Reglas básicas para escribir una novela

La revista nicaragüense ALtanto se tomó el trabajo de sacar algunas conclusiones a partir de algunas conferencias sobre el oficio de escribir novelas. Helas aquí:
Los aforismos que se reúnen aquí fueron tomados de conferencias dictadas por Marco Tulio Aguilera Garramuño (Bogotá, 1949) a lo largo de dos décadas (1990-2010). Si se quiere consultar alguna, sería conveniente que le den clic a esto:http://mistercolombias.blogspot.com/

  1. Cuando uno escribe una novela tiene que afrontar varias decisiones muy graves, de las cuales depende el éxito o el fracaso de la obra. Una de ellas, quizá la más importante, es la selección del narrador o los narradores. La pregunta básica sería: ¿Quién cuenta la historia? Otras preguntas serían: ¿Desde qué perspectiva temporal se cuenta? ¿Desde el futuro, cuando lo que se cuenta es pasado; de forma contemporánea, es decir, cuando se va contando a medida que las cosas van sucediendo; desde el pasado, inventando lo que va a suceder, etc.?
  1. También es importante trabajar el estilo de forma tan minuciosa que uno pueda pasar varias horas en una sola página, buscando las palabras adecuadas. Tanto tiempo pasar sentado ante la computadora, que sea necesario inventar una mesa alta, como un atril, para escribir de pie, pues luego vienen los dolores en las rodillas.
  1. Para escribir novelas tengamos pretensiones —o más bien juegos— de orden científico: hagamos tablas estadísticas de frecuencia para medir la aparición dosificada de los personajes, tracemos gráficas de la longitud de los fragmentos, elaboremos esquemas sobre los diversos ingredientes de la receta literaria (lo épico, lo cómico, lo dramático, lo cursi…)
  1. La estructura debe ser fragmentaria y la fragmentación tener nuevos fragmentos. Es decir, cuando hay una historia larga e interesante, se corta, para dar paso a otras, y luego la primera historia se reanuda, luego la segunda y luego la tercera, con lo que se va creando un tejido bastante intrincado de relatos.
  1. La palabra “tejido” es muy importante cuando se habla de novelas: el novelista tiene los hilos —a veces abundantes— en las manos, y no debe permitir que se le enreden, debe buscar que haya una simetría, una armonía, una música de fondo. Hay hilos argumentales, hilos temporales, hilos estilísticos, hilos estructurales, que deben tejerse con minuciosidad. Lo ideal del tejido novelístico sería encontrar una textura como la de la seda: que resbale entre las manos, que acaricie, que arrope, que seduzca, que se convierta en espacio habitable, amable.
  1. ¿Qué ganamos o qué perdemos de la primera a la segunda novela? No sé. Creo que toda pérdida es ganancia y que no hay experiencia que no tenga valor.
  1. Aquí tenemos una definición provisional de lo que podría ser una novela: el intento de recuperar algo que hemos perdido o el deseo de crear algo que añoramos. Una prueba de ello es el título de la obra maestra de Proust: En busca del tiempo perdido.
  1. Queremos inventar nuestra propia love story pero no deseamos repetir lo que ya se ha hecho, aunque tampoco queremos desaprovechar las experiencias pasadas. De modo que una vez que escribimos la historia básica, nos damos a la tarea de leer todo lo que hallamos sobre el amor: Romeo y Julieta, El Banquete, El Cantar de los cantares, Dafnis y Cleo, Mujeres enamoradas, El amante de Lady Chatterley, todo Henry Miller. A manera de collage introducimos escenas casi textuales de esas obras, diluyéndolas de tal manera, que parezcan partes de nuestra novela. También esbozamos una teoría general sobre el amor y el erotismo.
  1. No se trata, entonces, de contar simplemente una historia, sino de buscarle un sentido, una trascendencia: ¿qué es el amor, qué es el erotismo, qué son las mujeres, qué buscan, cómo se comportan? En la medida en que los lectores compartan estas curiosidades y sientan que el novelista está dando respuestas, sentirán que la novela es de ellos, que el novelista está contando una historia conocida que puede iluminar sus propias vidas.
  1. Por desgracia las novelas están estrechamente vinculadas a la situación económica del país en que salen publicadas: si el país está en crisis, la novela está en crisis. Si la novela no dispone de un aparato publicitario que la apoye, corre el riesgo de permanecer en bodega. Pero las novelas tienen sus misterios y de pronto salen de la oscuridad y comienzan a venderse y a tener lectores.
  1. La mayor parte de las personas que escriben por necesidad, siguiendo el mandato interior que pregonaba Kafka, lo hacen para comprenderse, para explicar su posición en el mundo, incluso para justificarse. La escritura es una satisfacción solitaria, por lo tanto en cierta forma onanista. Ser leído es como escapar del onanismo y entregarse al amor: compartir la pasión pero también el veneno. De la misma forma, las obras escritas y no publicadas se transforman en veneno que puede echar a perder la vida de un escritor.
  1. Cuando uno desde chiquito se soñó Cervantes no tiene otra alternativa que hacerse ilusiones y trabajar para estar a la altura de sus sueños. El proyecto de escribir una serie de libros es tan absurdo, tan optimista, como la idea de que éstos se venderán abundantemente. Sólo siendo un irredimible optimista se puede persistir en la profesión del escritor en estos tiempos de penuria.
  1. La idea de que una buena novela debe captar el espíritu de su tiempo la entiendo de la siguiente manera: lo que importa son los efectos de las circunstancias sobre los personajes, más que las circunstancias mismas.
  1. Uno va escribiendo como el navegante del barco de la vida, entre las brumas del tiempo, a veces ve islotes, en ocasiones continentes, frecuentemente sufre alucinaciones y descubre que todo es falso y todo verdadero, que todo importa y todo carece de importancia, que el camino vale tanto como la llegada. Tal vez la razón del arte sea recuperar los islotes de la memoria, los instantes memorables, para hacerlos habitables, para ofrecerlos al lector, al espectador. Somos criaturas de un día, pero con el privilegio de la memoria y la ventaja de la conciencia. Las novelas son el resultado de una larga vigilia en busca de esos islotes de la memoria, de esos continentes de la naturaleza humana. Cada novelista descubre y crea sus territorios, les da habitantes, una geografía, unas leyes, e invita a los lectores a visitar su territorio.
  1. El novelista es una persona a la que no le basta con una vida. Es un ser elevado a una segunda potencia por arte de su imaginación y su soberana paciencia.

Marco Tulio Aguilera

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