Lo que dijo Samperio en el Fondo

MT, Samperio y el novelista cubano Félix Viera
Historia de todas las cosas o el torrencial Garramuño. Palabras pronunciadas durante la presentación en la Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica en México
Cuando se habla de novela, se habla un tanto de totalidad. Henry James decía que la única obligación que de antemano podemos imponer a la novela, sin incurrir en arbitrariedad, es que sea interesante y sincera. Y agregaba que para alcanzar este resultado las formas eran innumerables y variadas como el temperamento del hombre, pero triunfaban en la medida en que se revelaba una inteligencia particular diferente a las demás. Historia de todas las cosas se inscribe en esa revelación inteligente de la que habla James. Es una novela río, como se la ha definido, que construye un universo particular donde diversas historias se desarrollan en una sola con el propósito de revelamos las vidas palpitantes en San Isidro de El General a través de su crónica. Garramuño diseña con entusiasta placer una novela en que cada una de las partes la cuenta un personaje distinto cuya vivencia discurre en una historia principal, como un afluente. La novela es pletórica en imaginación, abundante en personajes, prolija en el lenguaje y el autor conduce con maestría esa intensidad artística que nos entrega transformada en literatura. El escritor alemán Friedrich Schiller consideraba, con justicia, que ningún genio podía desarrollarse en soledad, que los estímulos exteriores un buen libro, una conversación, movían más a la reflexión que años de trabajo solitario. Una idea debe nacer en compañía, pero su elaboración y su expresión se llevan a cabo en soledad, apuntaba. Garramuño vive de la discusión, del experimento, de la curiosidad y la diversidad, de la musicalidad y la filosofía, de la experiencia poética y de la vida que resplandece a su lado, y la comparte con una naturalidad maravillosa a través de su novela. Muchos novelistas obtienen el material literario de su entorno cercano. Lo cual no es malo, pero al ser gente cercana, en ocasiones, no profundizan en los rasgos distintivos del personaje a desarrollar ni se divierten con ellos. Esto ocurre, sobre todo, entre jóvenes novelistas, pero no es regla. Lo curioso radica en el hecho de que Historia de todas las cosas fue publicada en Buenos Aires por ediciones La Flor cuando el autor tenía apenas 24 años, y con otro título Breve Historia de todas las cosas. La novela causó revuelo. La crítica lo situó de inmediato a la sombra de su compatriota Gabriel García Márquez. El crítico Seymour Menton escribió que su primera obra era lo más cercano a Cien años de soledad que se había escrito en Colombia. Raymond Williams, intelectual del Círculo de Birmingham, afirmó que Marco Tulio no necesitaba del boom ni de García Márquez, pues era un escritor que podía hacer su propio boom él solo. El crítico uruguayo Jorge Ruffinelli vaticinó que andando el tiempo Garramuño sería uno de los grandes de la literatura española. Mi admirado maestro Edmundo Valadés consideró que Breve historia de todas las cosas podría repetir el fenómeno de la obra mayor de García Márquez. La editorial argentina, en su contraportada, anunciaba lo siguiente: "Aguilera Garramuño no es un seudónimo utilizado por García Márquez para escribir una novela más divertida que Cien años de soledad. Aguilera Garramuño es el de la fotografía y, como se verá, no tiene bigotes". Así, pues, con este breviario crítico que se puede encontrar en la red y que ahora comparto con el propósito de ubicar la especial recepción crítica que tuvo la novela del joven Garramuño.
Historia de todas las cosas parte de un argumento simple. Mateo Albán, historiador y literato, hace una crónica -en donde también él es descrito- de las vicisitudes, conflictos, encuentros, desencuentros, historias, costumbres, de San Isidro de El General. Su novela es una exploración del ser humano. La estructura novelística de Garramuño pone el acento en la búsqueda del personaje y en la incursión sobre la crónica como fuente histórica y literaria, quizá en forma más enfática que en los sucesos mismos. Garramuño busca comprender, reflexionar sobre lo ocurrido en San Isidro, aunque lo acontecido sea en un pueblo imaginado, inexistente y vivo como el propio Macondo, basándose en las circunstancias y acontecimientos históricos que Mateo Alban, protagonista, describe y reflexiona. Ahora bien, los personajes de la novela establecen un grupo compuesto por tipos humanos que coinciden en mostramos, desde la tribuna, la problemática social, de espacio y de las emociones, personal y existencial, para nada gratuita, de los coloridos habitantes de San Isidro y su ánimo por encontrarse dentro de este mundo caótico, complejo, divertido, exuberante, propuesto por Garramuño. Esta labor tremenda de fabulación no es exclusiva de las musas; percibimos un trabajo denodado, resultado de largas y profundas investigaciones, lecturas, recuerdos, correcciones y reescrituras. No en vano el propio Gabriel García Márquez ha hecho excelentes comentarios sobre ella, los cuales, desde luego, suscribo.
Sin lugar a duda, el lenguaje en Historia de todas las cosas juega un papel fundamental. Garramuño concibe una lengua ampulosa, atrevida, pulcra, culta, que aguijonea los sentidos, que reta la inteligencia, con el propósito de construir un mundo de gracia extrema. Un lenguaje que arriesga e incorpora en grandes dosis el humor. Por ejemplo en los siguientes fragmentos "La costurera siguió enflacando hasta parecer una radiografía de sí misma". O bien: "a los heroicos lectores de este fementido mamotreto que llegó a ser casi la Trompeta del Juicio Final". O esta frase para referirse a una meretriz: "quien dedica su tiempo a la mercenaria colección de humores relegados". O los nombres de algunos personajes que aparecen a lo largo de la historia: la mal llamada Rabo de Puerca, la de Los Pesados Senos, Los Popis Boys, Denario Treviño, entre otros. El lenguaje como preocupación estilística que no excluye la experiencia de lo real, gestando un poderoso vehículo para exhibir la realidad imaginada y confrontar nuestro ridículo cotidiano e histórico. Marcel Schwob decía que una de las encantos del novelista francés Flaubert será la de haber sentido con tanta intensidad que la fuerza creadora viene de la oscura imaginación de los pueblos y que las grandes obras de arte nacen de la colaboración de un genio con tradición anónima. Historia de de todas las cosas tiene su germen precisamente en el ímpetu creativo donde el mundo exterior y el mundo interior embonan en el rompecabezas de una colectividad imaginada, torrencial, resplandeciente: San Isidro de El General. Descubrir que vivimos en un laberinto también implica diseñar una arquitectura coherente. En este sentido, Garramuño es espléndido. Un intelectual de acción que conjuga los libros con los músculos y rescata su existencia con la escritura.


Marco Tulio Aguilera

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