Desterrados, de Eduardo Antonio Parra: lo mejor del cuento mexicano hoy

Sobre la utilidad de perder el vuelo de Monterrey a Veracruz: pude leer con tranquilidad en el Hotel Istay el nuevo libro de cuentos de Eduardo Antonio Parra, Desterrados: he aquí mis primeras impresiones:
"Caminante", el primer cuento del libro, parece escrito por una mezcla de Rulfo, Revueltas y Kafka. Si en algún cuento mexicano está cifrada la tragedia de los mexicanos migrantes, de su absoluta e irremediable tragedia, de su destino feroz y despiadado, es en este texto de dimensiones casi míticas.
"El festín de los puercos", ambientado en tiempos de Porfirio Díaz, es tan terriblemente sangriento, tan inhumano, que se hace difícil leerlo, aunque su calidad es suprema: me recuerda "La fiesta de las balas".


 “La costurera” me recuerda uno de los más hermosos relatos de Flaubert, “Un corazón sencillo”: la protagonista del cuento de Parra, la campesina María José, es (al inicio del relato) una mujer fea, rara, hábil y trabajadora, además contrahecha y bigotona, que establece una hermosa complicidad con un niño, hijo de la patrona de un taller de costura.

Lo destacado de éste y los otros cuentos, lo conmovedor, es la enorme carga de humanidad que se hace notable en el trato de perdedores natos e irremediables. María José me recuerda también a los personajes sencillos y significativos de Chejov.

Y esto es común a los cuentos de Parra: el autor ama, comprende, convive con los personajes, lo que hace que todo resulte natural: no hay nada impostado en estos textos: es la vida en carne viva, sin afeites, sin alambicamientos literarios, la que nos presenta Parra. Lo que no quiere decir que los relatos sean rústicamente tradicionales y respeten las convenciones del género: al contrario, son flexibles, y perfectamente naturales.
El final de “La costurera” es enteramente sorpresivo, y además satisfactorio: un cuento cerrado, diría perfecto, si no fuera abusar de la palabra.
También me hace pensar en un libro de cuentos de Samperio leído recientemente: en general Samperio es monotemático: cuenta su mundo, mientras que Parra cuenta el mundo de los otros. Llegué a decir que Samperio me parecía el mejor cuentista mexicano: me retracto: me parece que Parra es superior, o por lo menos me gusta más, no publica retazos o esbozos, sino textos redondos, logrados.

Hay dos cuentos eróticos maestros :"Mal día para un velorio" es uno; "Paréntesis" es otro. En el primero hay una violencia erótica medida que sucede en un triángulo amoroso: suegra, yerno e hija. El segundo es una pieza en la que se narra (o se vive) un encuentro erótico en un restaurante: hombre y mujer llegan a la culminación sin siquiera haberse tocado: es el furor desatado de la imaginación y de los sentidos los que los arrastran a violar las convenciones (por una parte lucir sus sexualidades en un lugar público; por otra, cometer una especie de adulterio imaginario).
Magníficos cuentos, impresionantes, superiores a cualquier cuento mexicano que haya leído.
Todos los otros cuentos de este libro tienen una calidad semejante.
Tengo que decirlo: estoy feliz de haber hallado este libro (me lo regaló el autor en Monterrey con una dedicatoria que me honra).
Yo que soy tan corrosivo en mis reseñas me confieso derrotado por el libro de Parra: nos muestra a un gran maestro en su plenitud.

Marco Tulio Aguilera

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