En defensa de Bolaño

Stanislaus Bohr, pseudónimo de un impetuoso y joven escritor colombiano sobre quien he escrito en más de una ocasión, rompe en la siguiente carta sus lanzas por Bolaño, en respuesta a mi anterior comentario publicado en este blog y titulado El motor de la envidia. Publico su carta, tan detallada y bien escrita que obviamente buscaba ser publicada en el mismo medio. Al final borré asuntos personales, pero no puedo dejar pasar una especie de afectuosa amenzaza de muerte crítica contra mi Historia de todas las cosas: "¡Ay de tí si no me gusta!" ¡Si supiera mi amigo Bohr que las críticas adversas son las que atesoro con mayor cariño!
Estimado Marco: que a un escritor no le diga mayor cosa la obra de otro escritor no significa que le tenga envidia (al autor). Significa simplemente que no le interesa (su obra), y eso se explica por muchas tendencias y aspectos subjetivos e inquietudes literarias concernientes a la biografía del despreciador y a la época que le tocó vivir. A Bolaño no le interesaba la obra de García Márquez, pero era un provocador. Hugo Hiriart publicó hace poco El arte de perdurar, en que analiza la vigencia de Borges y el eclipse de Alfonso Reyes, pese a que Borges admirara a Reyes. Una de las conclusiones más notables, es que en el ascenso social de Borges se debe en parte a su mala leche y su arte de despreciar la obra ajena. Es decir: a su conducta polémica. Y el silencio de Reyes a la timidez y el excesivo ensimismamiento. Ante lectores del espectáculo, mediatizados, cada vez más atentos a las declaraciones públicas de los escritores en los suplementos, ante la puesta en escena de una vocación, más que de la obra, sólo será famoso el que asuma el rol de chico malo. Lo que es insoslayable si lo que quieres es ser famoso, pero trivial si lo que quieres es escribir una obra estética.
De otro lado, no creo que a Vila-Matas le quepa envidia de la fama de García Márquez ni que le atraiga ser el ídolo de multitudes, si lo que ha buscado con sus libros es borrarse. Vila Matas y Bolaño son autores que se alejan de García Márquez y Vargas Llosa en sus postulados estéticos y en sus posturas públicas. Autores que se entregan a otros cauces y tratan de reivindicar otros caminos más acordes a sus intereses. Que a un autor le guste mucho la obra de otro no significa que le influencie negativamente. Hay influencias en la prosa, claro, pero hay otras influencias menos impalpables y más definitivas: que te influencien la vida, por ejemplo.
La vida larga y aventurera y vocacional que has vivido te debería mostrar en perspectiva cómo las generaciones van cambiando y el mundo en el que se nace hoy se envejece en un día. Yo mismo, que nací en los 80s, cuando García Márquez estaba en vísperas de ser un Nobel no tengo mayor arraigo ni seducción ni información de sus actitudes, y el interés que me produjo en El Otoño se eclipsó luego con Del amor y Memoria de sus putas. Nada de su vida importará dentro de cuarenta años cuando García Márquez sólo sea un nombre estampa en la solapa de una docena de libros o al comienzo de un archivo digital.
Ya una vez te desafié a pelear a nombre de Roberto Bolaño. No me obligues a defender el título mundial.
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Stanislaus Bohr

Marco Tulio Aguilera

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