POR FIN LIBRE


Ya terminé la corrección final de El sentido de la melancolía trabajando sesiones de cuatro horas en la USBI Xalapa desde enero hasta hoy 31 de marzo. Es una novela muy diferente a todo lo que he escrito hasta la fecha. Creo que es además de una novela un tratado sobre la depresión. Un tratado serio, muy documentado. Además un testimonio de primera mano. He decidido guardar la novela un año completo, no sólo porque quiero leerla con ojos frescos y porque quiero que se añeje, sino porque este año habrá varias publicaciones y no quiero que se junten. La más importante, mi novela Historia de todas las cosas (580  páginas) que es una especie de ajuste de cuentas con el realismo mágico y con una especie de leyenda negra que se creó en torno a la primera novela que publiqué cuando yo tenía 24 años: se dijo que esa novela era una imitación de Cien años de soledad. Esa primera novela, que publicó Daniel Divinsky en Buenos Aires en Ediciones La Flor (la que publicó a
Quino, Fontanarrosa, Umberto Eco, etc.)  se llamó Breve historia de todas las cosas. Muchos años después (36 años después) gracias a un generoso permiso que me dio Joaquín Déz-Canedo cuando era director de la Editorial de la Universidad Veracruzana, pude dedicarle un mes entero a esa obra: la reescribí de principio a fin, en sesiones que a veces eran de veinte horas continuas (incluso renté un apartamento y me aislé de  mi familia). Le aumenté casi 300 páginas, le quité al título la palabra "breve" y, listo. En esa novela me burlo del realismo mágico, llevándolo a ciertos extremos, pero planteo otros temas que sería largo y complicado explicar: la invención de lenguajes a partir de un falso latín, la ruptura de la verosimilitud, etc. El cambio de título también obedece a otra razón: el filófofo (la errata creo que resulta providencial en este caso) Ken Wilber publicó un libro con el mismo título de mi novela, que había aparecido veinte años antes que su libro.
Ricardo Moreno Botello decidió publicar la novela en Educación y Cultura, una editorial seria, no muy grande, pero que persigue fundamentalmente la calidad. Después de batallar con editoriales grandes sufiendo a veces desaires --Marisol Schultz, cuando era directora de Alfaguara Mexico prometió publicar todos mis libros y no cumplió: eso fue cuando fui finalista del Premio Alfaguara y la editorial decidió mantener el asunto oculto para que no se establecieran comparaciones con la novela premiada, La piel del cielo, una pésima novela de la princesita de la literatura mexicana a la que le podrán dar todos los premios del mundo, incluso en Nobel, pero eso no la hará una buena novelista. En síntesis, tras andar en tratos con Alfaguara, ahora estoy publicando mis libros en editoriales independientes y sin estar sujeto a sus condiciones.
En fin: habiendo terminado mi novela de la melancolía me siento bastante libre. El sábado si no hace mal tiempo emprenderé un viejo sueño: nadar en grupo en mar abierto, saliendo de Playa Cocos, Veracruz, hasta llegar a Isla Sacrificios, ida y vuelta (no sé si voy a aguantar el paso de los nadadores, pues ellos son jóvenes de  edad y más viejos que yo en el oficio de la natación: yo apenas tengo dos años entrenando). No sé la distancia: creo que son entre 3 y 5 kilómetros. Será un poco complicado pues nunca he nadado en mar abierto distancias largas... pero lo intentaré. Cumpliré así uno de mis sueños de paranoico superhéroe. Mi esposa no está muy contenta con el plan, pero qué puede hacer con un loco como yo. Otra cosa: abandoné la lectura de La sangre erguida de Enrique Serna. Premio Antonin Artaud. Parece que los premios son garantía de... No voy a hacer comentario alguno. Feliz está Serna con la cauda de elogios y premios que ha recibido por su libro. No  hay nada peor que arrellanarse en el trono que construyen los corifeos. No seré uno de ellos. Aprecio mucho al viejo Serna para aplaudir sus obras más recientes. Mi pasado comentario a Fruta verde, su pasada novela, parece que lo ha distanciado de mi persona. Lástima. Considero que es más respetable recibir una crítica honesta que una elogiosa pero falsa. Tengo en mi mesa El orgasmógrafo. Lo leeré "hasta donde aguante", como me dijo una vez García Márquez refiriéndose a un manuscrito que nunca publiqué y que se llamaba (lo perdí) La región del azar necesario.  
Ahora lo que queda por esperar este año es la 3a edición de Mujeres amadas, la 8a reimpresión de El pollo que no quiso se gallo, las nuevas ediciones de Cuentos para después de hacer el amor y Cuentos para ANTES de hacer el amor (que posiblemente vaya a presentar en la Feria de Guadalajara). También las dos conferencias en la Feria del libro Universitario. Después el regreso a dictar clases en la Unidad de Artes. En octubre el viaje de conferencias a España. Y lo que venga. Como dicen mis compatriotas ticos, ¡PURA VIDA!

Marco Tulio Aguilera

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