Carta a García Márquez

  El escritor colombiano Julio César Londoño da como novedad en un artículo que llama Carta a García Márquez, lo que yo ya había publicado en la revista Crítica: que García Márquez ya tiene escrito el segundo volumen de sus memorias. El siguiente párrafo es parte de la nota que publiqué: 

"Para quienes, como yo, no hayan quedado satisfechos con este primer volumen hay una consoladora noticia. Una información que tendrán los lectores de Crítica  como primicia mundial: Gabriel García Márquez ya terminó de escribir, muy en secreto, sus verdaderas memorias, una obra de altísimo calibre en todos los ámbitos, en la que no dirá ni una sola mentira, no inventará la más leve fábula". Xalapa, noviembre de 2012. 

Aquí podrá leer el artículo completo: http://mistercolombias.blogspot.mx/2012/07/vivir-para-contarla-el-cuento-de-hadas.html

CARTA A GARCÍA MÁRQUEZ

Tomado de MEMORABILIA GGM 680, EL ESPECTADOR 

Por: Julio César Londoño
Un amigo cercano al escritor me asegura que el segundo tomo de las memorias de García Márquez está escrito desde hace muchos años. Sería magnífico que fuera cierto.
GGM ha dicho que es falso, que no lo escribió por cansancio y porque tendría que ocuparse de amigos que ya no ama, sujetos que lo traicionaron, como Plinio y Vargas Llosa. Pero puede que sí, que esté escrito sin mencionarlos. O citados de manera noble y discreta. O citados como actores de reparto, poetas menores del hemisferio austral, digamos, que les haya dedicado dos páginas para explicar de una vez por todas por qué un maestro de la estructura como el peruano, amo y señor de una prosa austera y eficaz, no pudo crear nunca un personaje sólido, capaz de andar solo por el mundo como Úrsula, Pedro Páramo, Adriano, Raskólnikov o Jean Valjean.
Y por qué Plinio, dueño de ese pulso tan fino que le permitió trazar perfiles perfectos, no pudo hacer nunca una novela medianamente legible.
Sería magnífico que usted, Gabriel, nos contara los presentimientos y las confidencias que les contó, a usted y a la modelo Alba Lucía Ruiz, el general Omar Torrijos en la víspera del misterioso accidente; o de qué se habló el día en que se quedó encerrado con Wojtyla en la Biblioteca Vaticana; o de las diligencias secretas que realizó por encargo de sus amigos poderosos para buscarles salida a ciertos impases internacionales; o confesarnos si es verdad que vio llorar a Fidel Castro cuando tuvo que ordenar el fusilamiento de su amigo del alma, el coronel Antonio de la Guardia, un héroe nacional involucrado, quizá por orden del mismísimo Castro, en el tráfico internacional de drogas. Si usted ha hecho ficciones memorables con el tema del poder, ¿qué no podría hacer con todo lo que sabe del poder real de los líderes con los que ha tenido trato íntimo? ¿Será cierto que ya está escrito el volumen y guardado bajo siete sellos con instrucciones precisas, para que se publique mucho después de su muerte, cuando todos los involucrados sean polvo?
La verdad es que si el volumen existe, fue escrito cuando ya su pluma vacilaba y empezaba a embotarse, como se observa en Memoria de mis putas tristes, un libro casi tan malo como Ojos de perro azul, ese tomito de cuentos surrealistas, atmósfera onírica y fantasía ingenua.
En Las putas, el problema no es de estilo. Su castellano sigue siendo vigoroso y camaleónico y toma siempre la coloratura exacta del entorno y la época (como en Del amor y otros demonios), pero el argumento es desangelado. Que un viejito se agencie una niña para celebrar su cumpleaños número 90, que duerma con ella sin tocarla y se limite a olerla y a contemplarla toda la noche, no es tema suficiente para una novela. A lo sumo, daba para un cuento o para un poemita decadente, o para una anécdota de salón sobre las excentricidades sexuales de los millonarios japoneses viejos.
Muchos dirán que no importa. ¿Qué tanto es un libro flojo en medio de tantos libros espléndidos? Estoy de acuerdo. Él ya tenía todo el derecho, luego de dictarnos esa clase magistral de literatura y de vida que es su obra, luego de regalarnos tantas horas, tantos años de felicidad, a aburrirnos un poco, y este desliz no alcanza a empañar su alto magisterio.
En cualquier caso, si el segundo volumen no existe, si es sólo un libro de la biblioteca inconclusa donde están La cordillera de Rulfo y Los libros que no he escrito de George Steiner, o si aparece un día y resulta tan discreto como las novelas de Plinio y las poéticas de Vargas Llosa, no importa. De todas maneras, querido señor, usted ya tiene un lugar asegurado en la primera fila de la historia universal de la literatura y en las yemas de los dedos de los lectores.

Marco Tulio Aguilera

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