NUEVA NOVELA DE MT

Esta es la primera página de la novela El sentido de la melancolía, que corregiré durante los cuatro primeros meses del 2011.

 He tomado la decisión de rechazar algunas invitaciones para sentarme a corregir El sentido de la melancolía, una novela que espero sea un descenso (otro descenso, como el de Dante, Orfeo y una larguísima cauda de infelices y dichosos personajes de la literatura) al infierno y un estudio profundo (casi un tratado) sobre la depresión. En estos momentos la obra tiene 450 páginas. Creo que la voy a adelgazar. Para hacerlo suspenderé todas las otras actividades, excepto la natación: ya no dictaré clases, no asesoraré a escritores, no viajaré (suspenderé las actividades programadas en la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Central de Bogotá y la Universidad del Valle). En mayo espero haber terminado. Dictaré dos conferencias en la Feria del Libro Universitario en Xalapa: "Escenas de amor, eros y pornos en la obra de García Márquez" y "Cómo se escribe una novela". En octubre posiblemente viaje a España. A mis amigos, a los visitantes asiduos, cuyos nombres conozco y a todos los curiosos, les ofrezco el primer párrafo de la página inicial...
PRIMER VOLUMEN DE EL SENTIDO DE LA MELANCOLÍA
Tenía yo una casa desde cuyo estudio en el tercer piso, a través de los inabarcables ventanales podía ver casi toda mi ciudad, las montañas circundantes, un jardín con ficus y cerezos, mi guacamaya Enriqueta luciendo su plumaje, los estanques del jardín japonés con sus peces indescifrables. Tenía yo una esposa que haría palidecer de envidia a la Beatriz de Dante y dos hijos sin mancha y sin enojos. Quizás ya no los tenga más. Cultivé el jardín del cielo, sembré un árbol, crecieron sus ramas, colgué una soga de ellas y de ellas me ahorqué. El infierno es un lugar al que se puede llegar por muchas puertas. Mira  por donde entras y en quién confías; no te dejes engañar por la amplitud de la entrada. Todas están abiertas de par en par. Ventura entró al infierno por varias. Y en casi todas estaba una mujer. En una de ellas estaba Ventura mismo, con sonrisa bellaca, invitándolo a pasar. Amó a  su esposa y la sigue amando, pero eso no le bastaba. Seguía con la curiosidad por el arcano que encarnaban otras mujeres, con las que intimaba bajo el pretexto de que estaba buscando temas para su literatura. Decía que su actitud estaba justificada por la de Pushkin, gran poeta de Rusia y gran fornicador, que no dejó escapar impoluta a ninguna de las mujeres que rozaron su órbita de agujero negro. El pecado grande de Ventura fue poner a la literatura por encima de la familia.

Marco Tulio Aguilera

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