CREADORES ASALARIADOS EN MEXICO

La revista Otrolunes, que publica el escritor cubano Amir Valle, clasificada como una de las mejores revistas virtuales de literatura en Europa, publicó en su número más reciente mi artículo de controversia contra El Sistema Nacional de Creadores de México... En el siguiente link hallará el artículo y la revista... Puede leerlo en el link (y conocer una excelente revista) o directamente en el blog...
http://otrolunes.com/?otra-opinion/marco-tulio-aguilera/creadores-asalariados/

Artistas y escritores asalariados en México
En México existe un programa de becas y subvenciones para los artistas que a lo largo de los años ha suscitado indignación, suspicacias, delaciones, complicidades y que ha propiciado el surgimiento de camarillas y el desarrollo de varias generaciones de artistas  subvencionados que en general no han producido obras artísticas de calidad. Habiendo entrado al  Sistema  –Sistema Nacional de Cultura se llama el engendro burocrático--, los artistas, tras ser sometidos a un examen en el que, según las reglas, son fundamentales los curricula, premios y proyectos, los seleccionados entran en una espiral de complicidades, complacencias y fingimientos con tal de seguir recibiendo sus sueldos por meses, años y a veces a perpetuidad. Muchos de los que no han sido privilegiados han cuestionado los defectos del sistema. Arguyen que en muchos casos los seleccionados no son ni siquiera artistas sino protegidos, amantes o empleados de los capos de la cultura. Argumentan que algunos que entraron inicialmente por méritos, con tal de seguir recibiendo sus cheques, inventan proyectos de novelas u obras que no cumplen. Dicen que a los privilegiados no se les evalúan los proyectos y que estos terminan siendo sólo papeles que aumentan las toneladas de basura almacenada en los archivos..
Las comparaciones son inevitables: escritores de gran valía han sido marginados para dar entrada a donnadies, que no tienen obra. Un autor de indudable talento como Oscar de la Borbolla ha ejercido su proverbial don de la ironía: no lo llama Sistema Nacional de Creadores, sino Sistema Nacional de Cretinos.
En cónclave se reúnen, cuando llega la hora de seleccionar a los que les toca su rebanada de pastel, algunos  notables de la cultura y deciden a quién premian y a  quién no. Eusebio Ruvalcaba, en una de sus picantes crónicas en el periódico  El Financiero,  cuenta que estando en plena sesión del jurado entró el escritor Ricardo Garibay y vociferando exigió que se les concedieran las becas a las personas que él consideraba con méritos. Otro miembro del jurado relata que el célebre dramaturgo Emilio Carballido impuso en plena sesión del jurado el nombre de su compañero de vida, aunque careciera de méritos.
Ya anticipo las críticas: ¿cómo se atreve el articulista a utilizar noticias de segunda mano para argumentar? Respondo: en primer lugar, hay testimonios publicados por los propios protagonistas —a quienes les pareció pintoresco confesarlo después de pasado un tiempo—, así como numerosas protestas publicadas en prensa, y libros como Veinte años de infamia de Carmen García Bermejo y Codicia e intelectualidad de Víctor Roura; en segundo, las listas de beneficiados y jurados hablan por sí solas: basta con cotejar la recurrencia de ciertos nombres con las fechas en las que sus amigos fueron jurados y el resultado de su “producto” , y, en tercero, es un recurso válido, cuando los afectados se ven manejados por fantasmas, que guardan en secreto sus triquiñuelas. El secreto de los expedientes de los jurados es una de las reglas básicas de la autocracia cultural del sistema que ha tenido el control del presupuesto mexicano que se destina a las artes. Si se hace el análisis de quienes han detentado las becas por décadas encontraremos a directores de facultades, de suplementos culturales, de editoriales, a funcionarios, muchos de ellos con obras deleznables o de plano sin obra. Se premia a periodistas que favorezcan al Sistema, a editores que publican los libros de los capos, a funcionarios que reparten invitaciones a congresos, a obsecuentes reseñistas de libros o eventos, en ocasiones  incluso a meseros amigos de los jurados. ¿El resultado? Que se ha desarrollado una élite de multimillonarios de la cultura, becados de por vida, que están en todos los eventos y los viajes, reciben todos los favores y que en general se quedan en su primera obra, que puede ser de calidad, y luego producen sólo basura, para poder optar por una segunda, tercera e incluso perpetua beca. A veces se presentan obras armadas a la fuerza y traducciones que nadie revisa.
Ante tantas protestas que año tras año se presentaban, se ajustaron las reglas: ahora hay un pomposo Comité de Ética y los artistas marginados tienen la opción de plantear su controversia ante ese comité… Y como las sesiones son secretas, los quejosos no saben ni siquiera si sus casos llegaron a tan tremenda corte. Inútilmente se presentan las controversias, porque si no sirven a los capos o convienen a sus intereses, seguirán marginados.
Recientemente se ajustaron las reglas, pero no se cumplen. Condiciones básicas: tener obras reconocidas, tener premios, presentar un proyecto viable. Pero un artista puede presentar una tonelada de pruebas de su productividad y talento y ello no le valdrá de nada, si los jurados consideran por su soberana voluntad que la obra no es del agrado de ellos o no  favorece a sus intereses. Una de las condiciones básicas para ser marginado es haber ejercido la crítica contra el sistema (caso de Malú Huacuja del Toro, escritora de mérito y severa crítica) o contra alguno de los capos. Que hay vetos, no hay duda.
Sería muy sencillo evitarse tantas críticas: que eliminen el secreto y expongan las razones por las que se premia a uno y no a otro. Que se hagan públicos los curricula para fundamentar los resultados. Casos sonados: se otorgan becas a dos premios Nobel que no necesitaban un estímulo económico para escribir, a una hija de José Luis Cuevas, que no tenía proyecto de trabajo y lo confesó en su solicitud. Otros casos muy comentados fueron los de un crítico teatral sin obra artística y los de gran cantidad de personas que no tienen obra o la tienen muy escasa en comparación con otros. En la actualidad conocemos, por ejemplo,  el caso de Verónica Murguía que cuando fue favorecida con su primera beca de joven creadora, lo único que quedaba claro era que la recibía exclusivamente por ser la pareja sentimental del poeta David Huerta, ya que no tenía ninguna publicación ni “producción” que probara lo contrario.
Las becas se centralizan en el DF y sus instituciones. Sucede con frecuencia que incluso sin que se otorguen las becas, se compra el silencio de los excluidos, que permanecen acríticos esperando que en la próxima repartición les toque su parte. La creatividad y el ejercicio del criterio están secuestrados por el brillo de las becas.
Como podrá haber suspicacias que se levanten por estos comentarios que estoy emitiendo, argumentando que el autor de estas líneas es uno de los marginados, procederé a darles la razón, publicando a continuación la …

Carta abierta al Sistema Nacional de Creadores:
Voy a incurrir en mi deporte favorito: cultivar enemigos. Después de diez años de haber solicitado mi ingreso al Sistema Nacional de Creadores de México por razones que expresé en un virulento artículo en el inolvidable  Sábado  del periódico unomásuno,  decidí volver a solicitarlo. Mis razones para volver a pedir el ingreso eran bastante ingenuas: “Ya cambiaron las personas y las reglas. Tal vez ahora el sistema de selección sea más justo y apegado a derecho”. ¡Inocente y crédulo!: volvieron a incurrir en lo mismo: centralismo, amiguismo, premiación de la mansedumbre, repetición de los nombres de los escritores de antes que siguen siendo los mismos: la generación de multimillonarios de la cultura mexicana. ¿Por qué solicité mi ingreso al SNC? Porque tengo más de treinta años de pagar impuestos en este país, porque el dinero me lo daría México y no dos o tres papas de la cultura y porque considero que tengo suficiente trabajo, obras, trayectoria, oficio crítico, premios nacionales e internacionales, he dirigido la revista científica de la Universidad Veracruzana, fui del Consejo Editorial de  La Palabra y el hombre, soy lector e investigador de la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana, he sido director de talleres literarios en la Universidad de Nuevo León, en la Veracruzana y de otras seis universidades, he sido orador inaugural en varios congresos en Estados Unidos, he dictado conferencias en cinco países, tengo textos traducidos a varios idiomas, he sido nombrado tres veces Creador Artístico y Creador con Trayectoria en el Estado de Veracruz, he publicado 30 libros en La Oveja Negra, Plaza y Janés, Alfaguara, en Leega, Universidad Veracruzana, Universidad de Nuevo León, Punto de Lectura, Selector, Educación y Cultura, Universidad de Puebla, Planeta, Joaquín Mortiz, Punto de Lectura, Ediciones de la Flor. La lista completa de mis merecimientos podrá verla quien esté interesado en el vínculo que pondré al final.
La pregunta que podría hacerme para verificar si mi reclamo es justo sería la siguiente: ¿Es que acaso todos los cincuenta agraciados por las becas tienen trabajo meritorio que pueda competir con el mío? Me pregunto y le pregunto al SNC: ¿Quiénes son y que han hecho Alejandro Tarrab, Gonzalo Soltero, Jeremías Marquines, José Eugenio Sánchez, Julián Herbert, Max Rojas y treinta desconocidos más? Si se trata de pesar en una balanza cuantitativamente mi producto no me queda duda que ha habido injusticia. Si se trata de medir las obras cualitativamente, puedo exhibir y exhibí en la solicitud valoraciones críticas de autoridades de diez o quince países, de modo que tampoco creo que podrían superar mi trabajo. Las valoraciones de mi trabajo no fueron hechas por escribidores de ocasión, chayoteros, vividores de la cultura o boletineros, sino de personas respetables: Jorge Ruffinelli, Juan Villoro, Germán Vargas, Enrique Serna, Huberto Batis, Edmundo Valadés, José Agustín, Pedro Ángel Palou, Eduardo Langagne, Saúl Ibargoyen, Wolfgang Luchting, Raymond Williams y doscientas o trescientas auténticas autoridades en el campo literario. Entonces, me pregunto y le pregunto al SNC: ¿se aplicaron las reglas justamente o se tomaron en cuenta valoraciones extraliterarias? Intentaré explicarme y explicarle al SNC y a los lectores las razones que creo primaron en mi exclusión: llevo 30 años haciendo crítica literaria con absoluta libertad y sinceridad. No dudo que muchos, acostumbrados a las lisonjas, se hayan sentido agredidos. Que yo recuerde he publicado algunas reseñas no muy complacientes a libros de Fernando del Paso, José Revueltas, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Hernán Lara Zavala y otros treinta. La sinceridad se paga. El nombre del pago es ya muy conocido: “ninguneo”. Desde que desapareció del panorama cultural mexicano el suplemento Sábado  del periódico unomásuno,  que dirigía el rey de los heterodoxos, Huberto Batis, mi nombre no ha vuelto a aparecer en los medios culturales del Distrito Federal. Asumo y acepto que estoy cosechando lo que sembré: el sistema no paga a los críticos sino a los mansos. Pero estoy seguro también de que el pago por esta independencia que he mantenido por tantos años es que he podido desarrollar mi obra literaria de manera marginal, con absoluta libertad y, considero, con altos niveles de calidad… Una observación marginal que podría parecer rabieta de niño: aquéllos que han sido mantenidos por décadas en el Sistema Nacional de Creadores en la mayoría de los casos han terminado por escribir obras menores, desechables. Esta tesis la he sustentado en algunos artículos que he publicado en revistas de provincia: Crítica  de Puebla  y La palabra y el hombre, de Xalapa. Yo no quiero ser un mantenido más del SNC: estoy reclamando parte de lo que he pagado en impuestos. Bien o mal he venido sirviendo de contrapeso a la cultura oficial mexicana. Quedaré por completo satisfecho si el SNC publica 10 currícula de los personajes que enumeré o de 20 que no menciono y si estos superan el que estoy reproduciendo... A ver si es cierto que los huevos que ponen y cacarean valen lo que pregonan.  A ver si es cierto que las reglas  han cambiado e impera la transparencia y la justicia… no la repartición de prebendas entre los millonarios de la cultura mexicana. Si no hay respuesta a esta carta abierta entenderé que todo sigue igual y sigue imperando el servilismo y la chayotecracia: yo te publico tú me publicas, yo te doy un premio tú me das otro, yo te invito tú me invitas, en un eterno retorno ad nauseam.
 Marco Tulio Aguilera
Blog: www.mistercolombias.blogspot.com

Marco Tulio Aguilera

2 comentarios:

  1. Hola: estoy de acuerdo en casi todo lo que dices. Yo mismo "vivo el veto de los justos" Sería interesante hacer una especie de juicio público y comenzar el señalamiento y provocar la caída de cabezas o de plano quitar toda "ayuda" de gobierno a los "creadores" y que cada quien se rasque con sus propias obras. Saludos y adelante. ¡Poesía!

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