Rumbo a Colombia: La Fiesta de las Letras, Visiones de Colombia en Bogotá, La Fraternidad y el Club de Ególatras. Además, Martillo, de Hermosilla

En el aeropuerto del DFeyenda
Parece que se está convirtiendo en tradición: cada vez que viajo pierdo de alguna misteriosa, absurda, inexplicable manera los libros que llevo con tanta ansia para leer. Me pasó en el reciente viaje a Zacatecas, de donde me traje cuatro medallas en el Campeonato Máster de Natación de México pero abandoné, no sé dónde, la novela de Jorge Franco,  reciente premio Alfaguara; me pasa ahora, que voy a Colombia –Medellín, Bogotá, Cali-:ya en el avión rumbo al DF, me  percato de que los libros de la guarda,  Martillo,  del español Alejandro Hermosilla, y otro de Magris, cuyo nombre no recuerdo, ya no están en mi maletín de mano. De modo que me resigno a mirar nubes, ojear las revistas de aeroméxico y escribir estas notas. Almorzando en un restaurante del aeropuerto del DF recibo una carta de un personaje que me dice que soy un macho recontramacho, decapitador de mujeres. Si supiera el inocente y enamorado doctor que llevo casi 34 años de castidad, disciplina espartana y tejido de recuerdos y ficciones.
Dejo Xalapa en un momento crucial: cuando  se están ultimando los detalles de la edición de  La insaciabilidad,  novela más o menos gordita -500 páginas- que debe salir a fin de año. Quise que se aplazara la edición pero fue imposible, por trámites presupuestales, dijeron. En la novela están trabajando Queta –la portadista-, Silverio, el maestro corrector, el mejor corrector de la Editorial, confiable ciento opor ciento- y Lupita –diagramadora. Gran privilegio trabajar en la Editorial de la Universidad Veracruzana, al lado de quieres están trabajando en mi novela. Soy el más viejo en esa dependencia: llevo 34 años, y nunca me he aburrido, aunque sí me he peleado a veces, particularmente con un zancudo que por fortuna ya no está.
Bien me lo dijo Pedro de Isla cuando le conté el asunto: Marco, tú eres permanente, los directores son pasajeros, así que tranquilo.

Regreso a Colombia con sentimientos encontrados:  algunos quieren que regresen; otros ni se acuerdan de mí; en CVali se preparan dos homenajes. En Medellín y Barranquilla se me recibe con mucho respeto.


Público de la presentación de "Martillo" de Alejandro Hermosilla

Martillo, de Hermosilla. Muy original la presentación de la novela de  Alejandro Hermosilla, Martillo. Comencé a leerla anoche. La encuentro interesante, menos rara de lo que suponía o amenazaba. Párrafos brevísimos, como martillazos, a veces inconexos pero en general articulados en un todo. Me llama la atención el rescate de la figura de Lovecraft, que a medida que pasa el tiempo se ha ido agrandando en la consideración de críticos y lectores, un poco a costa de Poe. Martillo es una novela como las de Vila-Matas, en la que abundan alusiones a otros libros u autores. Muy interesante, particularmente para lectores cultos. Va bien, seguiremos informando. 
Antier en la presentación en el Centro Recreativo Xalapaño Alejandro Hermosilla Sanchez estuvo contundente, muy diferente a los habituales presentadores de libros jalapeños, que parecen cadáveres parlantes. El mundo de Marruecos, con olores y sabores, con sonidos martillantes, visto por un protagonista occidental que ama el mundo árabe y también lo sufre.
Eso de anunciar la aparición de un gran escritor hace pensar que el que lo anuncia quiere ganar indulgencias a futuro, del tipo "lo dije yo primero". Pues bien, incurriré en esa práctica: me parece que Alejandro Hermosilla Sanchez arranca su carrera con un primer libro excelente, que no le tiene miedo a las influencias o que más bien las utiliza con descaro y conocimiento de causa: "Martillo, la novela primera de este español que anda con el petate al hombro en México, vale mucho la pena. Es una reflexión pitolesca, vila-matasiana y lovecrafriana -just imagine- sobre el enfrentamiento entre occidente y oriente, pero es mucho más: aforística, medio twitiestica, nietzscheana, se lee con fervor y deleite, particularmente si el lector es más que medianamente culto. Libro para buenos lectores, no admitirá ignaros. Sorry, nueva generation.

Marco Tulio Aguilera

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