LEJOS DE VERACRUZ


Antes que salga el sol mi máneger va a trotar a la playa. Cuando ella regresa voy yo a nadar. Hoy nadé 400 metros cien metros mar adentro, desde el embarcadero hasta el Rofa. Nos alternamos por razones familiares. Hoy mi máneger hizo pereza y cuando quiso ir a trotar el sol ya estaba achicharrando pieles y conciencias. A pesar de que nos hemos cuidado como beduinos ya estamos cambiando de color. Me parece que ya casi somos mulatos y si seguimos aquí vamos a terminar siendo negros. Mis relaciones con mi máneger han sufrido menoscabo desde que me vio hablando con una adolescente rusa en el Hotel XX. ¡Pero si yo sólo le pregunté la nacionalidad! Poco faltó para que me llamara pederasta. Que la verdad algo debo tener de eso porque me encantan, me chiflan, me trastornan las adolescentes y preadolescentes cuando son sublimemente bellas como Sonia (así la bauticé como al personaje desventurado de Crimen y castigo). Pero más allá de la admiración obsecuente, obnubilada y a veces francamente descarada, nunca me atrevería a aventurar algún tipo de movimiento peligroso. Me pasa lo que a von Aschenbach con Tadzio (creo disculpable este vicio de remitirlo todo a la literatura: si fuera carnicero posiblemente pensaría en términos de filetes, cuadriles y lomos). Pienso que he llegado a la edad en la que debo aceptar la inocencia de mi imaginación, como decía Buñuel. La gran diversión de mi máneger (que es mujer, lo digo para quienes no conocen el juego) aparte de trotar y nadar, es ir a centros comerciales a poner en peligro no sólo sus finanzas sino las mías. Yo he declarado lapidariamente, ¡ni una compra más!, pero caigo. Ayer vi un reloj con cronómetro y otros mil artilugios y estuve a punto de comprarlo. Casi 200 dólares. Sigo la lectura de Lejos de Veracruz. Me seduce y me hace pensar en que lo que yo escribo es diferente. Lo mío es fraccionado como un espejo que tiro al suelo y después vuelvo a pegar organizándolo más por medio del azar que manejado por mi mano demiúrgica y maestra (sick). La idea es que todo lo que escribo tiene un centro: yo. Libro de un ególatra, narciso y self centerd presumido. ¿Qué tanto interés puede tener esto para ese fantasma llamado lector? Pienso que suficiente. Por lo pronto en el blog tengo mínimo 55 lectores diarios. Tanto tira y afloje emocional con mi máneger me ha hecho pensar que lo mejor es que mi próximo regreso a la caverna del león debo hacerlo en íngrima compañía. Se va armando poco a poco el paquete de mi estancia en Colombia. Dos conferencias en Cali, presentación de Historia de todas las cosas en Bogotá y otra ciudad. Pronto iremos a Mérida.

Marco Tulio Aguilera