Dios, la Teoría del Caos y asuntos en Bogotá

Dios no juega a los dados, dijo Einstein: es decir todo debe estar bien ordenado porque: 1, Dios existe, y 2, si Dios es Dios no puede estar bajo el imperio del azar. De modo que tarde o temprano lo entenderemos el orden oculto, su arcano.
Contra las anteriores afirmaciones se levanta la Teoría del Caos: nunca se podrán conocer todas las causas que produjeron un evento. El universo avanza desde el orden hacia el caos, según las más recientes teorías. Sólo hay una posibilidad de que 100 monedas al caer muestren la misma cara y millones de posibilidades de que muestren otras variaciones.
 Bogotá, octubre de 2012
Dormí en la sala tras escuchar una conferencia sobre condiciones climáticas en los planetas del sistema solar. Desperté fresco, lavé los platos. Hoy, quinto día  de mi estancia en Bogotá, fui a la Universidad Nacional a cumplir con una cita que me había puesto Fabio Jurado, Director de Letras. En todas las paredes letreros llamando a la violencia, a la insurrección, evocando a Camilo Torres, exhortando al odio, a la guerra. Antes que se me olvide: en las tiendas los periódicos son exhibidos  apenas con una sección por temor a que se los roben si los ponen completos. Los bogotanos sólo salen con su cédula y el dinero que van a gastar. Los bogotanos constantemente están advirtiendo sobre la inseguridad. Los apartamentos tienen muchas cerradoras. El de mi hermana tiene tres llaves y una tranca. Los jóvenes ya no encuentran trabajos fijos, hacen cualquier pequeña labor. Sólo los viejos tienen trabajos de base.  Un nuevo personaje se ha integrado al apartamento de mi hermana. Es mi sobrino. Alto, flaco, huesudo, cuerpo tembloroso, busca refugio en el consuelo de la Nena, que es maternal. Se llama Gustavo, como su padre, lo llaman Gustavito, y tiene cáncer. Ya ha afrontado las torturas de la quimioterapia y huyó de casa de su padre (nuestro hermano) porque no soporta más esa ordalía de sesiones de  cinco días 24 horas recibiendo torrentes  de veneno que corren por su sangre. El muchacho, tras graduarse brillantemente de ingeniero, viajó a China,  allí estuvo tres años, al llegar a Colombia descubrió que tenía un tumor canceroso, huyó a ver a su novia en Ibagué y vino al apartamento de Nena a tener un pequeña tregua antes de someterse a otros tipo de tratamientos basados en el equilibrios de la energía, tratamientos que suministra un chino, que garantiza que cura al muchacho si éste acepta someterse a dietas rigurosas, a meditación y prácticas de yoga.
En casa de Fabio me encontré con un poeta que estuvo tratando de convencerme de que ya no fuera tan agresivo, tan directo, tan destructivo. Yo le respondí con una estrofa del poeta José Hierro: Serenidad para el muerto, yo estoy vivo y pido lucha.  Después de tomar varias copas de vino ya me dolía la cabeza. Pedí que me llamaran un taxi y desaparecí después de un abrazo con el poeta y con Fabio. Estuvimos hablando bien y mal de  los escritores. Al llegar al apartamento vi a Gustavito como una especie de Nosferatu: un muchacho que sabe que la muerte se acerca. Vino a Bogotá en busca de un momento de esplendor.
Poco a poco se van organizando mis actividades: presentaciones en la Universidad Nacional y la Central en Bogotá, presentación en la Biblioteca de Cali, reunión con los hermanos el sábado, comida que me organizan los escritores de Cali en una finca rumbo a Buenaventura, reuniones con Plaza y Janés –-cuánta miseria: vendieron 17 libros en dos años--, entrevista con Margarita Valencia, entrevistas con Alfaguara, Random House: mi idea es ofrecerles mi trabajo pero decirles a todos: vengo con mi cargamento y lo ofrezco al que más me convenga. Ya saben los editores que no hay exclusividad alguna. Tal vez concrete negocios. Tal vez simplemente me iré con las manos llenas. Sea una u otra la solución, seguiré con mi trabajo imperturbable, porque en el trabajo está el placer. Hoy apareció una crítica ligeramente negativa: Gusto de saludarte, Marco Tulio. Aún no termino Historia de todas las cosas. Hasta el momento, he encontrado una prosa musical, frondosa. He disfrutado del  lujo de las palabras que inventas, así como de tus personajes pintorescos y de los guiños evidentes a Cien años de soledad. Sin embargo no hallo profundidad ni conflictos ni una trama sólida que me haga imposible ausentarme. De cualquier modo, persistiré. Quizá me tarde un poco más de lo acostumbrado, pero poco a poco iré venciendo las resistencias iniciales, espero. Te mantendré informado. Mucho éxito con tu viaje a Colombia. Un abrazo. Javier Munguía. .  Nosferatu: temblor nervioso, tos constante. Maternal Nena; yo aparentemente insensible. Doy la espalda. Gustavito: obsesión con lo oriental. Siente calor en el pecho. 

Marco Tulio Aguilera

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