Carta abierta a un gran novelista

Carta abierta a un gran escritor
Gustavo Arango:
Son las dos de la mañana. Después de nadar –mi lucha cotidiana por conservar la cordura-  dormí tres horas. Me acometió el terror al insomnio y lo primero que hice fue asomarme a la  ventana –está lloviendo, una brisa fresca limpia  el aire de mi estudio en Xalapa- luego volver a acostarme y tomar tu novela, Morir en SriLanka.  He disfrutado cada palabra de las 180 páginas que he leído. Me faltan 220 páginas. Ya temo el día en que se acabe el encantamiento en que me tiene tu novela. En ella encuentro todos los libros que he leído y todas las películas que  he visto. Encuentro toda mi vida: mis mujeres, mis años en Estados Unidos, mis encuentros con Chiroloco, nuestro Gabo; encuentro mis desesperaciones, mis esclavitudes. He encontrado argumentos que escribí en mis pasadas novelas (argumentos idénticos), he encontrado sueños que he vivido. No me has copiado, estoy seguro, has vivido lo  mismo que yo. Qué gran novela, te digo sin reparo alguno: ahí está Joyce, su truculencia, su poesía, su megalomanía, sus nimias perversidades y descubrimientos, sus atrevimientos verbales, están Onetti y Borges, Cervantes y todos los que lo merecen. Es un libro escrito para mí y para este momento de mi vida. Supongo que tú pagaste la edición: ningún editor se atrevería hoy a publicar  semejante monstruosidad. Casi 500 páginas de la incoherencia más coherente que se pueda imaginar. No sé si recibirás el reconocimiento que esta obra de arte merece, pero eso en realidad no  importa. Chiroloco tuvo un ojo diestro para escoger a sus amigos y a sus discípulos. Lástima que Gabo no haya podido leer tu novela. Me gustaría haber sido el primero en reconocer el tamaño de tu obra.
Con toda mi admiración

Marco Tulio

Marco Tulio Aguilera

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