsana ansiedad. Gustavo le dio 2000 pesos por la pieza y ella los guardó en la bota, una bota alta, blanca. Le pregunte que si se acostaba con todos los hombres que lo solicitaban (los muchachos, los llama ella). Dijo que sí y que no siempre era agradable pero que ese era su trabajo y que debía hacerlo. Debía mandarle a su madre 200 000 pesos semanales y lo hacia con gusto. Dijo estar embarazada de dos meses y conocer al padre pero no estar preocupada, pues ella iba a sobrevivir y a tener su hijo que seria su compañia. 
La rubia estuvo sentada varios minutos y luego se puso de pie y fue hacia la puerta y luego se sentó sola, aislada. Esas escapatorias se reptieron varias veces, lo que me llamo la atención. Le pregunte a Moris la razon y me dijo que Jakelin (tal era su nombre) iba cada rato a darse un “ñatazo”, es decir un pericazo o un golpe de cocacina. (En Colombia se les dice “ñatas” a la nariz”). Solo con el ñatazo Jakelin lograba soportar ese ritmo de estar entre el humo y el escándalo, atendiendo a los muchachos, haciendo shows cada media hora, pues según parece ella es la titular de los shows. La otra es la morena melancólica. 
Hicimos gran amistad con Jakelin, le dejamos varios miles de pesos sin exigirle más que su amistad, su compañía, su perfume. Al convivir con aquella mujer, tan hermosa, tan soberanamente hermosa, que gastaba su vida en un a ciudad violenta perdida en los pliegues de Colombia, supe que veía en ella no a una mujer, sino a la misma Colombia, prostituida, entregada a una vida dificil, sin salida, sin redencion, sin esperanza. Compartí con mi hermano Moris la experiencia de conocer a aquella muchacha de hermosura sublime, de cuerpo perfecto, a la que ni siquiera rozamos con la mala intencion del sexo y a la que le dejamos algunos miles de pesos a cambio solo de conversacion y baile, tan hermosamente bailaba entre nuestros brazos, tan seductora, aparentemente tan alegre, luego se sentaba entre nosotros dos, mimosa y contaba sus historias (Vivia en unos cuartitos de atras con las otras chicas, no recibia sueldo alguno, solamente lo que le dejaran los muchachos. Trabajaba de noche hasta las seis de la mañana con shows, baile con los clientes y si había algun interesado desparecer por una puertita y hacerlo lo mas pronto posible para regresar con 60 0000 pesos mas –que eran negociables, hasta quedar en 30 000- a seguir dando shows, bailando). 
Pero Jakelin sin vulgaridad alguna, no como la otra, la del tatuae en la nalga, que se subia las dos piernas en los sillones y les ponia el coño en la cara a los clientes y alli hacia el golpe del desespero, que era el movimiento acelerado de las nalgas adelante y atrás. Un movimiento que tenia perfecamente controlado Jakelin. Nadie, nadie podia hacerlo a tal velocidad y con tanta gracia, pero no lo hacia en el rostro de los clientes sino en la tarima, como una artista, como la artista que era, que se veia rebajada al papel de puta por las desmedradas circusntancias de la vida. La sonrisa de Jakeiln era bella, no jovial, ni escandalosa , sino con una especie de melancolia. No se permitia la vulgaridad. Era bella, triste, disciplinada, resignada a su vida pero segura de que lograria salir adelante y sacar adelante a su madre. Antes de despedirnos de Jakelin, que estaba hablando con un hombre (posiblemente su hombre) en la puerta, le dimos unos billetes y besos en la frente. Buena suerte Jakelin, que Dios te cuide y te proteja.
Esa loca de mi casa me hizo pensar en uno de esos novelones: abandonar a mi mujer y a mis hijos, venirme a Colombia, sacar a la putica de esa vida y casarme con ella. Tal vez Jaquelin a la luz del día no fuera tan hermosa, tan aparentemente casta, pero la magia de la semipenumbra y los tragos nos hizo ver la visión de esa rosa entre el fango, tan de Vargas Vila.
Tulúa es una ciudad deliciosa. Las mujeres son, en palabras del administrador del ajedrez del parque, un lujo. Muy bellas, muy generosas, basta que asome el sol para que ellas quieran mostrar las mas hermosas tetas de que se tenga memoria. Multitudes en bicis y en motos discurren por el centro de las calles, estorbando, y no se apartan al paso de los autos. Parece que todo Tulúa se dedica a pasear. En el parque, con hermosos y altos arboles, hay monos diminutos, iguanas y había un perezoso, que murió justamente el día de mi visita. No había quien lo alimentara. Ahí estaba tirado en el pasto en el centro del corro, muriendo: acababa de caer de un árbol por fisica debilidad y, como dijo un parquímano “se le reventaron sus pelotitas al perezoso”. ¿De que murió? Preguntan y responden 1. De pereza, 2 de un momento a otro. Un curioso sugiere que hagan empanadas de perezoso, son muy ricas. Otro, indignado, dice que es un sacrilegio: el perezoso fue un personaje muy importante en Tulúa durante muchos años.
Por la mañana fui con los hijos de Moris al Rio Frío, un hermoso río que baja velozmente entre piedras y cañadas y macizos de bambú.(El Valle del Cauca en épocas prehistoricas según parece estuvo completamente cubierto por bambú). Mi sobrino Marco Antonio  y yo remontamos la corriente hasta el sitio donde se juntan dos ríos, allí nos echamos la bendición y nos entregamos a la corriente, a los rápidos, a los remansos, a las pequeñas cascadas. Llegamos abajo vapuleados pero felices, llenos de energía. Todavía hay agua clara en el mundo y las dichas de infancia son posibles. Repetí a los 50 años (hace 17 años) uno de los más grandes deleites de mi infancia: remontar un río casi hasta su nacimiento, luego bajar nadando, atreviéndome a todos los riesgos. Dios me cuida. He hecho tantas barbaridades en la vida que una más no aumenta la pena. Lety dice que esta escribiendo un libro en el que registra todas las locuras y barbaridades que he hecho.

Este pueblo colombiano es invulnerable: entre las balas, la sangre y la muerte, sigue divirtiéndose y es feliz, el paisaje es bello, la gente agradable, la tierra rica: da para todos: guerrilla, paramilitares ejercito, policía, gente civil. Buenas carreteras, progreso sorprendente en muchas partes, miseria, todo coexiste en este país al que algún dia llegara la paz. Mientras tanto la gente sobrevive y baila. Toma aguardiente y a veces incluso es feliz.

Marco Tulio Aguilera

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