Esplendor y carencias de la Feria del Libro Universitario

Hace un par de años me encontré en la FILU con una de las más altas autoridades universitarias quien es a la vez parte del comité organizador de la Feria. Me preguntó (con toda la confianza de quien me conoce desde hace muchos años por haber trabajado conmigo en La Ciencia y el hombre) qué me parecía el evento.
Le respondí con la habitual apertura y sinceridad que acostumbro, y quizás con escasa diplomacia, que hallaba muchas cosas mejorables.
Me pidió: "Hazme un análisis detallado de la Feria, considerando lo que te parezca está mal y con propuestas para mejorar".
Y ahí me tienen, elaborando un documento detallado, que quise presentar personalmente ante tan alta autoridad.
Ingenuo de mí: el alto funcionario ni siquiera me recibió en su oficina.
Entonces entendí que la solicitud de esa especie de diagnóstico era apenas una salida "política", para quitarse de encima a un molesto crítico.
Opté por entregarle el documento a Germán Martínez, coordinador de la Feria.
Y ahí terminó el asunto: en papeles guardados en algún archivero.
Estoy de acuerdo: hay  mucho que celebrar en la FILU, y ya lo ha hecho el rector públicamente.
Lo que no se ha hecho (o si se ha hecho es en corrillos, a manera de chisme y censura sorterrada) es una crítica abierta, sincera, directa, con propuestas.
Y eso es lo que quiero hacer en esta documento. Habrá quien recurra a ese lugar común de los conformistas que se manifiesta en la expresión "patear el pesebre". Aclaro que yo no estoy pateando el pesebre porque no soy caballo: son un ser pensante y con criterio, dos características que me han marcado y que me definen e incluso me han causado problemas y marginaciones. 
Soy el académico más antiguo de la Editorial y avalado por mi trabajo (97 artículos en La palabra y el hombre, cuatro libros publicados en nuestra editorial y 26 en otras; conferencias de varios países, premios, etc) me parece que tengo algo que decir sobre el evento más importante que organiza la dependencia donde trabajo desde hace más de 30 años.
Haré una enumeración de mis observaciones.
1. Para conseguir que no haya eventos sin público se debe ir a las facultades, a otras universidades, a colegios, a invitar personalmente a grupos. Entiendo que esto se hace, pero no con el suficiente énfasis. El problema es que quienes participan en la organización de la feria son empleados universitarios, acostumbrados a estar tras un escritorio. La Feria debe independizarse de los empleados administrativos: debe tener personal extra, ocupado solamente en promover los eventos.
2. Se debe evitar centralizar la atención en dos o tres personajes, a los que se ve en muchos eventos. El caso más palpable de reiteración de figuras se halla en Sergio Pitol, al que se le han dedicado varias ferias, se han publicado 5, 10, 15 o 20 libros sobre su obra, se le lleva, se le trae, se le exhibe, se publican libros que él recomienda, se invita a sus amigos, etc.(Me parece que Pitol ha hecho crecer la Feria, le ha dado una dimensión internacional, gracias a él han asistido personajes eminentes, etc, pero ello no justifica tal exacerbación de culto a la personalidad... en detrimento de figuras locales que podrían participar y que han sido injustamente marginadas por no ser del grupo de Pitol y de José Luis Rivas, que son los que más influencia han tenido sobre las actividades editoriales).
3. Muy poco espacio se da a los escritores veracruzanos, lo que es sin duda injusto.
4. Cuando se invite a un escritor, se le debe comprometer a que atienda a los lectores, estando en los stand firmando libros y hablando con los potenciales compradores.
5. En la feria más reciente se hizo evidente que se ofreció el Patio Central (el mejor espacio) a la editorial comercial Alfaguara, relegando libros de otras editoriales a un espacio más estrecho y apartado, lejos del flujo del público.
6. Se debe atender bien a los escritores invitados así como a los premiados en los diversos certámenes, a quienes en muchos casos se les da su cheque y adiós.
7. Se debe destinar parte del presupuesto a invitar a figuras importantes, con honorarios atractivos, para que la feria crezca en la estima del público y en el interés de los personajes.
8. En la pasada feria varios personajes renunciaron a asistir a última hora. Supongo que hallaban poco atractivo asistir a una feria de provincia donde posiblemente iban a ganar poco o nada.
9. Y ahora voy a personalizar: es cierto que yo participo en la Feria, generalmente con una conferencia y la presentación de un libro. Pero no participo porque la Feria me invite, sino porque yo solicito participar. De alguna forma se resignan a que yo aparezca, como una especie de mal inevitable.
10. No soy persona de comités y ello lo saben los organizadores. Pero con gusto coopero en lo que se necesita, e incluso hago labores de difusión en medios electrónicos o en la prensa.
Me acojo en este documento, escrito a vuelapluma (o a vueletecla) a lo que ha expresado el rector Raúl Arias Lovillo: una universidad sin crítica es inconcebible, que traiciona su propia naturaleza.

Marco Tulio Aguilera

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