Sobre Autobiografía póstuma de Luis Zapata

El amor sin amor, la vanidad y la intrascendencia, la gloria y el abismo de Luis Zapata

El escritor Zenobio Zamudio, ya muerto, relata de manera ligera, jocosa, nostálgica, episódica, melódica, cinematográfica, bucólica, escatológica y paradójicamente perfectamente inocente y natural, la historia de su vida en la que el cine y la literatura jugaron un papel fundamental, así como los hombres –o más bien la vergas, así las llama con natural desenfado, las vergas, a las que hace un canto que hace pensar no en los órganos sexuales masculinos sino las hojas de hierba de Walt Whitman.
Al principio de la novela —llamémosla provisionalmente novela—el narrador sienta las bases de su filosofía de la vida: Zenobio Zamudio abomina del pueblo bicicletero en el que le tocó nacer: San Mateo del Río, un pueblo miserable en el que no hay nada, pero absolutamente nada que eleve a los seres humanos sobre el nivel terrestre y polvoroso de tantos miles de pueblos miserables de México, donde la vida, literalmente no vale nada.
No hallo forma de clasificar esta obra. ¿Qué es? ¿Autobiografía soterrada? ¿drama íntimo en tono de parodia? ¿novela descarada? ¿inventario de vergas, de películas, de hombres desnudos, de libros leídos y escritos? ¿de éxitos y fracasos? ¿balance de vida? La verdad es que intentar clasificar esta obra es difícil y además ocioso. Básicamente es una obra de lectura agradable en la que se sigue la evolución de un escritor y la trayectoria íntima de un hombre al que le gustan los hombres.
Se cuenta hasta lo inconfesable sin los misterios propios de las iniciaciones rituales, sin poesía alguna y sin misticismo. Dice: …creo que la putería fue un eficaz antídoto contra la cursilería: siempre deseé el sexo; nunca el amor y las lágrimas. Lo que nos lleva a entender que hay un intento de establecer los límites de la relación homosexual —por lo menos de la relación homosexual de Zenobio Zamudio— en un ámbito más más genital que romántico y mistificador.
Se ha hablado de la “literatura homosexual”, se han hecho antologías de cuento homosexual y hay quienes se han especializado en el tema, caso del firmante del texto de la contraportada, Mario Muñoz. De alguna manera se han  creado guetos, corrillos, concilíabulos, complicidades entre los que cultivan este territorio. Y en México es Luis Zapata uno de los epígonos al que se le rinde culto como precursor, particularmente a partir de  la publicación de  El vampiro de la Colonia Roma¸ que al decir de José Joaquín Blanco “no ha dejado de funcionar un solo día de los treinta años de su existencia: leído, releído, chismorreado, recordado, discutido, exaltado, vilipendiado,  es un logo cultural duro, evidente, irrefutable”.
Leí esa novela en su primera edición hace quizás los treinta años y he de decir que no la he olvidado, como he olvidado infinidad de novelas, diría que la mayoría.
Regresemos a Autobiografía póstuma. Los tiempos que narra Luis Zapata en esta obra son los del México que hoy se antoja idílico: tiempos en que se cogía al por mayor, se podía viajar sin miedo y hasta se podía progresar. Hoy solo los viejos tienen trabajo y etcétera: el monstruo está allá afuera y todos podemos verlo.
El periodo de vida de Zenobio Zamudio en su pueblo natal, San Mateo del Río, está marcado por las limitaciones culturales,  la miseria  y el onanismo, como exclusiva práctica sexual; la etapa de vida en el DF, adonde llega a estudiar letras hispánicas, se caracteriza por a una activa vida cultural y una desbocada sexualidad homoerótica.
Algo que me agrada en esta ¿novela? es la cercanía cariñosa del narrador con sus lectores. Con frecuencia los alude así: “mis p. aunque f. l.”; lo que interpreto como “mis putos aunque fieles lectores”, o “mis pinches aunque fieles lectores”, o “mis preciados aunque fieles lectores”.
El capítulo 5 se ocupa de anotar, reseñar, justificar y reproducir partes de las obras de Zenobio Zamudio. Incluye varios poemas y aforismos, algunos poco afortunados y otros perspicaces. Además se cuenta el argumento de una novela bastante interesante. En general Zenobio se celebra y considera insuficiente la atención que se le ha prestado. Zenobio Zamudio se considera un gran escritor, como la mayoría de los escritores, por mediocres que sean (o seamos), aunque reconoce su estatura modesta frente a los genios.
Me parece que Autobiografía póstuma  flaquea o languidece en el capítulo 5, donde Zenobio Zamudio se autocelebra; sin embargo se recupera con un segundo aire en las páginas finales, en las que el escritor hace un balance final de su propia vida. Balance que hace desde la soledad, la miseria material, la gordura, la vejez, la inutilidad, la falta de amor y sobre todo, la depresión. Las finales páginas son en verdad conmovedoras, sensatas, en ellas se emiten verdades, grandes verdades, verdades trascendentales, ya sin la levedad y el vigor de la juventud y la madurez, sino con la sensación de que en últimas todo vale nada si al fin terminará en cenizas, como terminaron en cenizas Cervantes y Shakespeare, Rimbaud y el más mediocre de los escritores:  todos a una, al hueco.
Lo que queda será la obra. Y el escritor marginado, Zenobio Zamudio, todos los Zenobios Zamudios del mundo, no terminarán por saber si valió la pena y lo que quedará  de ellos será solamente olvido y libros refundidos en el fondo de las inmensas hordas muertas de libros que tragarán polvo y serán devorados por las termitas y las bacterias.
No sé qué tanto tenga esta obra de balance personal, de ajuste de cuentas real, de la vida de Zapata. Eso podría determinarlo un especialista en su obra, no yo.

Marco Tulio Aguilera

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