SHAKA, LA JUANA DE ARCO DEL AMOR (MÁSCARA...)

Quise visitar a la polaca Shaka. Estaba semiadormecida, cubierto su espléndido cuerpo blanquísimo por una cobija celeste que dejaba vislumbrar uno de sus pezones, coronación maestra de la naturaleza. Amigo, estoy enamorada y llena de angustia, dijo, amo y no sé si me aman. Se quitó los anteojos horripilantes y lució el azul cristalino y glacial de sus ojos. Mi caballero ágila es un brujo de Catemaco que hace el amor como los dioses del Olimpo pero que no sabe decir palabras de amor, dijo. Bésame y vete, quiero escuchar a Chopin en soledad (la obsesión de Shaka por Chopin es una forma barata de exhibir su patriotismo distante, conjeturo). De modo que tuve que regresar a casa a tocar violín. Y el 12 de diciembre participé en una competencia de 10 000 metros. El relato de la carrera ocupa ocho páginas de mi libreta del 82. En la meta me estaba esperando Shaka. Ayer le pedí que pasáramos un par de horas juntos. ¿No perjudicará tu rendimiento en la carrera?, preguntó. Al contrario, dije, me relaja y luego duermo bien.
Ha habido un acercamiento mayor que en las ocasiones anteriores. Me parece que nos estamos excediendo. Parece más perversa y calculadora que nunca. Se arrodilla y mientras tanto manipula el espejo de camafeo para verse en tan peregrina actitud. Luego, cuando la insaculo, coloca el espejo para verse, para seguir los movimientos. No hace mucho trajo una bata de dormir y la dejó en mi armario, lo que interpreté como una especie de institucionalización de nuestros estropicios de lujuria y de nuestras discusiones sobre metafísicas amorosas. Sus acercamientos se deben obviamente a que sus galanes la han abandonado y yo soy su último recurso, el bombero que apaga sus fuegos pasionales. No podrías ser un poquito hipócrita y decirme que me amas, dice, aunque sea por agradecimiento. Niet, nein y no señora, no puedo decir mentiras, le digo. Es claro que no la amo: la aprecio, la deseo, admiro su erudición (es de las pocas mujeres cultas e inteligentes que he hallado en mi vida), me gusta estar con ella, pero no podría entregarle todo mi tiempo. Mi gato Miskin –-Donoso tiene un gato con el mismo nombre— se acuesta sobre mis pies mientras practico mis escalas en el violín.Y resulta que ayer no pudimos porque le dolían los huesos. Estaba desgreñada, ojerosa, lánguida y no tenía deseos de salir de su casa. Sus dos hijas menores estaban acostadas con ella en el sillón. Le hacían mimos y arrumacos excesivos y artificiosos y le decían frasecitas verdaderamente repulsivas, mami sabes bien que te amo, no podría vivir lejos de ti, y yo sentía estar asistiendo a una telenovela mexicana de las más imbéciles. La polaca no tenía ánimo para arreglarse ni otro deseo que comer y permanecer echada en el sillón con su camada de hembritas. Yo de muy mal humor, moderado mal humor, estuve rascándole la cabeza, mientras las niñas hacían obras de teatro. La hija mayor en papel de mujer seria, la menor en papel de casquivana. Shaka ha engordado un  poco. Desde que el brujo de Catemaco la abandonó ella ha relajado su disciplina: ya no va a correr al estadio ni hace yoga. Se la pasa peleando con todo el mundo No lo he dicho: Shaka está divorciada del padre de sus hijas, ex alcalde de Xalapa, hombre con fama de respetable. Shaka es una especie de Juana de Arco del amor en esta ciudad de penumbras provincianas. Ha salvado a más de un amoroso del suicidio por intoxicación seminal. Yo soy uno de sus pacientes más asiduos.

Marco Tulio Aguilera