MARCO TULIO VISTO DESDE AFUERA

Crónica de un encuentro con Marco Tulio Aguilera Garramuño
San Isidro de El General, Complejo Cultural
04 de Agosto de 2010

Juan José Mora Cordero es un abogado aficionado a la literatura y escritor de crónicas. Tras asistir a una conferencia de MT en San Isidro de El General, Costa Rica, escribió lo siguiente:

jjmorac@gmail.com
 

Son las seis menos cuarto. Estamos citados, según cronograma publicado en la web y volantes repartidos por doquier, a las seis en punto en el auditorio del Complejo Cultural de la ciudad de San Isidro de El General, la ciudad que según el conferencista invitado, un día quisieron convertir en un “Macondo tico”. Somos pocos los que estamos en el salón de eventos. Unos veinte o treinta a lo sumo. Eso sí, todas, caras conocidas. Impacientes, miramos el reloj a cada rato, pues hasta hay algunos que se atreven a insinuar que a las ocho en punto empieza el clásico de fútbol nacional. Cita impostergable para ellos.
De Marco Tulio ni asomo aún. De pronto al filo de las seis entra en el salón un grupo de funcionarios de la Sede Región Brunca de la UNA. Institución anfitriona del afamado escritor. Renacen esperanzas. Interesantemente y, pese al clima de confianza, nadie pregunta nada acerca de él. Hay una complicidad clandestina de que este carajo no nos va a dejar plantados y de que de seguro ya habrá llegado al lugar.
De pronto, como a las seis y veinticinco minutos, entra un tropel de gente al salón. Más caras conocidas y muchos de ellos vienen con una sonrisa en el rostro denunciando complicidad y atento humor. En un momento inesperado entra una mujer morenita al auditorio, prácticamente sin escolta alguna. Una desconocida al fin!!! Se sienta en las sillas de adelante frente al podio del conferencista. Viene vestida muy elegante. Un sobretodo negro y debajo un traje de pantalón y blusa asedada. En un momento inesperado se levanta de su silla y saluda a sus vecinos presentándose: “Buenas noches, yo soy Leticia... la esposa de Marco Tulio.” ¡Todos quedamos estupefactos!
En ese preciso instante entra al salón Marco Tulio. Pantalón y chaqueta negros y debajo una camisa gris claro. Canas en su cabello y en su barba bien cuidada. Se nota el paso del tiempo comparado con la foto de la contraportada de su libro que nos ha convocado allí: pero por lo demás podría decirse que su rostro es el mismo y su porte atlético y bien cuidado denota a alguien aficionado al deporte.
Inmediatamente se sienta en su lugar en el escenario. Le rodean administrativos de la Sede Regional Brunca de la UNA. José Luis Díaz Naranjo le presenta al público ansioso: Que el señor es Marco Tulio Aguilera Garramuño. Que ha llegado apenas hace un rato a la ciudad de San Isidro. Que ha escrito infinidad de libros y entre ellos se destaca uno que ha hecho para niños llamado “El pollo que no quiso ser gallo” convertido en un best seller en la actualidad con más de 40.000 copias vendidas y, al fin, se habla de la “Breve historia de todas las cosas”, que es el libro, escrito por este señor, que nos ha convocado allí esa noche. Sin mucho preámbulo y acostumbrado a esas lides, Marco Tulio toma la palabra. De entrada comenta que en la puerta del Complejo Cultural lo avasallaron un grupo de ex compinches de juventudes y andadurías y que, entre otras cosas, le evocaron la manera inmisericorde en que le asaltaban cada fecha de pago para jugar 21dejándolo rápidamente sin un cinco. Risas cómplices se aunaban a lo dicho por el escritor, desde el auditorio. Su disertación empezó con un reto: “Acostumbro preparar mis conferencias y luego las olvido por completo o me salgo de ellas. No se asusten si termino diciendo cualquier tontería.” Explicó rápidamente lo de las jugadas de naipe y saludó a algunos de sus ex compañeros que se encontraban allí en el Complejo desde lejos. Y de pronto tomó en sus manos unas hojas impresas y empezó a leer su conferencia.
Ya esperábamos algunas cosas consabidas. Se auto nombra y se utiliza como su propio personaje llamado Monego. Se describe a sí mismo como hijo de su madre… literalmente… Contó de la manera en que su madre los metió a él y sus hermanos en una camioneta para salir huyendo de las erupciones del Volcán Irazú en el año 1963. Esto los condujo a esta ciudad de San Isidro, que por entonces era un pueblo en su memoria, la cual manifiesta, haciendo un paréntesis en su lectura, que es el sitio que más le resulta entrañable de todos los que ha visitado y en los que ha vivido y que efectivamente considera muy aferrado a su memoria y su corazón.
El público exhala. Algunos sonríen. Otros como que no se la creen…
Nos cuenta que escribió su “Breve Historia” enteramente en Colombia mientras cursaba estudios de Filosofía allá por el año 70. Que la terminó y nunca creyó que podría ser publicada. Tenía 23 años cuando eso. Se ve hoy día a sí mismo -en retrospectiva- como un insensato inmaduro.
Nos narra de sus estudios de filosofía en la Universidad del Valle en Colombia y de sus encuentros infructuosos con Kant y con el profesor que intentaba enseñárselo. Manifiesta que la desidia por lo filosófico hizo aflorar su deseo por escribir y al final del año el resultado fue un curso aplazado de filosofía y una novela escrita, cuyo manuscrito constaba de unas quinientas páginas.
Contó como sedujo a tres escribientes (de cuyos nombres no logro acordarme más que de una de nombre Eva), para que le mecanografiaran el texto. La razón de ello, no sabía escribir a máquina y además él mismo no tenía máquina y no podía comprarla.
Sigue leyendo y hace un recorrido por sus consabidos encuentros con algunos famosos de la literatura con quienes comentó acerca de este libro. Su reto autográfico a Gabo a quien augura matar… literariamente. Su encuentro con un editorialista y escritor a quien tilda de homosexual y quien trató de subirle la pantaloneta (“chingoleta” más bien según la describió) de atletismo y quien leyó su novela y se la devolvió plagada de puntos, comas, hipérboles, rayas y quejas… Fue fuertemente censurado por la puntuación de la novela y enviado con colilla a leer los clásicos… todo lo cual hizo obediente.
Contó cómo llegó la novela a manos de la Editorial La Flor y de Daniel Divinski a quien retaron diciéndole que era el único en el mundo que se animaría a publicar una cosa como esa. Y en efecto Divinski no sólo la publicó sino que además retó al público a leerla, en la contracarátula del libro, como una novela mejor que “Cien Años de Soledad” y presentando a Marco Tulio como un escritor mejor que el mismo Gabo.
Narró que la obra, una vez publicada llegó a manos del jurado del Premio Nacional de Novela "Aquileo J. Echeverría” y que en 1975 se le otorgó ese premio. Y allí mismo se confesó adicto a los premios los cuales ha ganado en demasía, aunque confiesa también que no en la calidad que él quisiera, o al menos en la dotación económica esperada, pues aún le debe un helicóptero a su fantasía, una piscina a su esposa y una casa nueva a su familia.
Luego hace una pausa y reflexiona acerca del odio que sabe que algunos le tienen en el pueblo por haber sido “bendecidos” o “maldecidos” con ser sus personajes. Suspira hondo y cuenta un trance de su vida en el que vivió en la márgenes del Río Térraba y en un pueblito allí sufrió la condena pueblerina y la calumnia de la violación de una indígena. Explica que todo ello está relatado en su obra: “El amor y la muerte” que también habla de San Isidro y de ese lastimoso trance en su vida. Reta al público que si alguien tiene una copia del libro éste, se lo regale, a cambio de dos de sus últimos libros y de un ejemplar autografiado de “El amor y la muerte” una vez que sea reeditado. Un pobre aficionado a la lectura sentado en las filas delanteras se compromete con el trato... pero casi obligado por la inquina del auditorio.
Explica Marco Tulio la razón de su seudónimo Monego. "Mon" de "mi" en francés. Y "Ego" de "yo". Monego es entonces "Mi yo" (más bien “su yo”) su alter ego… el que espera justifique su producción literaria, incluido por supuesto el libro que causó tanto sufrimiento y rencor hace unas décadas atrás en el pueblo que hoy le acoge.
Luego Marco Tulio abre el espacio para preguntas. Son pocas las intervenciones. Pero le dan espacio para reflexionar y casi exclamar una disculpa pública. “Este libro fue escrito por un joven irresponsable, que no tenía una puta idea de cómo escribir una novela y que jamás pensó que se la iban a publicar.” Debe leerse, según sugiere, como literatura y no como una referencia a verdades que allí se narren. Se confiesa mitómano y manifiesta que la carga imaginativa de la novela es mucho mayor que la real.
Marco Tulio se despide y el aplauso no deja esperar. Luego subimos algunos por nuestro autógrafo. De rigor…

PD: Estaba yo a su lado en el escenario esperando mi autógrafo. Se le acerca por detrás una hermosa señora. Y le dice: “Hola Marco Tulio. ¿Cómo estás? Yo soy ‘la sombrilla’ del Poeta Gordo.” Así, lapidaria. Sin lubricante. Marco Tulio se queda atónito y sufre. Pero no en solitario porque yo lo estoy viendo de cerquita.


Marco Tulio Aguilera

No hay comentarios:

Publicar un comentario