Apuntes sobre la novela BREVE HISTORIA DE TODAS LAS COSAS, del escritor Marco Tulio Aguilera.


Eric Conde. Lic. en Filología Universidad Central Marta Abreu, Cuba.


La novela “Breve Historia de Todas las Cosas”, de Aguilera Garramuño, permanecerá como un hito propicio en la literatura generaleña por tres razones capitales:
1-    Hizo de las miserias de un pueblo un protagonista cabal y rampante.
2-    Sitúa la acción de su libro bajo un signo viejo y nuevo en el repertorio humano y en la oralidad mítica, el signo de la fatalidad.
3-    Por estas y otras técnicas narrativas valiosas, Aguilera recibe el Premio Aquileo J. Echeverría de novela en 1975. El solo hecho que un libro escrito desde Pérez Zeledón y sobre Pérez Zeledón gane el Premio Nacional de Cultura, coloca el texto en un sitial de honor en el contexto Isidrogeneraleño.

EL NARRADOR

Empezamos por el narrador, el personaje más importante de todas las novelas; tomando como punto de partida el excelente artículo publicado por ÁNCORA el 2 de noviembre del 2008, el crítico Alexander Sánchez nos dice que: “El narrador de Aguilera se identifica como Mateo Albán, preso por más de veinte años, casi que por decisión propia en la decrépita cárcel de San Isidro” (p.3)
El Historiador-literato es un cronista de la miseria humana y de la doble moral que predominaba entonces y que persiste todavía en Pérez Zeledón.
El libro está lleno de símbolos y de mitos locales que son difíciles de codificar para un lector ajeno al contexto isidrogeneraleño. La mediocridad  de los personajes, sus obsesiones locales y sus sueños rotos, funcionan en la novela a manera de leit motiv y refuerza lo que a mi juicio es el gran valor del texto, el acertado manejo de la ironía.
Mateo Albán es un historiador excepcional de las miserias humanas y de la mala suerte, no tiene lástima de sus personajes, ni de su desesperación, ni de su desamparo y en consecuencia los describe en sus frustraciones y penurias:
… su madre salió blandiendo un alambre de púas y lo persiguió hasta la Escuela 12 de Marzo,  gritándole desconsiderado y mal parido, no ves la docena de chavalos que tengo y todavía querés seguir mamando,  andá que te alimente el hijo de perra de tu padre, que ese si tiene donde miar y déjame vivir el paz; si corré, corré pata-de-buey-mocho, culosucio, lamecaños… (p.64)
Nótese que la señora persigue a su propio hijo, que todavía es un niño pequeño, que lo llama desconsiderado por demandar un poco de amor de quien lo parió y que encima de eso culpa al niño por el montón de hijos que ella tiene con diferentes hombres en la letanía de los días y  del propio acto de ejercer ella el oficio de la prostitución, del que depende para vivir.
El narrador logra convertir el telurismo provinciano de un pueblo de pesadillas en una cotidianeidad surrealista a partir de una fabulación plástica y demencial que le da a su historia un carácter de epopeya donde no se trazan líneas divisorias entre lo objetivo y lo subjetivo.
… y así siguió gritando hasta que el Palomo desapareció tragado por las casas aburridas… Al día siguiente Palomo estuvo en la oficina de Robustiano y renovó su solicitud, y al otro, y al otro del otro, hasta que el Padre de todas las Putas reconoció que si era tan terco, necesariamente debía ser hijo suyo. (p.64)
El narrador presidiario es verosímil y certero porque no tiene miedo, ni partido político, ni trabajo, ni casa, ni familia, ni nada que perder, y por estas razones está por encima de los personajes, de las argollas, estructuras políticas o sociales y aún de su momento histórico porque flota en una nebulosa de ilusión que no se somete a ningún tiempo ni lugar del universo. “…ya el público estaba siguiendo el vuelo de las golondrinas que anidaban y ensuciaban los aleros…las mismas golondrinas que el Padre Coto rabiosamente mataba a tiros desde el parque”. (p.29)
Todavía hoy 33 años después de escribirse esta saga, son pocos los escritores en este país que se atreven a criticar a la Iglesia Católica y mucho menos a un sacerdote prestigiosísimo como Coto, y por la misma razón también los libros que producimos tienen un alcance menor que La Breve Historia… de Garramuño, porque como no podemos quedarle mal al Presidente, o al ministro o al diputado, al gerente de la empresa o a la Iglesia, le quedamos mal a la propia historia que estamos escribiendo, porque lo que se gana en <quedar bien> se pierde en asombro y en calidad de la fábula literaria.
No faltan en la novela trozos surrealistas que alcanzan un nivel altísimo de creación: “… las golondrinas como aves agoreras dejaban caer alegremente sus porquerías sobre los devotos”. (p.29)
Veamos otro ejemplo cuando el alcalde Eutifrón termina su discurso: “Los aplausos eran más porque hubiera terminado, que por el entusiasmo de la gente, que ya tenía achicharrado el cerebro” (p.30)
El manejo del surrealismo es excepcional y recorre la obra de principio a fin. En lo personal me conmueve en gran manera el personaje Bladimiro que fue un negro laborioso hasta un día en que trabajando en el Cerro de la Muerte, durante la construcción de la Carretera Interamericana, saltó una esquirla de acero y se le clavó en la rodilla, en el hospital le hacen un mal trabajo y la compañía no le paga la incapacidad, pasando de esta manera a la plantilla de los mendigos del pueblo.
La mujer murió. Bladimiro la enterró con las uñas en el patio. A veces algún vecino lo visitaba y él hablando con una hebra de voz, le decía sarcásticamente que su profesión actual era el cultivo de la flacura. (p.2002)
Aunque su esposa fue enterrada en el patio como se entierra a un perrito, el cadáver de Bladimiro tuvo peor suerte, pues fue literalmente tirado a la basura.
Eso perjudica y da mala imagen a la ciudad, había dicho el alcalde a la vez que les deslizaba veinte pesos en los bolsillos, pero eso sí chitón, que no lo sepa nadie, absolutamente nadie. Todavía cuando iban saliendo al frente del matadero estaban indecisos: recoger muertos y tirarlos a la basura así como así tenía que ser de mal agüero, pero donde está la mosca ahí uno se enrosca, se dijeron, y de más mal agüero era no tener qué comer. (p.207)
En el párrafo siguiente el surrealismo se transforma en tremendismo y por momentos nos recuerda a García Márquez.
Se pusieron cada uno un pañuelo sobre la nariz, se echaron la bendición y tomaron el cuerpo, uno por los pies y otro por las axilas. ¡Diablos, cómo pesan los pobres! ...A la una, a las dos y a las tres, el impulso no bastó para que el fardo cayera sobre la volqueta, golpeó contra el borde y se derrumbó de cabeza en medio de la calle. Sonó como si hubieran dejado caer un millón de campanitas de plata sobre el piso de la Catedral. Las monedas salieron rodando en todas las direcciones como un hormiguero alborotado, hacia el almacén La Grandeza, chocando y devolviéndose en los bordes de las aceras, corriendo paralelas, rodando hasta el parque, cayendo en las alcantarillas, contraponiéndose, dando la vuelta a la esquina y encaminándose al Restaurante de los Camioneros. (p.208)
Hay momentos en que la descripción se logra por el efecto del espejo. Es decir poniendo la historia frente a otra historia que funcione como tropo o antítesis para hacerla más visible al lector.
… sin embargo parece que sucedió lo que a veces sucede en los desiertos cuando un obstáculo se opone al viento, la arena se va acumulando hasta formar grandes montañas y gigantescas depresiones que conservan la humedad. Primero debió ser una acumulación desordenada de casuchas donde vivían soñadores que se alimentaban del viento y los recuerdos, sin noticias del resto del mundo… (p.34)
La amarga ironía del libro no es sutil, sino esperpéntica, el narrador pasa una y otra vez por el pueblo con su espejo, pero la imagen que nos devuelve está deformada por el delirio de sus hipérboles porque su cristal es cóncavo y más que figuras nos ofrece caricaturas; lo cual requiere de una estética y de una elaboración artística más depurada, que el simple hecho de contar la realidad tal cual, para lo que no habría falta ser escritor ni poeta. Los recursos más usados por Aguilera para lograr este efecto son el esperpento y el tremendismo, sin embargo en menor escala hace uso también del juego de palabras. Veamos este ejemplo: “El poeta tenía una mujer tan pequeña que cuando se les veía a lo lejos caminar juntos parecía que llevara una sombrilla floreada colgando del brazo. Ella a pesar de ser “liliputa” también era artista en las funciones del liceo”. (p.56)
Nótese que el uso correcto del término <liliputa> sería “liliputiense”, que significa pequeñita, tomando como referencia la obra “GULLIVER EN EL PAIS DE LOS ENANOS”, (de los liliputienses), de Jonathan Swif. De modo que <liliputa> bajo los códigos satíricos de la novela podría traducirse como puta pequeñísima.
Veamos otros ejemplos ingeniosos de juegos de palabras: “…todo aquel mundo genial de que se rodeaba y que había aprisionado al muchacho se diluyó como un sueño soñado en un sueño”. (p.211)
“Ahora estamos en igualdad de condiciones, le dijo, yo soy horrible a pesar de mi vanidad y vos sos horrible a causa de tu vanidad”. (p.338)
En algunos casos el juego de palabras se logra a partir de la figura del retruécano como puede comprobarse al final de esta cita:
… las tumbas de los vivos y la vida de los muertos, los animales de mentira y los juguetes de verdad, el tic-tac de los relojes detenidos, las plumas del Ave María y los cimientos de las estrellas, el no de los presidentes y el sí de los cancilleres, los cantos nacionales, los mapas de nuestros sueños y los sueños de nuestros mapas. (p.189)
En ocasiones el narrador Mateo Albán le sede la palabra a un narrador omnisciente que hace correcciones a la historia o aclaraciones al Historiador-literato: “Mateo Albán llegó a este punto de la escritura del capítulo y tuvo que detenerse, primero porque las disputas entre los convictos no lo dejaban concentrarse y segundo porque el calor era insoportable”. (p.119)

EL ESTILO
El estilo de la novela está marcado por el trascendentalismo de lo insólito y una gran capacidad del autor para encontrar el tremendismo de lo cotidiano y penetrar en los laberintos de la doble moral y la apariencia externa. En el San Isidro de Aguilera, los paisajes no existen, sólo pueden verse a través de una nebulosa de polvo rojo y de congoja.
En la acción del libro se presenta un desfile de personajes esperpénticos y patéticos que corren irremediablemente hacia las desdichas y la mala suerte. No hay en la obra una profundización en la psicología ni en los caracteres de los personajes, sin embargo la novela se sostiene por la presencia de una ironía aplastante y un humor riquísimo heredado de la picaresca española.
Trató de quitarse los recuerdos de la cabeza, pensó en la Sietecolores, en la primera ocasión que entró al Bar Tico y lo que allí se vio a través de las grietas de un cuarto destartalado era un viejo borracho cabalgando y una mujer gritándole rápido, rápido, se debatía como una serpiente sobre brasas, el hombre a cada sacudida se llevaba la mano a la cabeza para sostener un sombrero de equilibrio inestable mientras con la otra mano intentaba lo que pretendía ser una caricia. (p.235)
Este viejo borracho que hace el amor con el sombrero puesto, es de una barbarie, una plasticidad y un humor negro genial (todos a la vez) y nos da un cuadro que sólo puede ofrecer quien sea un verdadero maestro del arte de contar historias, más cercano al narrador oral mítico que al ilustrado autor, pero siempre magnífico.
A veces las soluciones pragmáticas o maquiavélicas y manipuladoras que dan los personajes son aplastantes: “Los intelectuales supieron que habían encontrado un tesoro en Californio, le agregaron el Simple y lo metieron dentro de sus planes”. (p.264)
Por supuesto, que este humor riquísimo que a menudo se desborda y llega al sarcasmo, deviene en una estrategia a partir de la cual el autor manipula a los lectores por medio de sus personajes estrafalarios y verosímiles, ese es su método artístico, su estilo, su manera de asombrar y magnetizar. El punto de vista, la perspectiva desde la cual Aguilera nos está presentando la fábula literaria.
Dentro de esta manera de contar que pasa con una naturalidad asombrosa del humor a la ironía, se traduce una filosofía profundísima de la vida que desnuda la mediocridad y la superficialidad de muchísima gente, porque como dice Mateo Albán: “Definitivamente no había que buscar mucho para hallar lo insólito: lo insólito era el ser humano, y lo peor de todo es que hacía mucho el hombre se había acostumbrado a sí mismo y ya no se asustaba”. (p.218)
En el libro también está presente la crítica social, sobre todo en torno a la compañía norteamericana ALCOA que trajo innumerables protestas populares en San Isidro de El General.
Se formaron los partidos y la lucha se hizo más fuerte porque los de la Plaza del Mercado y los carniceros se unieron con los estudiantes para apedrear las casas de los que querían la entrada de Alcoa. (p.193)
Oscar Lopera y doña Paulina, las Fernández, don Eutifrón, el Padre Coto y todo el barrio de abajo no entendían las razones para tanto alboroto. Ellos conocían al personero de la Alcoa y les parecía el hombre más simpático del mundo. El mismo Obispo lo afirmaba, decía que como Mister Pinki había  pocas personas y lo decía con fundamentos, pues eran vecinos desde hacía tres años cuando el gringo con su esposa, la cubana suave como una melcocha, y con el perrito salchicha que era un primor, construyeron una Villa rodeada de prados y allí vivían jugando canasta tranquilos y sin molestar a nadie. (p.193)

La ironía es evidente, ellos vivían en su torre de marfil, en el Paraíso en la tierra, ajenos a las miserias de los pobres de San Isidro y más allá, y a los mendigos que se morían de hambre tirados en las aceras de los comercios del pueblo .
El poeta cubano José Martí dijo que los hombres no podían ser más perfectos que el sol y que aún el sol, tenía luz y poseía manchas, y dijo que los agradecidos hablaban de la luz y los desagradecidos de las manchas. Las obras literarias también poseen virtudes extraordinarias y aspectos que pudieran mejorarse o que pudieran ser señalados por la crítica. En este caso y desde mi punto de vista personalísimo la trama de la obra se diluye por falta de síntesis artística, prestándose a confusión algunas historias o personajes y perdiéndose en consecuencia intensidad dramática. En fin creo que la fábula literaria se pudo haber contado en unas 150 páginas, la novela tiene 270.
A menudo la crítica literaria peca por dos defectos: tiende a ser muy laudativa, donde sólo se tiran flores al autor, o tiende a ser un veneno obsesivo carente de todo rigor científico, que no reconoce ningún valor a la obra. La causa de estos extremos por lo general obedece al desconocimiento del crítico en teoría literaria, narratología y los principios básicos de la lírica.
Sin duda “BREVE HISTORIA DE TODAS LAS COSAS”, es una buena novela, que aunque se sitúa en un pueblo de provincia acosado por el estropicio y el polvo, las amargas vivencias de sus personajes “atrapados en sus íntimas y ridículas aspiraciones”, se pluralizan en una historia original que se universaliza por el buen manejo de la fábula literaria y alcanza la atemporalidad.
El padre en sus sermones seguía siendo muy reservado, pegado a la letra del Evangelio, tremenda y artificialmente moralista, no fornicarás, decía con su voz cargada de presagios y miraba a Don Danilo, quien en pleno centro de la nave se rascaba el trasero con una mano de madera… (p.152)
Uno de los recursos más empleados por el autor es la llamada descripción cinematográfica donde el narrador va pasando su cámara implacable sobre el escenario. En este caso se introduce dentro de la descripción citada, la ruptura de sistemas con un manejo excepcional que integra ambas técnicas literarias. Se abre el telón: “Era un jolgorio ver a las reinas de belleza de diez municipios, a los ministros invitados, senadores solidarios, diputados, concejales, correveidiles, lagartos paracaidistas, damas grises, caballeros del santo sepulcro, del manto sagrado, de la orden de calatrava…” (p.122)
Otro de los elementos a los que recurre Aguilera, es el uso del contraste. En este ejemplo se logra además la armonía y la musicalidad del discurso. “La profesora tenía siete muchachos grandotes y narizones que se entretenían embarazando a todas las sirvientas, y una niña paliducha y bonita con pelo de paja, dos perros chihuahua y un automóvil tan largo que parecía un tren”. (p.166)
Nótese que la asonancia (a-a) y los apoyos acentuales le dan un tono lírico y de equilibrio a este pequeño fragmento.
Aguilera logra captar la sabiduría popular y la pone en boca del Historiador- literato para darle un matiz de credibilidad y verosimilitud a la letanía de su discurso. “… se había convertido en un vario orador que siempre decía lo mismo y por esta igual razón nunca se equivocaba”. (p.29)

LA ESTRUCTURA
La novela consta de 270 páginas y se divide en 25 capítulos. Los cuales no siguen una secuencia lineal, sino a manera de flashchazos de fotógrafo, donde es el lector quien debe ir construyendo la historia. Por la misma razón el libro rompe el modelo tradicional narrativo de introducción, desarrollo y cierre (este modelo comienza a caducar con el boom de los años 50).
Como se dijo, el lector debe ir reconstruyendo la historia a partir de la letanía y pesadilla de Mateo Albán, quedando desconcertado o perdido en algunas ocasiones, creemos que este problema se hubiese resuelto si Marco Tulio hubiese utilizado la Relativización del narrador, técnica empleada por William Faulkner en “Mientras Agonizo”, y consiste en que fuera dando la palabra a otros personajes como El Mil-Lenguas, la Raboflojo, el Cananeo, el Mico, Carelapa… para que fueran dando su propia versión de los hechos. Claro no se debe olvidar que esta es una novela de 1975 y no se le deben pedir técnicas depuradas que usamos hoy en los 2000. También es una novela de los años mozos de Aguilera, autor que con los años y la experiencia ha alcanzado un oficio realmente envidiable en el manejo de la escritura y de la novelística en particular.

Otro elemento notorio a destacar es que los títulos de los capítulos están construidos siguiendo el modelo de la Novela Picaresca Española de 1600, específicamente, “El Guzmán de Alfarache” y “El Lazarillo de Tormes”.

Marco Tulio Aguilera

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