Las 25 posiciones del Jeque Nefzaqui sin máscara

Antes de leer avances de la novela en proceso no olviden que estoy reportando día a día lo que sucede en el Hay Festival Xalapa 2012 en http://www.revistacoronica.com

Y regresando al 7 de enero de 1982 escribí: Comencé a corregir de nuevo Así es la vida alias Monterrey y Paraísos hostiles. Se suponía que simplemente iba a recortarla buscando, como de costumbre, dejar sólo lo esencial, pero en realidad lo que estoy haciendo es reescribirla. Estudio con minuciosidad cada fragmento, me pregunto qué sentido tiene y qué atmósfera quiero crear. Recuerdo la filosofía de la composición de Poe. Leo La educación sentimental. Quiero escribir con precisión de francotirador metafísico. Hay algo en mi estructura mental que me hace romper todas las historias, dejarlas reducidas a fragmentos y luego diseminarlas en un magma general. 3 de enero de 1982. Llevo tres semanas escribiendo. Trabajo de las tres de la tarde a las doce de la noche. Me comenzaron a doler las rodillas. Elevé la mesa, de modo que ahora escribo de pie. Mi modelo ahora es Flaubert. Ya superé la etapa de la escritura irreflexiva. Sólo escribo tres páginas diarias. Las reescribo a mano en dos ocasiones, luego las paso a máquina. Bebo como siempre mucho café y fumo demasiado. Compré Amareto di Sarono para evitar tanto café. Antes de sentarme a escribir bebo de un tirón un buen trago de brandy que me sacude el cuerpo. 25 de enero de 1982. Ayer y hoy estuve con mi amada totonaca, Concha. Practicamos en borrador las 25 formas del amor del Jeque Nefzaqui siguiendo las instrucciones del libro El Jardín perfumado para el deleite de las almas. Luego, cuando iba en serio la cosa, tuve un rápido y único orgasmo. Mi amiga quedó al borde del abismo pero no cayó. Hubo una pausa y retornamos iniciando por la posición doce. Terminamos a las cinco de la mañana. No fui a jugar básquet. (Y al estar copiando esto, muchos años después, recuerdo uno de los reproches más acérrimos de X: “No creo que ningún hombre, en toda la historia de la humanidad, ni siquiera en los tiempos de la Edad de Piedra, después de su matrimonio, haya regresado a casa para ponerse ropa deportiva e ir a jugar básquet”. “¿Eso hice yo?” “Lo hiciste, ¿o ya se te olvidó? ¿O no sabes que la memoria de los cínicos borra los recuerdos que no le convienen?”) 7 de febrero de 1982. Ya llevo 85 páginas. La novela tendrá aproximadamente 140. Hablé con Schneider. Dice que la obra aparecerá exactamente cinco meses después que le entregue el manuscrito. Hacia el final hay nuevos cambios. El estilo lo estoy puliendo a extremos de obsesión. Ya me acostumbré a escribir de pie. Me siento más libre. Puedo caminar y divagar un poco. En las pausas, mientras se seca el corrector, leo poemas de Baudelaire. Los pego a la pared con cinta adhesiva. Ya he memorizado “Correspondances” e “Hymne”. Mi plan es memorizar todos los poemas. Luis Méndez, mi depresivo compañero de oficina en la Editorial, ha llamado mi plan “un lujo de la memoria”. Mi amiga B vendrá a pasar la tarde del martes conmigo. Le leeré todo lo que llevo escrito.

Marco Tulio Aguilera

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