MONTERREY 42 GRADOS (MÁS MÁSCARA)

Pero antes les comento que Historia de todas las cosas y Agua clara en el Alto Amazonas están a la venta en Librheras, Xalapaños Ilustres, Xalapa. También en Hidalgo 9, Centro, Feria Permanente del Libro Universitario

Hice un lío con mis bártulos y salí al inclemente sol de Monterrey, 42 grados a la sombra, a buscar un cobijo mientras encontraba trabajo. El primer sitio que hallé fue la casa de los ventiladores, donde un anciano vivía entre vientos encontrados y decidió cobrarme más bien poco o nada, confiado en que yo hallaría trabajo, pero la verdad es que yo tenía unos dolaritos guardados, y un día el vejete me vio contándolos en lo oscurito: simplemente me mandó al diablo y yo debí buscar abrigo en el primer sitio que encontrara. Que fue la casa de Bartola, donde por una miseria yo tendría durante seis o más meses cama, lavado de ropa y tres comidas y todo se reducía a tortillas, frijoles y café. La habitación que me asignó Bartola, la déspota madre universal, era un cuatro infecto de cuatro por cinco metros en la que convivían diez hombres de diversas y más bien miserables cataduras. No había más espacio para las cosas personales que bajo o sobre la cama, y quien tuviera algo de valor como un aparato de radio, lo mantenía encadenado. No voy a describir la casa porque ya lo hice con bastante detalle en mi novela  Paraísos hostiles, cuyo título original era  Así es la vida.  Si en alguna novela hice un esfuerzo estilístico mayúsculo e intenté ajustar una estructura diferente y original fue en ésta, que pasó casi desapercibida, no sólo porque el editor Jiménez Higuera, el mismo que había lanzado  Cuentos para después de hacer el amor con tanto éxito estaba al borde de la bancarrota y todos sus entusiasmos se le iban en perseguir a una santa a la que llamaba su secretaria, sino porque la novela de alguna manera era difícil: tenía, tiene, casi 50 personajes,  todos casi centrales, cada uno con su historia. Los personajes eran, naturalmente, basados en las personas que convivieron conmigo en aquella casa de miseria, y porque imbuido por esa necesidad de trascendentalizar, quise convertirlo en una divina comedia, con su cielo, su infierno y su purgatorio, su Beatriz y su Virgilio. Personaje de alguna manera secreto cifrador de sentido de la obra es Bache, un escritor borrachín que estaba escribiendo una novela cuyas partes estaban por ahí tiradas. Bache está inspirado en Juan Vicente Melo y la novela que escribe, en la que reproduce la casa es  La obediencia nocturna, novela secreta, difícil, de culto en México. Paraísos hostiles lo escribí en los tiempos de mi primera soledad en Xalapa, cuando la ciudad pasaba meses hundida en la niebla. La voluntad de perfección fue la que dominó esa novela: la idea de que debía buscar la palabra absolutamente precisa, me hizo permanecer sentado seis o siete horas seguidas cada día, pensando, calibrando, al punto que ya mis rodillas me ardían y fue necesario improvisar un artil para escribir de pie, como lo hizo Hemingway. En una sola página podría tardar varios días.  Hay solo una novela que podría haberme inspirado una multitud de personajes en un solo espacio: La colmena de Camilo José Cela, en la cual hay muchos personajes todos con su historia. Y el lector no se pierde, como se pierde a veces en las novelas rusas, donde los protagonistas tienen un nombre y cinco o seis apodos. La crítica fue parca, por no decir ausente. Curiosamente sólo dos judíos exaltaron la novela, diciendo que era un texto de alto valor: y Jonhatan Tittler, quien había sido jurado conmigo y Donoso en el Concurso Jorge Isaacs. Una italiana, Francesca Gargallo, dijo que era una novela machista. Y luego … silencio, silencio, silencio… lo que no sucedió con Mujeres amadas, la novela que dediqué a la Nauyaca, que sí recibió abundantísima crítica en ocasiones muy entusiasta y a veces denigrativa. Por una parte dijeron que era “la novela amorosa de la década”, por otra comentaron que inauguraba un nuevo género, el de “sex fiction”. O no, me equivoco: lo de Sex fiction fue dirigido contra Las noches de Ventura, novela, segunda de  la serie El libro de la vida, en la que narré descaradamente mi vida de soltero durante los primeros años en Xalapa.

Marco Tulio Aguilera

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