El deleitoso regreso a la rutina

Hoy, de regreso a mi rutina en Xalapa, después de batir mi marca en los cien metros libres natación por cinco segundos, doy por superado el bache en mi entrenamiento ocasionado por quince días de comer paellas, tapas, butifarras, tomar vinos y no hacer más ejercicio que caminar y caminar por las calles de Madrid y Barcelona: hice un minuto treinta segundos 87 centésimas en los 100 metros estilo crawl. Y no fue en competencia sino en un entrenamiento normal... De modo que si en la próxima competencia en Aquabel, Veracruz, en noviembre 25 (creo), me vuelvo a encontrar con Arturo Moreno Loyo, ex campeón panamericano, quien me ganó todas las competencias el año pasado, es posible que pueda nadar a su ritmo e incluso ganarle.
Con "El Príncipe de Mónaco, Alexis", famoso personaje de San Isidro, incluido en mi novela Historia de todas las cosas
No puedo hacer una evaluación de lo que sucedió en España. Ya he contado en pasadas entradas lo básico. Habrá que esperar a ver si fructifica la siembra de mi novela Historia de todas las cosas. ¿Qué se puede esperar? Comentarios, reseñas, que la novela se venda, se agoten lo ejemplares disponibles, que se reedite, etc. Y que suceda una reacción en cadena que lleve la novela a otros países, que consiga traducciones, etc. Eso importa, claro, pero no es lo más importante. Más por mis editores que por mí, me interesa que la novela sea un éxito. Yo ya comí de ella, ya engordé un poco, ya viajé... y ahora estoy de nuevo en mi rutina. Vienen asuntos agradables: la presentacion en Puebla, donde tengo más buenos amigos y lectores que en Xalapa (lo que no es sorprendente sino perfectamente natural): Jorge Arturo Abascal, que ahora tiene un importante cargo en la cultura del estado; el poeta PIM, que acaba de sacar un libro que tiene que ser excelente, a juzgar por el anterior, que escribió en magnífico dueto con Beatriz Meyer; mi editor preferido, Ricardo Moreno Botello y su brazo derecho, la encantadora Cecilia Moreno y toda la gente del SOGEM, con la que me ligan viejas y amables ataduras... Y después, la presentación en el DF, para la que cuento con el apoyo de mi Gran Ex-Jefe, director del Fondo de Cultura Económica.
Por otra parte, después de un desencuentro con Alfaguara (lo que ya es casi un juego) mi libro Cuentos para después de hacer el amor, podrá salir en una nueva edición EN LIBRO (la 14) en Editorial JUS, mientras quedo a la espera de que salga la edición electrónica en Alfaguara. Edición que será simultánea con el e-book de El pollo que no quiso ser gallo, en Alfaguara Infantil, que sigue vendiéndose en México, Colombia y otros países, literalmente como... sí, como pan caliente.
En reserva tengo mi novela inédita El sentido de la melancolía, para la que ya se apuntó un editor ya citado en esta crónica de actualidades.
Mis alumnos de las facultades de Letras y Danza me recibieron con 30 ensayos sobre Cien años de soledad y 25 ensayos sobre Mi vida de Isadora Duncan, de modo que estos días han sido de corregir y corregir trabajos. Tras varios días de jet lang y de trasnochar trabajando y pendejeando en facebook y twitter, por fin hoy me siento descansado. Y si había envejecido cinco años en mi viaje, ahora rejuvenecí diez, de modo que me siento ¡bomba! Salí ganando.
Me encontré con mi querido rector, Raúl Arias Lovillo, con el que había tenido un desencuentro antes del viaje motivado por mi egolatría y su bonhomía. Ya remendamos el entuerto. Acaba de ingresar a la Academia Nacional de Economía y lo felicité. El también me felicitó por mis "exitos". Pongo éxitos entre comillas, porque en realidad el único verdadero éxito es ser feliz y estar en paz. Dos estados que me parece hoy se acomodan a mi andadura por este mundo xalapeño.
Trabajo en la Editorial de la Universidad Veracruzana por las tardes, en absoluta soledad, lo que es un paraíso. A veces me pregunto por qué creyendo hacer el mal hago el bien o al revés. Escribe Héctor D'Alessandro que tengo una personalidad virtual estereofónica. Me´parece que es una especie de crítica porque estoy demasiado presente en las redes: tres blogs, facebook, twitter, linkedin. Ya me había dicho algo de eso Ales Gutiérres: mis mensajes corren el riesgo de volverse spam. Pero, ¿qué puedo hacer, si el mundo me hizo así? Yo me soporto. Ojalá el mundo aprenda a soportarme. Gracias a mi amigo el escritor de dos metros diez, Medardo Arias, por ofrecerme el Premio Nobel. Tengo una lista de amigos que ya me lo han ofrecido. Son como 30 inocentes. Primero se lo dan a Chespirito. O a Murakami (cuya novela 1Q84 me ha parecido vacía, vacía, hasta el punto que la he abandonado y a cambio de ella incié con gran deleite la lectura de Mis años de juventud, de Artur Rubinstein, publicada orgullosamente por nuestra Editorial de la Universidad Veracruzana, en traducción del poeta Jorge Brash y editada por mi amigazo Silverio Sánchez).
Con mi querido maestro Faustino Chamorro, en Costa Rica, celebrando mi regreso a mi pueblo: San Isidro de El General de la Quebrada de los Chanchos, donde se desarrolla mi novela Historia de todas las cosas
¿Escribir? Nada. Ya me deslomé a principios de año y terminé El sentido de la melancolía, lo que me ha dado licencia para vagabundear el resto del año, dedicarme a la academia, a nadar, a competir y un poco, nada más un poco, a la farándula literaria. Por lo pronto ya tengo anotado un viaje a Neiva en mayo (creo) para celebrar un aniversario del Premio Internacional de Novela José Eustasio Rivera (el más antiguo de Colombia), que inauguré ganando con mi novela Los placeres perdidos.

Marco Tulio Aguilera

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