Hay que someter el modelo flexible de la Universidad Veracruzana a ajustes

Recientemente dos personajes que tienen peso en la vida académica de la Universidad Veracruzana cuestionaron el famoso, criticado, sufrido, soportado, defendido por algunos, atacado por muchos, acatado por la mayoría... modelo flexible, MEIF. Las razones que dieron Levet Gorozpe y Montfort Guillen para poner en entredicho el MEIF son respetables y creo que merecen atención.
Que fracturan los tiempos de estudiantes y maestros, que relajan la necesaria disciplina al permitir que los estudiantes prolonguen sus carreras demasiado, que disgregan los grupos, que favorecen a los profesores en perjuicio de los estudiantes, que  lastiman la economía de los estudiantes que tienen que usar varias veces el transporte público... todo esto se comenta en privado, en petit comité y a espaldas de las autoridades... Que las autoridades se empeñan en sostener un modelo que ha demostrado su ineficiencia. Todo esto se dice. Pero estas críticas y censuras se hacen en voz baja.
Dicen que cada quien habla de cómo le va en la fiesta, en la feria o en la vida. Lanzar afirmaciones generales es aventurado. Yo no puedo decir que sufro mucho el modelo flexible, pues sólo doy dos materias, de 8 a 10 de la mañana, y después cumplo co mis horas de oficina  en la Editorial... pero sí debo decir que me entero de los saltos de mata que tienen  que dar los estudiantes para asistir por la mañana, a media tarde y a veces por la noche a sus clases, sé de las  penalidades, de los apuros económicos, de la incapacidad de los muchachos por mantener un empleo normal de medio tiempo por lo menos. Un ejemplo: mis alumnas de la Facultad de Danza tienen una clase a las siete de la mañana y otra a las nueve de la noche. Con qué ánimo de van a levantar tan temprano para asistir a mi clase de Lectura y Redacción después de la clase de la noche anterior en la que el ejercicio físico las deja extrenuadas.
Una pregunta: ¿Por qué en Estados Unidos sí ha funcionado (ocasionalmente) el modelo flexible? Pues porque en las universidades de ese país los muchachos prácticamente viven en la misma universidad: en residencias cercanas a las aulas; comen en comedores universitarios y allí mismo tienen su vida social (su Union Center, con billares, salones de fiestas, etc). Aquí los muchachos a veces hacen uno o dos y en ocasiones hasta tres viajes de casi una hora para llegar al campus.
La filosofía de muchos académicos es callar en público y chismorrear en privado. No llevan a cabo una crítica seria y fundamentada. Están tranquilos, apoltronados, con sueldos más o menos decorosos. No cuestionan nada. Saben de irregularidades, inconveniencias y otras deturpaciones, pero callan. Y callan sin razón, pues el amismo rector Arias Lovillo ha pregonado la necesidad de la crítica. Una universidad sin crítica no es una universidad. Es un... (ponga usted la palabra sobre la línea punteada) ..........

Marco Tulio Aguilera

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