El libro de Peter Broad sobre MT y su obra


Con Sergio Pitol en 2009
CAPÍTULO UNO: biografía
Este es el primer capítulo de un libro escrito por Peter Broad,  cuya publicación fue rechazada por la Universidad Veracruzana.

Al emprender un estudio de la obra de Marco Tulio Aguilera Garramuño, es más que apropiado comenzar con un resumen biográfico.  Desde su primera novela, la mayor parte de su obra es, hasta cierto punto, autobiográfica, y más, mucho más que en el sentido en que toda obra literaria es autobiografía.  Con la excepción de varios cuentos, las obras narrativas del escritor colombiano radicado en México tienen como fondo básico las experiencias, y con frecuencia la persona, del autor.

            Nació en Bogotá el 27 de febrero de 1949, segundo de los siete hijos de Marco Tulio Aguilera Camacho y Ruth Elizabeth Garramuño Candiotti.  Su padre, natural de Subachoque, era médico cirujano, una persona muy importante en los círculos de la medicina en Bogotá y miembro de una familia pudiente en la sociedad colombiana.  Su madre, casi veinte años menor que su padre, era de origen argentino, de una familia de educadores.
            En una entrevista publicada en la revista Hispanic Journal, Aguilera Garramuño dice de su padre:
«[R]epresentó en su época–a fines de los 40 y principios de los 50–la encarnación más acrisolada de la elite científico-cultural bogotana.  Estudió medicina y cirugía en Oxford y Rochester, fue presidente durante muchos años del Colegio de Médicos y Cirujanos de Colombia.  Pasaba su vida en las aulas, en el quirófano, en los hospitales y en viajes de conferencias y congresos.  Para los hijos fue una figura mítica, de la misma forma que lo fue para quienes lo conocieron.  Hombre de una disciplina militar, se levantaba todas las mañanas a las cinco y se bañaba con agua fría.  Vestía ropas cosidas exclusivamente para él en Londres» (Erotismo como razón... 235).

 En la misma entrevista dice de su madre que:
«Nació en Río Cuarto, República Argentina [en el acta de nacimiento de Aguilera Garamuño consta que era natural de Arroyo Seco], ... y se formó dentro de una familia de pedagogos de clase media bastante culta, aunque en ocasiones intolerante. Mi madre fue la raíz de nuestra familia, pues a mi padre muy poco lo veíamos.»

Y, al caracterizar su herencia, agrega:  «De uno y otro lado hay una gran turbamulta de sangres mezcladas.  Mi padre tenía sangre castellana, judía, chibcha.  Mi madre tenía sangre italiana, vasca y patagona.»  Toda esta familia, el carácter del padre y la cultura de la madre, se ve fielmente retratada en la que sería la tercera novela publicada de Aguilera Garramuño, El juego de las seducciones.
            De niño, en vida del padre, Marco Tulio vivía la vida de un hijo de padres pudientes.  “Fue en su infancia a los mejores colegios de paga.  Cuando se hizo adolescente ya manejaba autos y disfrutaba de casas de campo así como de toda la gama de caprichos que se les ocurre a los niños bien, cuando saben que todo está en pedir” (Flores).[1]  Pero, después de la muerte de su padre, el mundo de la familia Aguilera Garramuño cambió de forma radical. 
            De una forma muy parecida a la narrada en la novela citada, fueron a parar, después de una serie de peripecias, a San Isidro de El General, Costa Rica.  Allí estudió el joven Marco Tulio el bachillerato en ciencias y letras en el Liceo Unesco, donde se graduó en 1966.  Después, también en San Isidro, se tituló como Maestro de Enseñanza Primaria en la Escuela Normal de Pérez Zeledón en 1969. 
            En San Isidro la familia Aguilera Garramuño habitaba una casa de madera, cuyas particulares características entran no sólo en la novela mencionada sino también en varios cuentos, como “La historia de un orificio” y “Clemencia, ojos de cierva.”  En esta casa, dice en la citada entrevista, “siempre hubo libros, buena literatura, gracias a la afición algo desmedida de mi madre.  Leí todo Dumas, Salgari, muchos franceses, Dostoyevski, en hermosas ediciones de papel amarillento y que estaban impresas a dos columnas. Hacia los diecisiete había leído, con gran emoción, a Henry Miller, Las mil y una noches, sin censura, en traducción de Sir Richard Burton; Tolstoi, Conrad, D.H. Lawrence, etc.” (238-239).  También sufrió desajustes emocionales (permaneció recluido en su habitación un año entero, sin querer ver a nadie) que logró dominar, pero que le proporcionaron materia para su literatura.  Siendo algo mayor, también encontró material literario en la experiencia de su trabajo como peón y timekeeper en la construcción de la Carretera Panamericana de Costa Rica.  Esta última experiencia le suministró muchísimos datos para su primera novela, Breve historia de todas las cosas.  Esta novela, con la que ganó el Premio Nacional de Novela de Costa Rica en 1979, se sitúa exclusivamente en San Isidro de El General y, como ha afirmado en más de una ocasión, es más bien una transcripción de sus observaciones y recuerdos, no el producto de la invención literaria.[2]
            De Costa Rica Aguilera Garramuño regresó a Colombia a estudiar en la Universidad del Valle en Cali.  Allí, compartiendo alojamiento con su hermano Jorge, estudiante de medicina, cursó la carrera de Filosofía, mientras se dedicaba al atletismo como corredor de fondo, e inició su carrera de escritor.[3]  Publicó algunos cuentos en la prensa local en Cali, y escribió constantemente: “Entre los 20 y los 25 escribía hasta tres y cuatro cuentos diarios” (Peláez González).  En 1970 fue primer finalista del afamado concurso de la Felguera, España.  También en estos años conoció a Adolfo Montaño, quien aparecería años más tarde como el protagonista Adolfo Montañovivas de la novela Los placeres perdidos, y quien encarna el ser para el que Marco Tulio inventó la palabra frenáptero (mente alada) tan central en el vocabulario personal del escritor.
            Los estudios de Filosofía en Cali han tenido un efecto notable en lo que escribe Aguilera Garramuño.  En la citada entrevista indicó:
«Recuerdo y recurro frecuentemente a los recuerdos de mis lecturas de Heráclito, Platón, Schopenhauer, Nietzsche.  Tales lecturas me han servido para tener una concepción menos plana de la literatura, para buscar algo más allá del relato.  Incluso en mis textos aparentemente más ligeros, quiero suponer que hay una concepción del mundo o por lo menos una visión particular» (239).

Aparte de la obvia influencia sobre la concepción del mundo que se aprecia en su narrativa, los estudios filosóficos también le sirvieron cuando decidió publicar bajo seudónimo una serie de libros de filosofía popular.[4]
            Breve historia de todas las cosas apareció publicada en Ediciones La Flor en Buenos Aires en 1975 y fue elogiada de forma entusiasta por críticos de la talla de John Brushwood, Seymour Menton, Wolfgang Luchting, Raymond Williams, Germán Vargas, y por gran número de escritores, entre ellos Gabriel García Márquez.  En el mismo año de 1975 Aguilera Garramuño terminó su licenciatura en Filosofía.  Hay varias versiones de por qué salió de Colombia en este momento, pero no se contradicen.  Una de ellas afirma que recibió una oferta para ir a trabajar y estudiar a la Universidad de Kansas en Lawrence.  La otra versión dice que, tras terminar apresuradamente su carrera (con una tesis que tituló “Fenomenología de la creación Literaria.  Introducción a mi narcicismo”) y después de perder su trabajo de profesor en el Colegio Los Cedros del Líbano, estaba en la más absoluta miseria, habitando un cuarto desastroso en el segundo piso del Grill Las Escalinatas.  Estaba pues, en una situación sin salida y por ello aprovechó la oportunidad para salir del país.  La versión que explica por qué se dedicó a la literatura es la siguiente:  se había entrenado para ganar una carrera importante de diez mil metros planos.  “Recuerda que su condición física era insuperable, pero ésta nada pudo contra la experiencia de otro corredor llamado Humberto Carvajal, quien administrando sus fuerzas lo dejó ir adelante, para dejarlo atrás en los últimos instantes de la justa” (Flores).  Tras el fracaso, abandonó su carrera atlética y se dedicó por completo a la literatura.
            Lo cierto es que mientras estudiaba en Cali conoció al profesor norteamericano Raymond Williams, quien le ayudó a conseguir un puesto como “Teaching Assistant” (un tipo de beca para estudios de posgrado donde se le paga al estudiante un salario mínimo por impartir clases de bajo nivel) en la Universidad de Kansas.  De allí la versión que dio en una entrevista que le hicieron para La Gaceta II de Cali cuando se supo que se iba.  A la pregunta “¿Por qué te vas de Cali?” respondió:
«Uno: terminé mi carrera de Filosofía y no he podido conseguir trabajo.  Dos: recibí una buena oferta para dictar clases en la Universidad de Kansas y quiero tomar distancia con respecto a una serie de vivencias que pretendo novelar. Tres:  el ambiente de Cali está dominado por tres o cuatro mediocres a los que obligadamente hay que ver en todas partes.  Cuatro: porque quiero adelantar mis estudios y formarme como crítico.  Cinco: ya estoy aburrido de los ritos caleños: la Feria de Cali,los campeonatos de salsa, las notas sociales y sobre todo la falta de solidaridad entre los que nos dedicamos a la misma profesión.  Y seis: voy a iniciar la colonización del imperio yanqui, a construir un canal interoceánico y a meterme en esa sociedad para luego ejercer la más alta virtud que puede tener un novelista: la traición» (La Gaceta II).

Cuando salió para Estados Unidos llevaba unos cuantos cuentos y una novela que había sido comparada con Cien años de soledad, argumentos más que suficientes para hacerle sentir escritor a los 26 años de edad.
            Pasó dos años académicos en Lawrence, Kansas, en el Middle West estadounidense, donde terminó con el título de Maestría en Artes en Literatura Hispánica en 1977.  Además de darle una formación académica que le ha servido bien en años posteriores, la experiencia de Kansas le dio material para varios cuentos y gran parte de Mujeres amadas.  Siempre reconociendo que se trata de literatura y no de autobiografía, se puede tener una idea bastante clara de cómo fue esta experiencia gracias a las páginas de esta novela.  También como parte de su programa de estudios en Kansas, Marco Tulio pasó un verano tomando clases en Guadalajara.  Esta experiencia, además de aparecer en la novela, le dio el fondo para el primer cuento de su primer libro de cuentos, Alquimia popular.
            En la Mujeres amadas, el autor/protagonista viaja de la universidad norteamericana a Monterrey, persiguiendo a su novia.  Efectivamente, Aguilera Garramuño, después de terminar su maestría, llegó sin dinero a Monterrey, donde se incorporó a la Universidad Autónoma de Nuevo León como profesor por horas.  También fundó y dirigió un Taller Literario en el Instituto de Artes de dicha universidad.  Aprovechó su relación con esta universidad  para seguir estudios de maestría en Filosofía, aunque no los terminó, y, desde luego, para escribir.  Todo esto lo hizo mientras proseguía la relación con la novia regiomontana, quien sería la protagonista de Mujeres amadas.
            Aparte de la relación con la novia, que vuelve a aparecer en Las noches de Ventura/Buenabestia, la experiencia en Monterrey le dio el material para su segunda novela, Paraísos hostiles.  Como no tenía nada de dinero al llegar a Monterrey, se encontró viviendo en una novelesca casa de huéspedes.  “Es una novela que yo viví en una casa en Monterrey, [...] en la casa de Bartola, durante dos años[5] en un período de miseria económica. Y todos los personajes, o casi todos los personajes que aparecen en esa novela fueron personas que compartieron mi vida allí” (Gutiérrez 46).  Otra vez, su biografía se confunde con su literatura.
            Mientras vivía en Monterrey, presentó un cuento para el premio que ofrecía la revista La Palabra y el Hombre en Jalapa, Veracruz.  Compartió el premio con el conocido escritor mexicano Sergio Pitol, y fue a Jalapa para recibirlo.  Allí, entre otras cosas, conoció al rector de la Universidad Veracruzana, Roberto Bravo Garzón, quien le ofreció trabajo.  Así que en 1980 se mudó a Jalapa con sus pocas pertinencias para establecerse, parece que de forma permanente, pues todavía está allí.
            La experiencia en Jalapa es el fondo sobre el que escribe a partir de 1980. Buen número de sus cuentos se desarrollan allí.  Las experiencias de los primeros años en Jalapa se narran en la novela más reciente, Las noches de Ventura/Buenabestia, y seguirán apareciendo (según comentarios que el mismo autor ha hecho al redactor de estas notas) en los próximos tomos que forman parte de la serie que lleva por título El libro de la vida.
            En Jalapa trabajó inicialmente como guionista en la emisora de Radio Universidad dependiente de la Universidad Veracruzana, y como corrector en la Editorial Universitaria, formando parte del consejo directivo de la revista La Palabra y el Hombre que dirigía el también narrador Luis Arturo Ramos, quien, pasados los años, sería director de la casa editorial.  El ambiente de la Editorial era ideal para quien se dedicara a escribir novelas.  Estos trabajos, junto con las clases que dictaba por horas en la Facultad de Humanidades y, en el verano, en la Escuela para Estudiantes Extranjeros, no ocupaban demasiadas horas y le permitían dedicar gran parte de su tiempo a escribir.  Desde que se instaló en Jalapa, colabora de forma regular en la prensa, primero en Jalapa y luego en la Ciudad de México.  Ha sido periodista cultural de Novedades, Excélsior y El Universal.  Actualmente tiene una columna que aparece todas las semanas en Sábado del periódico capitalino Unomásuno.
            Esta vida no ha sido siempre tranquila, pues el carácter del autor no se presta a tanta tranquilidad.  Sus críticas acerbas a autores consagrados le crearon enemigos importantes, y su literatura de naturaleza erótica le causó, a veces, problemas con sectores del público y de la inteligentsia mexicana.  La organización Pro-vida y Rubén Pabello Acosta, director de El Diario de Xalapa montaron una campaña para expulsarlo del país a raíz de una novela erótica formada por los primeros borradores de lo que ahora es El libro de la vida, que publicaba por entregas en la revista jalapeña Línea.  Garramuño no fue expulsado del país, gracias a la mano invisible de Gabriel García Márquez, por esos días condecorado en El Águila Azteca, máxima condecoración que concede el gobierno mexicano a los extranjeros.
            El dos de marzo de 1985 contrajo matrimonio con Leticia Luna Varela, natural de Orizaba, Veracruz.  Esto ocasionó un cambio radical en su forma de vivir, y aún más el nacimiento de sus dos hijos, Héctor Javier y Sebastián, hechos que le han convertido en un hombre más tranquilo y regular en sus hábitos, aunque siguen su productividad literaria a un paso nada despreciable y su carácter polémico, así como su deportivismo, que a los 50 años lo mantiene activo en el basquetbol. 
            La vida familiar también ha repercutido  hasta cierto punto en lo que escribe.  Aunque el enfoque de sus novelas no ha variado de forma evidente, ha abierto otras posibilidades para sus cuentos.  En años recientes ha escrito cuentos infantiles, uno de los cuales se publicó en hermosa edición bilingüe en español y maya-yucateco.  La Secretaría de Educación y Cultura del Estado de Veracruz acaba de publicar la colección entera, gracias a la cual ganara el Premio Nacional de Cuento Infantil “Juan de la Cabada” 1998.
            En 1988 fundó y comenzó a fungir como director/editor de la revista La Ciencia y el Hombre, medio de difusión científica de la Universidad Veracruzana.  Este trabajo, al que se ha dedicado con gran energía, logrando sacar la revista a tiempo sin perder un solo número desde su comienzo, y manteniendo un alto nivel que le ha merecido respeto entre la comunicad científica, le ha permitido también dedicar gran parte de su tiempo a escribir.  Como reconocimiento de su trabajo en la revista y de su creciente prestigio como escritor tanto en México como en el extranjero,  la Universidad le ha ascendido al nivel académico máximo, lo cual le ha permitido un poco más comodidad en su vida personal.[6]
            El trabajo en la revista científica, como era de suponer, también ha tenido sus consecuencias en lo que escribe Aguilera Garramuño.  Junto con artículos estrictamente científicos, incluye regularmente en las páginas de la revista cuentos de ciencia ficción.  Como se podía esperar, Aguilera Garramuño terminó por escribir sus propios cuentos de ciencia ficción.  Su cuento “Dios juega a los dados” fue premiado en el Concurso de Ciencia Ficción “Bogotá, una ciudad que sueña” en 1997.
            Puesto que la novela que está escribiendo y puliendo en la actualidad trata del período en que Marco Tulio todavía andaba de soltero frenético en Jalapa, aún no hemos visto reflejado su nueva situación en sus novelas.  Así será interesante ver cómo novela esta nueva fase de su vida.  Ya está apareciendo en cuentos, como por ejemplo “La noche de Aquiles y Virgen” o “El viejo truco del amor en tres actos”, pero falta el desarrollo más amplio que le daría una novela.



Obras Citadas

“Un nuevo horizonte.”  La Gaceta II, Cali.  1(4),1975.

Aguilera Garramuño, Marco Tulio.  “Nacimiento de una novela.”  Revista no identificada.  Cali, 7/10/75.

Flores, Ramiro.  “Érase que se era....”  Universidad.  Monterrey, 23/11/77.

Foltz, David A. y Fernando Ruiz Granados.  “Marco Tulio Aguilera Garramuño: El erotismo como razón de ser (una entrevista).”  Hispanic Journal.  15(2), 1994: 233-244.

Gutiérrez, Carl.  “Una entrevista con Marco Tulio Aguilera Garramuño.”  Chasqui.  18(1), 1989:  45-50.

Peláez González, Cristóbal.  “Escrito nuestro y lejano.”  El Colombiano-Dominical.  Medellín, 19/11/89.





            [1]  El autor aclara que durante su adolescencia no manejó coche alguno ni disfrutó de casas de campo, pues ya por esos tiempos (1965 más o menos) su familia había caído casi en ruinas, tras la muerte del padre.  Aguilera afirma que la imaginación de periodistas y académicos a veces rebasa la de los autores.  (Comunicación personal)
            [2]  Por ejemplo, en un artículo que escribió para un periódico de Cali (7-X-75, 7) titulado “Nacimiento de una novela” en el que describe cómo escribió Breve historia..., dice del libro que “...no hay una sola anécdota que sea falsa, sino una realidad que yo había vivido hacía varios años”.
            [3]  Como corredor participó en competencias nacionales, fue ganador del selectivo universitario de la Zona Sur de Colombia y preseleccionado para los Juegos Panamericanos que se celebraron en Cali en 1970.
            [4]  Richard Rubinstein. Eso que llaman amor, ¿qué diablos es? México: Edamex, 19..; Los diez mandamientos del amor.  México: Edamex, 19..
            [5] En realidad, fueron unos seis meses.  (Comunicación personal del autor)
            [6]  Desde que comenzó su carrera de narrador, Aguilera Garramuño ha ganado una veintena de premios en México y en el resto del mundo hispanohablante.  Tan sólo desde que comienza su labor con La Ciencia y el Hombre ha recibido siete premios de cuentos, dos de novelas y uno de teatro.  También fue seleccionado por el Consejo para la Cultura y las Artes de México y el Centro Banff de las Artes, en Canadá, para una residencia artística en dicho Centro en 1997.  La lista completa de los premios se encuentra en un apéndice al final de este libro.

Marco Tulio Aguilera

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