La doble ausencia, Premio Primera Novela Sergio Galindo



Por razones casi municipales o institucionales soy lector fiel de las novelas que año tras año son publicadas tras haber recibido el Premio Internacional Primera Novela Sergio Galindo. Me explico o tal vez me disculpo: trabajo desde hace más de treinta años en la Editorial de la Universidad Veracruzana, organizadora del concurso. Lo que no quiere decir que me sienta obligado ni a leerlas ni a elogiarlas. El caso es que las leo y si me gustan, las comento públicamente; y si no me gustan, las comento el privado. Y he de decir que a la fecha sólo dos de las premiadas han alcanzado el honor o el oprobio (borgiano) de mi comentario: La balada de los bandoleros baladíes  del novelista colombiano Daniel Ferreira y la novela recientemente publicada,  La doble ausencia,  del argentino Javier Núñez.
La novela de Núñez sorprende (o me sorprende) por el pulso narrativo tan maduro, tan sin fisuras: es la obra de un novelista hecho en cuanto a los elementos que conforman (o deben conformar esa movediza entidad que se ha llamado novela): estilo tan terso que parece invisible; estructura precisa, sin costuras notables; trama bien delineada que se acerca a la novela negra con visos de novela psicológica (si es que eso existe); caracterización efectiva y en momentos brillante; un misterio que se va devanando con inteligencia.
La doble ausencia,  tema: trata del intento de reconstrucción de la vida secreta del padre del narrador, un escritor rosarino poco conocido, que paralela a su vida familiar convencional, tuvo una relación con una menor de edad.  Al desaparecer el padre en un accidente fluvial, el hijo encuentra en un desván las huellas de esa vida secreta, y  a partir de entonces dedica su existencia a tratar de recuperar a ese padre ausente, doblemente ausente.

Marco Tulio Aguilera

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