Fin de Monterrey con fiesta y trasnocho

Foto de fin del Taller de Corte y Confección de Novela
Son las 6 30 y tengo un sueño del carajo. Dormí una hora. Estuve en la fiesta de clausura de la Feria del Libro de la UNAL hasta las 2 am, bailé con dos personajas escritoras bastante divertidas, dormí una hora y desperté a las 3, para salir a las 4 rumbo al aeropuerto de Monterrey, donde estoy ahora cabeceando tras desayunar huevos a la mexicana. El avión sale a las ocho. Las personas de avanzada edad como este individuo que soy yo no deberían someterse a estos trotes. Por un momento temí que las personajas quisieran abusar de mí, pero afortunadamente no lo hicieron. Soy, a estas alturas, absolutamente fiel a mi dama. Se supone que hoy mismo a las 4 pm en Xalapa voy a asistir a una conferencia de Héctor D'Alessandro pero lo dudo. Los excesos tienen un límite. A partir del lunes volveré a ser un disciplinado deportista. En la semana pasada tal vez haya aumentado dos kilos, que bajaré facilmente. ¿Saldo? La Editorial de la UNAL quiere coeditar la nueva edición de Mujeres amadas. El Taller de novela que impartí fue espléndido, exaltante: terminamos amándolos todos y jurando amistad eterna. El viaje me permitió hablar por lo menos tres horas con mi rectora, lo que me da gusto. Una escena graciosa: una nube de reporteros se acercó a entrevistar a la rectora Sara y ella les dijo: Mejor entrevisten al maestro Marco Tulio: es más famoso. Pero los reporteros insistieron en que les valía un cacahuate lo que yo les pudiera decir (esto es mentira: tras entrevistar a Sara me entrevistaron a mi). Y tras la larga entrevista que me hicieron los periodistas, Sara me dijo: -Te la tomaste en serio. Un encuentro importante fue con Luis Arturo Ramos, quien me explicó el trabajo que hace para la Universidad Veracruzana en la Universidad de El Paso. Otro agradable encuentro: con Eduardo Antonio Parra, quien tuvo "la fina atención" de regalarme su libro de cuentos más reciente, "Desterrados", con una dedicatoria muy, muy generosa. Leí los dos primeros cuentos: ¡espléndidos! Me hicieron cambiar de opinión: el mejor cuentista mexicano no es Samperio sino Parra: una mezcla de Rulfo, Revueltas, y ¡Kafka!

Marco Tulio Aguilera

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