La amante del ghetto de Pedro Ángel Palou

Así me imagino a Zofía Novak, la protagonista

Al terminar la lectura de La amante del ghetto, la novela más reciente Pedro Ángel Palou (Planeta, 2013), en un capítulo final o adenda, el autor hace un recuento de las fuentes que alimentaron su novela: impresionante inventario en el que lo no menos asombroso o asombrante, quizás increíble, es la lectura que Palou dice haber hecho de las doscientas novelas de Simenon (he leído todas sus  novelas, algunas un par de veces). Además hace en el mentado capítulo final que ha llamado Kadish (“panagírico hebreo en el que se le pide a Dios que apresure la redención y la venida del Mesías”) inventario de gran cantidad de obras históricas consultadas, documentales vistos, visitas a archivos realizadas, y conversaciones sostenidas con autoridades sobre el tema y con sus maestros, entre ellos y particularmente, Álvaro Mutis.

¿El tema de la novela? La venganza de una cantante judía-polaca contra su ex amante, un militar nazi. Venganza enmarcada en una conjura de los llamados Nokim  o Nazim,  vengadores judíos que tomaron como blanco a los criminales escapados de los juicios de Nuremberg. El autor confiesa –y la palabra no puede ser más justa- que fue armando su novela a partir  de una inicial obsesión y con informes sobre la vida de la contralto Vera Gram. Su primera obsesión fue alimentada también –afirma el autor- por los diarios de personajes que vivieron los horrores del ghetto de Varsovia y de los campos de concentración (prisioneros del campo pero también con el terrible rol de remover los cadáveres de las cámaras de gas a los hornos crematorios).  Otro elemento que anota el autor le sirvió para alimentar su novela: su propio pasado familiar: habitado por parientes que sufrieron las peores ignominias por parte de los nazis: de modo que la novela no solo cuenta como venganza literaria sino como venganza personal: Palou no tomó la pistola para vengarse, sino que recurrió al más incruento expediente de la novela –que, se sabe, ha servido infinidad de veces para perpetrar venganzas a agravios personales e históricos. Y sobrarían los ejemplos.

Más allá de cocina literaria –tan cercana a quien como Palou ha sido chef y además chef mediático- está la reflexión sobre la parte ignota del ser humano, la que Jung llamó precisamente sombra: aquello que de inconfesable, oscuro e incomprensible lleva a los hombres a cometer crímenes inefables como matar a hachazos a una anciana usurera o exterminar con frialdad a millones de seres humanos de la forma más atroz e infame.

Impresiona la recreación del París de la posguerra (como pocas en Europa París permaneció intocada por la destrucción y los bombardeos) y las visitas de la memoria de la protagonista a la Varsovia ocupada, y particularmente a su ghetto.

Zofía Novak es una protagonista bien perfilada, sin excesos, que recuerda a la Garbo de  El ángel azul. Zofía (mujer “entre el amor y la venganza”, podríase decir en una gran síntesis publicitaria): fue amante de un militar nazi que la protegió en el ghetto. Ya tras el fin de la guerra Zofía recibe la orden de exterminar a su ex protector y ex amante.

Camus, Cocteau, Picasso, Boris Vian, pasan fugamente por la vida de Zofía. El autor no se detiene en ellos: los usa apenas como parte del paisaje de un París que se está recuperando y que inicia el movimiento surrealista y las actividades sociales-culturales que harían de la Ciudad Luz una fiesta.

La novela es bastante efectiva, veloz y certera; los cambios son oportunos; los escenarios bien pixelados, verosímiles. La descripción de un desfile de modas organizado por Christian Dior, magistral. La obra se deja leer con agrado.

El autor no se detiene o regodea en lamentaciones por las atrocidades históricas. Tampoco las trata de explicar. Simplemente las usa para darle sustancia a los huesos de su trama.

Hay algunos reparos que  me es inevitable apuntar: frases excesivamente sentenciosas,  meditaciones melodramáticas de los personajes, obviedades, imágenes poco logradas (gaviotas graznando una melodía amarga), situaciones absurdas. Pero en general es una novela digna de ser leída y que encaja bien en la trayectoria de Pedro Ángel Palou.

Marco Tulio Aguilera

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