Dios sí juega a los dados, de Óscar de la Borbolla

Hace muchos años Germán Vargas, uno de los sabios que aparecen en  Cien años de soledad, escribió una frase memorable y algo excesiva, al referirse a mi libro  Cuentos para después de hacer el amor:  “Este es sin duda uno de los libros más regocijantes de la literatura colombiana”.  Me parece que la afirmación se ajusta con mayor propiedad al libro de cuentos  Dios sí juega a los dados del mexicano Óscar de la Borbolla.
De sus cuentos destaco “Retrato sin misoginia”, auténtica obra maestra de ingenio. Refiriéndose a una mujer dice:
Era la pura extraordinaria cáscara, la belleza sin fondo: un delgado antifaz de maquillaje suspendido en el aire, un poco de vacío vestido  a la  moda y unas medias de transparente nailon. Usaba la cabeza como sombrero, sin más función que dar un toque de equilibrio a los hombros. A veces, el zumbido de la mosca se apoderaba de su pensamiento y, al entreabrir los labios anchos, carnosos y encendidos, se le salía una sílaba silbante…
Veo en el trasfondo de este párrafo a Quevedo y a Arreola.
 En “El telescopio de Escher” se escenifica el papel del azar en la vida de los personajes y los posibles destinos diversos que podrían padecer o disfrutar. (Y aquí vale la pena destacar  lo que hace diferente a Óscar de la Borbolla de la mayor parte de los escritores mexicanos, en general versados en asuntos de literatura pero ignaros en física, filosofía, física cuántica, matemáticas, astronomía y otras ciencias que en general permanecen ocultas a ellos, mas no a Óscar, cuya curiosidad y erudición le permiten disertar sobre éstas y otras  excentricidades en incontables y frecuentes foros.
“Páginas de mi diario” es un cuento de realismo fantástico en el que una bandada de ángeles holgazanes y pasados de peso se instala con gran naturalidad en un estrecho apartamento en el DF. (Hablando de ángeles célebres y literarios debo decir que hallo algo que diferencia a Óscar de LA Borbolla García Márquez: siempre hay en sus textos una arista muy fina de ironía, lo que en general no se manifiesta en Gabo, que es, en general, solemne).
“El paraguas de Wittgenstein” es un cuento netamente hipotético: el narrador nos presenta varias opciones de un evento y las desarrolla: qué pasaría si no hubiera sucedido esto sino lo otro:
1.      Como la gente se conoce o no se conoce nunca, pero total, a veces se enamora, suponte que la lluvia te reúne con una mujer bajo un paraguas.
Escrito a manera de incisos que van desgranando las consecuencias lógicas divergentes de los diversos sucesos, el cuento va planteando la posibilidad de lo que han llamado algunas teorías algo imaginativas, los multiversos: la existencia simultánea de muchas opciones vitales (o del infinito de opciones de cada suceso: qué sucedería si la mujer acepta compartir el paraguas; qué sucedería si no acepta: a dónde llevarían la aceptación o el rechazo).
            Sin duda Óscar debe conocer la philosophie des Als Ob,  la filosofía del “como si” de Hans Vaihinger, que postula que muchas cosas que suponemos no son como suponemos.
“La madre del metro” es un jocoso relato en el que el protagonista disfruta intensamente de lo que la mayoría padece: los apretujones, los olores, los asaltos,  los encuentros azarosos en los túneles subterráneos de la Ciudad de México. Aquí asoma lo que ha constituido quizás la clave de la diferencia específica de Óscar con respecto a los demás escritores mexicanos: la ucronía: el planteamiento de lo absurdo, lo improbable, de lo particular como algo perfectamente natural y posible. (Óscar ha desarrollado esta veta en una serie de textos que ha publicado en muchos periódicos y revistas y que ha coronado en varios libros).
Me parece que el libro  Dios sí juega a los dados es la mejor puerta de entrada al universo literario de Óscar de la Borbolla, que aporta a la literatura mexicana una veta diferente, muy rica y digna de ser seguida: la de un ojo crítico, imaginativo, juguetón, irónico y paradójicamente profundo. Óscar es más diferencia específica que género próximo: lo que él llamaría un ucrónico y yo un frenáptero. Óscar es diferente, ve diferente y escribe diferente.

Dios sí juega a los dados,  Grupo Editorial Patria, 5ª. Reimpresión, 2008.

Marco Tulio Aguilera

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