LA FRUSTRACION DE LOS ESCRITORES DE LITERATURA INFANTIL

El siguiente es un pedazo de conferencia sobre Literatura Infantil que escribí hace quizás 15 años. Ya el libro que menciono ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil en México bajo el título de El pollo que no quiso ser gallo (Alfaguara Infantil).

Este es el punto de vista de un escritor con respecto a lo que sucede con un libro de cuentos infantiles en México. Si uno se asoma a una librería bien surtida y camina entre los estantes donde se halla la literatura infantil, llegaría tal vez a sentir que se escribe mucho, se publica mucho, que hay una vida exuberante en esta literatura, que quizás sea la más importante del mundo, pues de ella depende el futuro de los libros. Pero la verdad es otra, muy otra, una realidad tan triste, tan desoladora, como la de un paseo en avioneta sobre los antiguos bosques de Chiapas. Si hay algo parecido a una ordalía o prueba iniciática en este mundo contemporáneo es la que padece el escritor, no para escribir (pues ello es un placer inefable) sino para publicar lo que escribe. En mi caso particular, nada haría pensar que un día yo llegara a escribir un cuento infantil o incluso más, un libro de cuentos infantiles. Antes de incurrir en la literatura infantil probé muchos registros, que iban de la novela sentimental a la erótica, de la novela de la formación de un pueblo, al cuento de fantasmas, del cuento de vampiros al teatro. Pero me llegó la paternidad, esa especie de segunda infancia, y tuve que vivir de nuevo el encanto del relato infantil, que  me sirvió para combatir, provisionalmente al imperio de la televisión y los videojuegos. Cada noche, después de las tareas y después de la televisión, en casa se apagaba la luz y los niños, con los restos de energía,exigían de manera perentoria un cuento ¡Cuento, cuento, cuento!, era el grito que a dúo ponía un reto a mi imaginación.  Y es que los niños ya no querían que les leyera cuantos de Andersen, Grimm u otros, sino cuentos inventados, sacados como los chasquidos de dos dedos, de la nada. De aquella cerrada oscuridad y de la exigencia a veces demasiado arbitraria de mis hijos, surguieron los cuentos de mi libro, que desde su gestación hasta su no publicación, tuvo varios títulos: Cuentos para antes del sueño, El Chapoto y otros cuentos, Cuentos para Héctor y Sebatián, Un cuento chino y otros cuentos, El arbol de durazno.
¿Qué hacer con un libro de cuentos infantiles en México? Hay básicamente dos alternativas: ganar el Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada u otro concurso importante (lo que no asegura de ninguna manera que el libro será publicado...y de esto tengo casi una estadística basada en una antologia que publica textos de los 2 años del concurso: de los veinte premiados en más de doa dácadas, solamente han visto publicados sus libros a lo más cinco). La otra alternativa es el camino del tlaconete optimista: mandarlo a una editorial y esperar dos años, luego mandarlo a otra y esperar dos años, luego mandarla a otra y esperar dos años, luego mandarla a otra y esperar dos años. Si bien le va al optimista tlaconete, a los diez años el libro encontrará su editor. Ah...hay un tercer camino, que llamaremos el institucional: ser amigo de un gran editor, quien ni tardo ni perezoso editará el libro, sin impoortar la calidad de éste. Regreso al famoso libro de Campeche: ¿Quienes de estos escritores han visto publicados sus libros? No los más talentosos, sino los más tercos o los que tienen más relaciones personales.
¿Que sucede aquí? La respeusta es elemental: NO HAY PROFESIONALISMO ENTRE LOS EDITORES Y LAS EDITORIALES DE LITERATURA INFANTIL EN MEXICO. Se que suena fuerte y que no faltará quien proteste y mencione cifras y nombres, pero yo no estoy hablando cientificamente sino en base a una experiencia: la mía, y de ella hago ciencia, porque sé que no soy mal escritor y se que he sometido mi libro a editoriales de prestigio, en las que con gran elegancia, despues de un año o más de espera se me informa que "su libro no se publicará y punto-..."

Marco Tulio Aguilera

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