EL AGUJERO NEGRO

Una página de El sentido de la melancolía, novela en la que estoy trabajando.

La melancolía es un agujero negro. Se traga toda la luz. No deja escapar nada. Es como una puerta que vincula todo tiempo y todo espacio. Cuando se entra en un agujero negro se sale al otro lado de la galaxia en un parpadear. El que cae en un agujero negro, si logra salir,  sale transformado. Es otro. Ha visitado el infierno. Ha estado al borde de perder toda esperanza. Y sin embargo tal vez gracias al poder de la voluntad o gracias a Dios (quizás Dios no sea sino otro nombre que le damos a la voluntad, dice Joseph Glanvill, creo) ha salido del sitio de donde nadie sale. Logra escapar del último abismo triunfante, luminoso, como un ángel que ha recuperado el trono, el aprecio del Señor y está seguro de  que nunca, nunca más estará dispuesto a perderlo. Sobre la puerta de entrada al infierno hay un mensaje:

Vosotros que entráis aquí, perded toda esperanza.
Así es la melancolía: quien entra a ella pierde toda esperanza. La melancolía, como el hoyo negro, se traga todo, incluso la luz. Es un maelström que absorbe todo con una fuerza de gravedad que va eliminando lo que hay a su alrededor. Llegará un momento en que el universo entero será tragado por un hoyo negro. ¿Qué es todo lo existente? Energía. ¿Qué pierde el deprimido? La energía. Ya nada lo anima, nada le interesa, nada lo mueve. La vida es movimiento. La muerte, inmovilidad. El deprimido está muerto. ¿Qué es lo que hace que un ser humano se levante de la cama, desayune, se bañe, se vista, vaya a trabajar, ame, emprenda una obra? La respuesta es la siguiente: todo se origina en un impulso eléctrico que partiendo del cerebro ordena a los músculos comprímanse, dilátense, muévanse, meneen el esqueleto, activen la circulación. Pero, ¿existe escapatoria del hoyo negro? Hay científicos que postulan que sí. Que en realidad los hoyos negros son atajos en el tiempo y en el espacio, claves, cifras, enigmas, ombligos. Postulan o suponen que entrando en uno de ellos se puede llegar al otro extremo del universo en cuestión de segundos, de la misma forma en que la persona que  divaga puede pasar en un milisegundo de la primera escena recordable de infancia al momento previo a su muerte. O de la misma forma que al trascender un umbral en la Tierra se podría salir en algún desconocido planeta de Alfa Centauro. Otros científicos afirman que no hay escapatoria: los hoyos negros simplemente se tragan todo y todo lo comprimen, lo reducen, lo minimizan. La mente humana es el misterio. El universo es el misterio. Hay simetrías. ¿Hay escapatoria a la melancolía? Sí la hay. Lo han demostrado infinidad de casos.  Cuando Schumman escapaba de sus melancolías tenía periodos de productividad verdaderamente sobrehumanos. En un año compuso 136 lieder y escribió: Desde ayer en la mañana  he escrito 27 páginas de música de las que sólo puedo decir esto: mientras las componía reí y lloré de alegría.  Exigía a su familia absoluto silencio. Gustav Malher cuando caía en estados depresivos se quejaba de los ruidos ambientales, del sonido que producían los pájaros construyendo sus nidos, de los ecos lejanos que atravesaban el lago Worthersee. Calificaba a todo lo que rodeaba sus refugios como la barbarie del mundo exterior. Héctor Beriloz explicaba a qué extremo de escepticismo podía llevarlo su hundimiento: Para cualquiera que esté poseído de este tipo de melancolía, nada tiene significado, la destrucción del mundo apenas le afectaría. Cuando me acometen esos sentimientos, desearía que la Tierra fuera una granada rellena de pólvora, a la que le acercaría un fósforo para divertirme. Y sin embargo hay salida. Y esa salida del hoyo negro puede ser mediante una explosión de júbilo y productividad, de dicha soberana e incomparable, de amor pleno y satisfecho, de gloria como sólo podría hallarse quizás en el cielo. El gran misterio del cielo: contemplar el esplendor de tu rostro, Señor. El que mueve el sol y las estrellas. El amor. Dios es amor. Dios mueve el sol y las estrellas. Sólo quien haya estado en el infierno puede disfrutar plenamente del cielo. Entonces quizás podamos hallar el sentido del pecado, la significación del mal, la gran simetría moral. Arthur Clarke explica por qué el Sistema Solar no se colapsa, por qué la fuerza de gravedad del sol no hace que todos los planetas caigan sobre él ocasionando un cataclismo irreversible. Dice Clarke que en el extremo del Sistema Solar está Plutón, un planeta enorme, cuya fuerza de  gravedad sirve de contrapeso al poder gravitacional del sol. Entonces el Sistema Solar y todo el Universo tal vez  no estén concertados sino gracias a un conjunto de contrapesos que equilibran los cuerpos celestes. Imaginar entonces la sublime obra de ingeniería cósmica que sería el Universo y cuan portentoso ingeniero divino fue el que lo concibió, lo puso en marcha para que ya por sí solo siguiera andandox

Marco Tulio Aguilera

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