Un día en Madrid


Acordeonista rumana que interpreta música rusa en la Gran Vía

2  de octubre de 2012. Caminamos por la Gran Vía y llegamos a la espación El Sol. Vimos mendigos rumanos, unos absolutamente miserables, otros con ropa deportiva de marca, vimos magníficos actores y titiriteros latinoamericanos; comí comida turca (me he descontrolado en ese delicado rubro: paellas, butifarras, salmón... y sin embargo no he aumentado de peso, supongo que porque todos los días caminamos kilómetros y kilómetros) mientras que mi máneger insistía en consumir sus ensaladas y sus comidas bajas en calorías.
Mi actitud en España ha sido menos ambiciosa de lo que se podría esperar de una persona como la que soy: no me he desbocado a buscar editores, escritores, relaciones, publicidad, sino que he aceptado lo que buenamente ha ido llegando. Mirar España ha sido más importante que promoverme. Pienso que lo escrito escrito está, y que si ha de salir adelante, saldrá, sin que tenga que ponerme a mendigar atención. Mi máneger ha criticado esta actitud: dice que estoy desperdiciando oportunidades.
En estos momentos de mi vida
 me importa más disfrutar de lo que tengo que trabajar por conseguir lo que me falta (y la verdad es que, bien consideradas las cosas, no me falta nada). Me he detenido a hablar con varios mendigos y artistas callejeros. Mi máneger tironea de mí: le atrae lo que atrae a todas las mujeres en España: El Corte Inglés, unas supertiendas en las que se encuentra absolutamente todo (dicen). Creo que fue Freud fue el que dijo: "Me he pasado toda la vida preguntándome qué es lo que quieren las mujeres y no he logrado responérmelo". Tal vez la respuesta a esa pregunta sea: "Lo que quieren las mujeres es... comprar". El almuerzo lo hicimos en un bello restaurante asturiano: comida exquisita.
La Calle Arenal es quizás la calle más emocionante que he conocido: grandísimos artistas al aire libre, belleza circulando, la naturaleza humana en carne viva: lo peor y lo mejor. La artista ucraniana que pueden ver en el encabezado de esta nota logró sacar lágrimas literales de mis duros ojos que han visto tantas cosas que no he terminado de contar en mis libros: por eso que no he contado sigo vivo y feliz de estar vivo.
El Best Western Carlos V es un bello, acogedor, elegante, discreto, hotel al que vale la pena regresar.
Moreno Botello, editor mexicano, Ortuño, coeditor español, Armando Mena, el mejor librero de puebla y MT tras la celebración por la aparición deHistoria de todas las cosas en Madrid




Marco Tulio Aguilera

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