El sentido del erotismo

Septiembre 15 de 2008.Una entrevista reciente publicada en Polifonía 9, en Pereira, la ciudad de las mujeres más hermosas de Colombia, en la cual MT dice algunas barbaridades -lo que no es novedad- que MT comprende y acepta. Al fin y al cabo MT es el mayor admirador de MT y ríase la gente.
 
Por Alexander Quirós
 
Marco Tulio Aguilera es bogotano de nacimiento, caleño por sus estudios, mexicano por adopción. Vive en México hace 30 años. A la fecha ha recibido los más importantes premios literarios de ese país, así como otros, de semejante importancia en Colombia, Costa Rica y España. Ha publicado 25 libros en varios países. Entre sus obras más destacadas están Cuentos para después de hacer el amor, Cuentos para ANTES de hacer el amor. Las novelas El amor y la muerte, Mujeres amadas, Los placeres perdidos. Alfaguara literaria publicó recientemente en Colombia El pollo que no quiso ser gallo, Premio Nacional de Literatura Infantil en México. Plaza y Janés publicará próximamente en Colombia la edición número 12 de Cuentos para después de hacer el amor, obra que fue clasificada como uno de los libros de cuentos más importantes del siglo pasado. La crítica internacional lo tiene en muy alta estima y sus libros son apreciados en muchos países.

Usted ha vivido gran parte de su vida fuera del país ¿Qué ha representado para usted ese auto-exilio?

Salir de Colombia me abrió las puertas del mundo pero no fue eso lo que hizo mi carrera, sino mi voluntad de trabajar. Antes de salir de Colombia ya había publicado una novela en Buenos Aires y quedado finalista en uno de los concursos de cuento más importantes de lengua castellana, el de La Felguera, en España. Tenía entonces 24 años. En Estados Unidos, donde estudié y trabajé, no escribí. Ya en México tuve una especie de explosión creativa. En 1979 recibí cinco premios, de diversos tamaños. He mantenido un ritmo constante de trabajo que me ha llevado a la fecha a tener 25 libros publicados y me atrevo a pensar que ninguno de ellos es desechable. Como nunca he pertenecido a mafias ni a grupos, he ganado mi independencia y lugar en editoriales importantes por medio de premios. Entre los premios que más valoro están el Nacional de Libros de Cuentos de San Luis Potosí y el Nacional de Literatura Infantil y el Latinoamericano de Cuento de Plural y Excélsior, los tres en México. En Colombia he recibido los premios de cuento de las universidades de Cauca, de la Universidad Libre en Cali y de novela el José Eustasio Rivera. En España fui finalista en el Alfaguara de Novela. Y otros.

¿Qué tan colombiano se siente?

Me siento colombiano de la planta de los pies a la coronilla. Nunca he renunciado a mi nacionalidad. Gran parte de lo que he escrito se desarrolla en Colombia: en Cali, en el Amazonas, en Bogotá, en Araracuara. Mis compañeros de basquetbol me llaman “El Colombias”. Defiendo a mi patria en donde sea y la disfruto cada vez que la visito, lo que hago con frecuencia, no siempre en plan de escritor. Me parece asqueroso lo que hizo Fernando Vallejo de promocionarse dizque renunciando a la nacionalidad para después arrepentirse. Hablar mal de la patria cuando está en problemas es como escupirle en la cara a la madre. Quiero no ser nacionalista pero es inevitable serlo.

¿Qué significa México para usted?

México es un país muy complejo, con muchos problemas, pero sin duda más vivible que Colombia. Tiene una mitología popular riquísima que ha alimentado a Colombia: el Santo, Pedro Infante, María Félix, forman parte de lo que llaman “el imaginario” que formó a las pasadas generaciones. Hoy eso ha cambiado. Hay mucha retórica con el cuento de que México es la segunda patria, especialmente entre los grandes como Gabo y Mutis. La verdad es que uno aquí y en todas partes sigue siendo extranjero. Lo que pasa es que cuando ya un escritor llega arriba, los países tienden a capitalizarlo. Pero antes el camino es duro. Por otra parte debo decir que aunque la mafia de la cultura me ha vedado todas sus prebendas, becas, reconocimientos, mi nombre ya ha sido integrado a la mayor parte de los diccionarios literarios de este país. Viajo por todo el país dando conferencias y talleres. Me leen en toda la república. Pero en los momentos decisivos uno sigue siendo extranjero. De todos modos hay que reconocer que en México hay una sociedad más abierta, menos provinciana que la colombiana.


¿Cuál es su relación con los escritores colombianos? Al parecer tiene una buena relación García Márquez.

Todo ese cuento con García Márquez ha sido un invento. Yo nunca lo he visto en mi vida. Nunca he hablado con él. No conoce mis libros ni los valora. Las entrevistas que he tenido con él son imaginarias. Lo divertido es que todo el mundo se las ha tragado. Las publiqué en El Espectador en Colombia, en Excélsior¸ en México, después publiqué las cuatro o cinco entrevistas completas en la revista Crítica de Puebla y finalmente en un libro que salió recientemente en México: se llamaPoéticas y obsesiones. Encuentros con García Márquez.

¿Y García Márquez no lo ha desmentido?

Al contrario: está convencido de que le hice las entrevistas. Estoy seguro que si le preguntan por ellas va decir que sí le hice las entrevistas y que me conoce perfectamente bien. Incluso le dijo a Fabio Jurado que yo le he dedicado todos mis libros y que en uno de ellos escribí que lo voy a matar… literariamente.

¿Y qué relaciones tiene con los otros escritores colombianos?

Quiero, aprecio y respeto a varios: mi maestro Gustavo Álvarez, Tomás González, William Ospina. No conozco la obra de los demás y sé que muchos me ignoran, a veces a propósito. Recientemente nos reunimos muchos escritores colombianos en la Feria de Guadalajara y con poca elegancia ni siquiera me saludaron, como si yo fuera su enemigo. Hay varios buenos escritores publicando en Europa y Colombia, cuya obra no conozco. De todos modos hay que entender que la publicidad crea muchos fantasmas y hay muchos lectores que dicen poder ver fantasmas.

¿Por qué cree que su literatura no ha tenido en Colombia la difusión y el impacto que ha tenido en países como México y España?

Porque la literatura, como todo, se alimenta hoy en día de imagen. Y yo me aparezco en Colombia cada cinco o seis años con un libro. Eso no basta. El público es insaciable y quiere acción constante. Además no he sido amigo de los capos de la literatura colombiana y gordos críticos como Cobo Borda al hablar de literatura colombiana ni se acuerdan que yo existo. El mundo de la literatura es un mundo de mezquindades. Eso hay que aceptarlo. Yo tengo todos los defectos del mundo menos eso: cuando encuentro mérito en los demás lo pregono. A la fecha he escrito sobre la mayoría de los buenos escritores colombianos, he difundido su obra. Y muy pocos han reciprocado. La gloria se hizo para compartirla. En general los colombianos que la han alcanzado se han portado como nuevos ricos.

¿Qué opinión tiene de los premios a la literatura? Tengo entendido que ha ganado usted 26 y ha sido finalista en los premios Planeta y Alfaguara.

Aclaro que fui finalista en el Planeta de México, no de España. En el Alfaguara de España sí finalista y le dieron el premio a una novela infame. Desde los tiempos en que era corredor de fondo y semi fondo en la Universidad del Valle le tomé afición a los concursos y carreras. Son un trampolín: le permite a uno saltar por encima de un montón de enanos. El hecho es que ningún premio me ha maleado. Pienso. Yo no escribo para los premios. Los premios se hicieron para algunos de mis libros. Una de las razones por las que me he visto obligado a recurrir a los premios es que no soy diplomático sino más bien agresivo, intolerante con la mediocridad que quiere disfrazarse de talento. No le hago la corte a nadie sino a mí mismo. Me amo sobre todas las cosas. Soy un ególatra autosatisfecho y si no le gusto a algunas personas eso no es problema mío.

Sus obras vienen cargadas siempre de una buena dosis de erotismo ¿Qué significa esa palabra para usted?

A mí me han tildado de pornógrafo algunos ignorantes. En realidad soy una persona que escribe sobre las relaciones entre hombres y mujeres con absoluta sinceridad y sin represiones. Muchos de mis libros han chocado con la censura, han sido acusados de ser muy fuertes. Las que más han disfrutado de mis libros son las mujeres. Me han dicho que no creían que un hombre pudiera conocerlas tan a fondo. El erotismo es para mí una de las razones fundamentales para encontrarle sentido a la vida.

Usted a escrito sobre muchos temas, tiene historias como “El suave olor de la sangre”, que tiene un discurso fuerte y bastante crítico, y algunas como “El juego de los tiempos prestados” que alcanza una armonía poética intensa, erótica y picaresca, pero ¿cuáles son temas preferidos en la literatura?

El amor y el erotismo son mis temas, pero nada de lo humano me es ajeno. He escrito ciencia ficción, literatura infantil, teatro, ensayos académicos, conferencias…

Y en todos esos campos ha recibido premios importantes…

Así es. Soy corredor de 5000 metros planos pero me gusta correr los 400 y los 800.

En una entrevista con Edgar Onfore en México usted afirma que “es posible que se acabe la raza humana, incluso deseable…” ¿piensa usted que ha fracasado nuestro proyecto de humanidad a tal punto?

No pienso que ha fracasado. Todavía, mientras haya lugar con aire limpio, agua clara y vida, hay esperanza.

¿Qué concepto tiene de eso que han llamado post- boom?

Es una pendejada crítica, un invento académico, en el que me metieron a mí desde el principio. En literatura hay buenas o malas novelas o cuentos, no manadas o grupos o piaras. Lo que llamaron el boom fue un grupo de buenos escritores que además de buenos escritores eran amigos. Se apoyaron unos a otros y coparon las editoriales y los titulares. Hoy en general los escritores son egoístas, casi caníbales, y si alcanzan algo, se lo guardan para sí. Yo reitero que soy generoso. Es quizás la única virtud que tengo, además de la terquedad. Recuerdo que una vez Gardeazábal me definió como un mediocre que trabaja. No me ofendió. Al buen escritor que se acerque a mí, lo ayudo si puedo.

Usted ha escrito novela, cuento, ensayo, un lector juicioso se daría cuenta que tiene un gusto especial por la narrativa, el cuento en especial, ¿podría darnos su concepto de cuento?

Sobre el tema he publicado un libro que se llama Poéticas y obsesiones. Juan Villoro, al presentarlo en la Feria del Libro del Palacio de Minería dijo que era un libro de primeros auxilios literarios. Incluyo en él conferencias dictadas en varios países sobre el cuento. Me parece que para definir al cuento bastaría decir que es algo que pasa, que se cuenta y que impresiona al lector. Si no pasa nada... no pasa nada. Eso no es un cuento.

Para finalizar, una difícil, ¿cinco obras latinoamericanas que no hay que dejar de leer?

Todo Borges, El Túnel, Cien años de soledad, La otra raya del Tigre, Al filo del agua e Historia de todas las cosas.
Xalapa, 14 de agosto de 2008

Marco Tulio Aguilera

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