Indiana, Pensylvania. Cuando un lector me regaló una flor. Félix Luis Viera.



Tras la conferencia en IUP
Mi querido diario hace cuatro años. En el avión de AA rumbo a Pittsburgh con escala en Dallas después de un par de días apresurados terminando lecturas de la Editorial y exámenes en la Facultad de Danza. Una vez que ha pasado la batahola de la Feria del Libro Universitario, donde presenté cinco libros, tres míos y dos ajenos. Los míos ya los he comentado. Agua clara en el Alto Amazonas fue presentado por Peter Broad, José Luis Martínez El Bueno y por Rafael Antúnez, que leyó un texto brillante, inteligente. Tenía cierto temor de que no le gustara el libro o que tuviera reservas para expresar sus opiniones pues de alguna forma es parte de lo que podría llamarse “el grupo Pitol”, formado por varios personajes que le acolitan todas sus andanzas a Pitol. Pitol, que ya está como Gabo, más para quedarse en casa que para andar en fanfarrias literarias. Antunes es quizás en más prometedor de los escritores veracruzanos. Pronto publicaremos ern la editorial de la UV un excelente libro, Mentía mejor usted en París, libro que de alguna manera siento mío, como siento mío el de Adolfo Guidali y otros libros como Krumville, obras de ficción que han pasado por mis manos en manuscrito.
Bueno, pues la lectura de Antnezs fue brillante, erudita y entusiasta. El artículo según parece ya fue publicado en Performance, el único semanario exclusivamente cultural que se publica en Xalapa. El director de este semanario es José Homero, quien fuera alumno mío junto con Víctor Hugo Vázquez, otro pupilo a quien pronto le publicaremos su libro Historias de niñas. A propósito de Víctor Hugo, he de mencionar que me invitó a participar en el Congreso de ... en el salón Azul de Humanidades, en donde la noche anterior a esta viaje hice una presentación bajo el título pomposo de “Cómo se escribe una novela”. Una de esas pláticas que doy sin preparación o guión alguno, en la que cuento a veces las mismas historias, algunos chistes, y muestro mi ya viejo desparpajo, digo algunos insultos a personajes que me desagradan y conquisto la simpatía de unos y la antipatía de otros. Tras la charla recibí varios mensajes: dos de chicas y uno de un muchacho. Este último conmovedor: "Maestro, cuando terminó su conferencia se me hizo un nudo en la garganta y no me atreví a acercarme a usted para que me firmara un libro". Uno de los misterios que me traigo en este viaje y que por fin puedo bajar al blog, obligado como estoy a permanecer sentado en este avión de segunda de AA, es el que llamaré el “misterio Santiago Gamboa”. Estuvo casi mes y medio en Xalapa. Yo le ofrecí mi apoyo en todo lo que necesitara, una cena en mi casa, llevarlo a hacer deporte, tours por los alrededores… y él hizo todo lo posible por eludirme. Incluso se opuso a que yo asistiera a sus cursos sobre novela contemporánea. Cumplí con no asistir. La pregunta es por qué no quería que yo asistiera a sus cursos y por qué me eludió tan sistemáticamente:
Hipótesis 1: temía mi crítica; conocía mi habitual severidad crítica; hipótesis 2: le caigo mal. El caso es que su selección de textos y autores como representativa de lo que le llama la nueva literatura latinoamericana me parece deleznable: de ninguna manera me parece que Bolaño, Paco Ignacio Taibo II, Franco, Mario Mendoza, sean lo más importante de lo que se está haciendo (más bien me parece que el curso debió llamarse: "Los amigos de S. Gamboa"). Hipótesis 3: Santiago Gamboa leyó mi artículo publicado en el Espectador y titulado “Bolaño: la farsa del siglo”. Entonces sí es comprensible que me haya eludido: defenestré a su mentor, a su gallo y de alguna manera puse en cuestión sus tesis. En verdad esa descalificación de Bolaño no me parece razón suficiente para que me haya eludido.
Mi esposa tiene otra argumentación (hipótesis 5): “Lo que pasa es que ya se sabe que eres chismoso y la gente prefiere sacarte la vuelta”. Pienso que no soy chismoso sino comunicativo: el género de las conocencias literarias es uno de los más viejos del mundo… y además uno de los más divertidos. Recientemente Bioy Casares escribió un gordo libro sobre Borges que ha sido altamente repudiado por muchas personas. Pitol dice que es un libro detestable. El problema es que Pitol quiere mantener la corrección política en todo lo que sea biográfico y el resultado es que lo que el escribe sobre su vida es aséptico, libre de las miasmas de la vida. Una biografía real de Pitol debería tocar un tema terriblemente delicado que vivió en Europa Oriental y por el que tuvo que salir deportado. Asunto que no difundiré porque no me consta. Parece que atropelló a alguien y huyó. Por eso llamar a lo que publicó Pitol Una autobiografía soterrada me parece un truco publicitario absurdo: juntaron dos o tres textos, una entrevista y le pusieron el título pomposo.
Pero, ¿quién toca a Pitol? Los autores llegan a un punto en el que se vuelven intocables. No hace mucho me atreví a hacer una reseña honrada de Fruta Verde de Serna. Me parece que me gané su enemistad, aunque él diga que no. Su respuesta fue decirme por teléfono que Agua clara en el Alto Amazonas le parecía una novela floja. Pue ser. Puede ser que hasta la fecha solo hayan escrito sobre mi novela mis amigos y que todos hayan sido benévolos. Ya llevamos una hora de vuelo. Salimos de Xalapa a las 2 :30 am. Ayer fui a nadar para cansarme y dormir por la tarde, de modo que por la noche pudiera permanecer en vela. Hice 500 metros pecho (18 minutos) y 500 metros libre (12 minutos). Rumbo a casa en el coche (30 minutos) me comí mis cheetos torciditos, un refresco y fumé un cigarro, llegué a casa, comí aprisa y clavé el pico: cuatro horas de sueño y listo: a viajar. "L" con una bolsa de mano, yo con un maletón lleno de libros, la lap top Toshiba, una chamarra y otras cosas. Voy leyendo El testigo de Juan Villoro (muy buen escritor pero termina por aburrir) y El corazón del Rey (¡excelente!), de mi amigo Félix Luis Viera. Buenos amigos, buenos escritores: la mejor combinación.
En aeropuerto de Dallas un negro nos llevó a pasear en su trenecito y nos hizo recorrer todo el inmenso lugar para colocarnos en la salida del avión de AA justo unos minutos antes. Apenas tuvimos tiempo de comer un barbecue casi de pie y ¡al avión! Las azafatas del avión rumbo a Pitsburghs son viejas, de más de 60 años y trabajan con eficiencia y mal humor. Ya pasaron los años en que las aeromozas eran jóvenes y guapas. Tras 17 horas de viaje todavía seguimos con ánimo. Yo no he podido dormir y he leído páginas de El amante de Janis Joplin de Elmer Mendoza, que según algunas personas es tan parecido a mí que parece mi doble. Literatura simple, directa, violadora de todas las reglas. Al final no me gustó el libro. A la bajada de las escaleras, tras recoger las maletas en Pittsburgh nos espera Peter Broad quien nos llevara en un viaje de dos horas a Indiana Pennsylvania al hotel Quality Inn. "L" no ha podido leer. Se entretiene en hacer huequitos y figuras con un popote puntudo en un vaso de unicel. Ya no dan comida en los vuelos, apenas café o jugo: ya no aceptan efectivo, solo tarjetas de crédito ¡para pagar galletas! Durante el examen de mi clase de lectura y redacción el día previo les dije: “Hijas mías, escriban, eso es todo: cuenten una noche de amor, cuenten recuerdos de infancia, hagan una crónica del curso de lectura y redacción que les está dando este loco que soy yo”. Y mientras ellas escribían sus exámenes y yo saqué mi lap top Toshiba y le di la última revisada a mi conferencia: Eros y Amor, los dos dioses que dominan al ser humano; inventé ahí mismo a otro dios griego, el dios Pornos. Con estos tres dioses reorganicé mi conferencia. A ver qué tal sale. A ver si los gringos se tragan la existencia de ese nuevo dios: Pornos. Ya es la cuarta vez que vengo a este congreso. Y la segunda en la que soy el keyspeaker  es decir, orador inaugural. En la pasada ocasión di una conferencia que llamé "La mecánica del cuento erótico". Recuerdo que unas feministas se enojaron y no quisieron jugar billar conmigo: entre ellas se entendían. Ya hemos comenzado a bajar. Las azafatas no se saben los nombres de las ciudades sobre las que pasamos.
Y tras 24 horas de viaje, tres horas antes de mi conferencia, tras haber dormido cuatro horas, tras desayunar unos waffles espantosos, estamos descansando. Yo, como habitualmente sucede antes de mis conferencias, no puedo dormir y escribo estas mafufadas. (Antes de recibir el Premio San Luis Potosí hace varios años, y sin haber dormido ni un momento, tuve que pedir ayuda de amor a LL para relajarme: y sin embargo no pude dormir). El paisaje que veo a través de la gran ventana es bellísimo: cielo muy claro, árboles en otoño, autos que pasan raudos por una autopista.

Marco Tulio Aguilera

No hay comentarios:

Publicar un comentario