Proyecto para una película que haríamos Guillermo Arriaga y Garramuño sobre Agua Clara en el Alto Amazonas

Tras haber tenido el gusto de conocer en Saltillo y ser invitado a un almuerzo en un magnífico restaurante y haber hablado largamente sobre nuestros proyectos y nuestros libros con Guillermo Arriaga (guionista de Amores perros y por lo menos cuatro de las mejores películas mexicanas), se me ocurrió lo siguiente:
-Que guionicemos y filmemos mi novela Agua clara en el Alto Amazonas.
Los pongo en antecedentes sobre el argumento de la novela:
Línea argumental número 1. Un profesor universitario aburrido de su vida (yo haría personalmente ese papel en la película) se escapa de sus rutinas domésticas y académicas (lavar platos, ir al súper, conferencias en Bogotá, entrevistas, seminarios)  y viaja en una excursión turística a la Amazonia Colombiana. Allí conoce a una indígena huitota de la que se prenda y a la que propone amores y hasta matrimonio (en broma).
Línea argumental 2. Un escritor mexicano (Arriaga haría el papel) se interna en la Amazonia Colombiana y cumple en la realidad lo que el protagonista de la línea argumental número 1 solamente imagina. Se enamora (más bien se encula, disculpen la palabra: le da el famoso "calambre llanero": arrechera o tumefacción invencible que ataca a los hombres que se internan en la selva más de un mes) de la indigena huitota y una noche se interna en la selva siguiendo a la indígena huitota hasta un sitio donde se supone harían el amor en comunión con la naturaleza, pero...
Así planteada la película suena muy simple, pero hay una serie de complejidades psicológicas que involuran misterios de la naturaleza, rituales, etc, un poco al estilo de Conrad en El corazón de las tinieblas.
Lo innovador de esta película sería que se cuenta dos veces casi la misma historia, con algunas variaciones y a veces se pierden las fronteras entre una y otra historia. El personaje más atractivo sería la indígena huitota, que mantiene en el rostro una sonrisa constante (como las de las Caritas Sonrientes totonacas): esta sonrisa encierra un secreto, que el lector de la novela y el espectador de la película deben resolver.
Sería una película de complejidad psicológica y de aventuras (guerrilla, paramilitares, ejército colombiano, etc), también una película un poco épica al estilo de aquella película de Werner Herzog que actuó Klaus  Kinsky en la Amazonia (cuando se secan súbitamente los ríos en la Amazonia, hay que contratar indios para cargar la lancha hasta otro río navegable).
Sólo falta:
1. Que Guillermo Arriaga quiera.
2. Un productor que aporte aproximadamente (solamente) 50 millones de dólares.
3. Y que consigamos una huitota auténtica de 18 años, hermosa y con una linda y enigmática sonrisa.
Justificación de esta película:
Arriaga y yo somos muy parecidos: ambos somos deportistas, agresivos, escritores, relativamente cultos,  también somos basquetbolistas, los dos somos hombres maduros, con suficiente fortaleza y leche para emprender la aventura. Habiendo llegado a la madurez nos gustaría emprender un gran proyecto, vivir una verdadera gran aventura. Él es 10 años menor que yo y es indudablemente más galán: alto, de ojos claros, buenas facciones, arrollador con el género femenino (en Saltillo vi una fila de más de 50 mujeres tomarse la foto con Guillermo y se quedaron esperando la foto otras 50). Yo a mi edad más bien parezco Nosferatu, pero a cambio tengo un buen cuerpo que a mis casi 65 años parece de 20. Puedo nadar los 100 metros en un minuto 33 segundos y anotar canastas de tres puntos con enorme facilidad. Los dos cojeamos del mismo pie: hacemos uso de nuestra egolatría para acicatear nuestros proyectos: con una diferencia: Guillermo es fundamentalmente generoso, apoya a todas las causas sociales que considera valiosas, mientras que yo... me ocupo de lo mío y dejo que el mundo siga andando. Uno de mis principios es: hay que seguir bailando aunque el mundo se esté acabando.

Marco Tulio Aguilera

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