Doctorado honoris causa a René Avilés Fabila en Xalapa


Con motivo del próximo honoris causa que le otorgará la UPV el próximo 22 de febrero en Xalapa,  estoy publicando este texto, escrito para un homenaje que se le iba a hacer en la Feria del Libro Universitario 2013

Hace muchos años, aproximadamente 30, invité a René Avilés Fabila a Monterrey a dictar una conferencia en el Instituto de Artes de Nuevo León que acabábamos de fundar Miguel Covarrubias, Andrés Huerta y otros "inquietos intelectuales". Ha pasado tanto tiempo que no recuerdo ni una sola palabra de lo que dijo con absoluto desparpajo, con una libertad casi suicida, sobre su actividad como escritor, periodista y maestro universitario. Si algo ha caracterizado a René es el ejercicio de la libertad, el desprecio a los moldes, la capacidad de decir exactamente lo que piensa sin estar tasando sus palabras para ver cuánto puede sacar de ellas. Es frecuente en el medio cultural mexicano y en realidad en todos los medios culturales, adoptar una actitud de grupo, esconderse tras la masa para poder medrar. René ha dado la cara una y otra vez, no sólo frente a los poderes culturales, sino frente al poder político. Es de los pocos que se atreven a criticar abiertamente. No es, o no era, como esos escritores graciosos que a la vez que critican, bajita la mano reciben la dádiva; o como esos que dan grandes y agresivas declaraciones para salir en las fotos. Escritores que reciben orondos grandes honores de los poderes que critican. ¿Puede entenderse que un gran escritor mexicano, quizás el más famoso en la actualidad fustigue al imperialismo y se ponga del lado de los oprimidos, al mismo tiempo que reciba los homenajes de un político del que se conocen los peores manejos? René ha tenido que pagar caro su independencia con una especie de marginamiento de las prebendas de la cultura. Solo muy tardíamente el poder cultural ha tenido que ceder ante el peso de la presencia indudable de autores como José Agustín y René Avilés Fabila. (Me gustaría dedicarle una descabezada a José Agustín, un grande ante el que ha tenido que bajar la cabeza la hidra). René y sus amigos (José Agustín, José Luis Cuevas, Parménides García Saldaña, Jorge Arturo Ojeda) han sido una auténtica manada de bribones que han marcado la literatura de este país trayendo un viento fresco, una irreverencia y lanzando una carcajada contra la institución. No olvido una expresión de Octavio Paz, ya no recuerdo con motivo de qué. Dijo: “René Hábil es, René, ¡ah, vil es!” René ha marcado épocas: cuando participaba en la revista Plural, que era dirigida por Jaime Labastida, revista en que se dio por primera vez una ecumenismo latinoamericano que no se ha repetido; cuando dirigió el suplemento cultural El búho, de Excélsior, que fue un magnífico contrapeso a la cultura acartonada, solemne, elitista, tendenciosa de la revista Vuelta y sus secuelas. La irreverencia de René solo tiene comparación con la de otro gran iconoclasta: Huberto Batis, que desde el inolvidable Sábado del periódico Unomásuno, permitió todos los desafueros de una serie de personajes incómodos que airearon la cultura de este país. Cada hombre es muchos hombres y al hombre no se le debe juzgar por un instante, ni siquiera por la suma de todos sus instantes y tampoco por el común denominador de los instantes. René no es incorruptible y quizás ningún hombre lo sea. Ha cedido a los halagos del poder y ahora tiene su propia fundación, la Fundación René Avilés Fabila. Se están (se estaban) publicando sus obras completas, lo que no sé si es ventajoso o desventajoso. René pertenece (o pertenecía) al Sistema Nacional de Creadores, tiene su propia revista y posee una gran cantidad de amigos, ex alumnos, colegas, que lo admiran como escritor y lo quieren como persona. Hay un atributo de René que a mí, como ególatra asumido, me causa admiración: la elegancia con que exhibe sus plumas, la falta de vergüenza con que habla de sí mismo, el sentido del humor con que se presenta siempre en público, la elegancia con la que viste. Entre Maquiavelo y Trimalción, RAF, que posee las mismas siglas que la Royal Air Force, ha usado a los políticos, los ha explotado, para su deleite y para que le pongan nuevos cimientos al monumento de su autoaprecio. ¿Censurable? Eso depende del que quiera tirar la primera piedra. Lo cierto y comprobable es que se trata del primer intelectual mexicano que se atrevió a ridiculizar hasta las heces a los intelectuales mexicanos, que pintó en Los juegos, el libro maldito que lo marcó para siempre, las costumbres licenciosas, libertinas, oportunistas, vendidas, borreguiles, superficiales de los artistas mexicanos “de élite” (confieso que como novela la obra me dejó insatisfecho: yo quería más puñetazos directos a la nariz). Vemos, adivinamos en Los juegos a Carlos Fuentes derrochando elegancia y maquiavelismo, a José Luis Cuevas, haciendo de la vanidad virtud, a Carlos Monsiváis, golpeando con la mano izquierda y tendiendo la mano derecha, a un personaje que se oculta tras el nombre de Rosicler, seduciendo seminaristas, asistimos a la repartición de presupuestos oficiales. A sus 70 René sigue siendo extremadamente crítico, pero ya no es intolerante. Ha aceptado que su pecho no es tan fuerte como para soportar cañonazos de los que hablaba Rulfo. A sus 70 está comenzando a recibir homenajes, lo que es, si uno se descuida, el principio de la muerte. Le digo a René, con mi habitual falta de tacto: toma los homenajes y déjalos ir. El cuento ese del fauno que descansa en el lecho de los laureles, no es cuento, es una fábula muy ilustrativa. Si uno se duerme al lado del rio plácido de la fama, corre el riesgo de que este río crezca y se lleve el cuerpo que duerme el sabroso sueño. ¿Consejos? No sirven para nada. Nadie aprende en cabeza ajena. Cuando un ciego guía a otro ciego los dos se van al hueco. http://www.mistercolombias.blogspot.com

 

Marco Tulio Aguilera

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