LOLITA

EROTISMO Y SENTIDO DE LA POESIA EN LOLITA
DE VLADIMIR NABOKOV
De Poéticas y obsesiones,Marco Tulio Aguilera, Editorial Universidad Veracruzana, Colección Biblioteca, 2a. ed,, 2010.

Dostoyevski, Proust, Poe y Platón parecen estar en el trasfondo de Lolita, la novela más conocida de Vladimir Nabokov. Dostoyevski por el concepto de crimen, de la ética que de este concepto se deriva, por la morbosidad y el deleite que causa la conciencia del pecado. Proust por la conservación de un recuerdo que ha marcado todo el resto de una vida. Poe, por la presencia constante de la impresión que le causó la lectura de un cuento de Edgar Allan Poe en la mente del protagonista, Humbert Humbert. Platón por la idea de que existe una vida superior, que encarna en un momento que es modelo de esa vida superior.
          El recuerdo que ha de marcar a Humbert Humbert, protagonista de Lolita, a lo largo de su vida es el de su amiga Anabel Lee, con quien no pudo realizar sino una escena de amor y erotismo inconclusa, que marcará toda la vida del protagonista.  Hijos de familias adineradas, protegidos por la vida, Humbert niño y Anabel Lee de 13 años tienen una relación intensa y secreta: Nos enamoramos simultáneamente, de una manera frenética, impúdica, agonizante. Y desespereada, debería agregar, porque ese arrebato de mutua posesión sólo se habría saciado si cada uno se hubiera embebido y saturado realmente de cada partícula del alma y el corazón del otro; pero ahí nos quedábamos ambos, incapaces hasta de encontrar esas oportunidades de juntarnos que habrían sido tan fáciles para los niños callejeros. (10)
          Esta incapacidad de culminar una relación amorosa y erótica tiene su desenlace en una escena que es la que ha de marcar a Humbert, como a Proust lo marcaron las famosas margaritas mojadas en te. Cuando los dos niños finalmente logran escapar de la vigilancia de sus padres, bajo "un macizo de mimosas nerviosas y esbeltas, al fondo de la villa de Anabel, encontramos amparo en las ruinas de un muro bajo". Allí vi su rosttro contra el cielo, extrañamente nítido, como si emitiera una tenue irradiación. Sus piernas, sus adorables piernas vivientes, no estaban muy juntas y cuando localicé lo que buscaba, sus rasgos infantiles adquirierion una expresión soñadora y atemorizada. Estaba sentada algo más arriba que yo, y cada vez que en su solitario éxtasis se abandonaba al impulso de besarme, inclinaba la cabeza con un movimiento muelle, letárgico, como de vertiente, que era casi lúgubre, y sus rodillas desnudas apretaban mi mano para soltarla de nuevo; y su boca temblorosa, crispada por la actitud de alguna misteriosa pócima, se acercaba a mi rostro con intensa aspiración. Procuraba aliviar el dolor de mi anhelo restregando ásperamente sus labios secos contra los míos; después mi amada se echaba hacia atrás con una sacudida nerviosa de la cabeza, para volver a acercarse oscuramente, alimentándome con su boca abierta; mientras, con una generosidad pronta a ofrecérselo todo, yo le hacía tomar el cetro de mi pasión.(13)
          A partir de ese instante toda relación erótica auténtica de Humbert estará relacionada con esa escena y las demás relaciones (con mujeres adultas) serán "profilácticas", "higiénicas", exclusivamente orgánicas. Al referirse a su ex esposa, dice "yo recurría pocas veces a su carne rancia", al hablar de una mujer atractiva la califica como "esa cosa lamentable y chata que es una mujer atractiva".
          Lolita tiene doce años y está a completamente a merced de Humbert, su padrastro, un adulto, que la adora. Humbert es su padrastro y la lleva en un largo viaje por los Estados Unidos, lejos de quien pueda juzgar esa relación. La madre de Lolita muere en un providencial accidente de tránsito al mes de haberse casado con Humbert.
          Desde que Humbert se sabe dueño de la potestad de Lolita se inicia la tensión novelesca. Humbert lleva a su amada a un largo viaje a través de Estados Unidos. La espera es un ingrediente muy importante del erotismo y en el caso de Humbert, está matizada por un voyeurismo bien asumido y una imaginación febricitante: Y Lolita era mía, la llave (de la habitación del hotel) estaba en mi mano, mi mano estaba en el bolsillo, Lolita era mía. Durante  las evocaciones y esquemas a que había consagrado tantos insomnios, había ido eliminando poco a poco todo rasgo superfluo, y apilando capa tras capa de traslúcida visión había conformado la imagen última. Desnuda -sólo con un calcetín y su brazalete-, tendida en la cama donde mi filtro la había abatido...así la concebí. Su mano todavía asía una cinta de terciopelo; su cuerpo color de miel, con la imagen blanca en negativo de un traje de baño rudimentario impresa sobre la piel tostada, me presentaba sus pálidos pezones; en la luz rosada, un minúsculo penacho púbico brillaba sobre su redondo montículo. La llave fría, enganchada en su cálido aditamento de madera, estaba muy bien colocada en mi bolsillo y mi mano la asía firmemente.
          El erotismo en el que hay un verdugo  y una víctima, un culpable y un inocente, un corrupto y un puro, en síntesis, una injusticia que se ejerce, es de un atractivo extremado. Platón afirmaba que es preferible sufrir un agravio que inferirlo. El filófofo griego se coloca, con ello, en la parte de la balanza que privilegia la bondad, el bien y la justicia sobre cualesquiera otros valores, a diferencia de Nietzsche, Schopenhauer, y más al extremo de la balanza, el Marqués de Sade, para quienes primero esta el bien a sí mismo, la voluntad de poder, la voluntad de placer, que se privilegian sobre cualquier otra categoría.
          Pero veremos que en la novela de Nabokov los términos de la balanza no son tan claros, y la división entre bien y mal no es demasiado precisa. El erotismo que maneja Nabokov está lleno de problemas de conciencia. No es el erotismo abierto que manejaría, por ejemplo, Bataille. Es por ello que Humbert en su larga confesión, afirma que "el aspecto del placer es siempre triste", y ello es así porque por un lado supone a su amada asediada por otros hombres, que como él, mueren subyugados por la belleza y la frescura de la niña, y por otro, porque el otro (Lolita) no es su igual: no compite en el campo del placer, de la adoración, del amor, con él, sino que simplemente se deja llevar por la corriente.
          Pero Lolita no es la pureza encarnada o por lo menos Humert nos quiere hacer creer que no lo es. Lolita es una nínfula, categoría inaugurada por Nabokov y que quedará impresa en la literatura del siglo XX como una de las más importantes. Veamos el párrafo en que Humbert nos define a las nínfulas: Entre los límites de los nueve y los catorce años, surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana, sino nínfica (o sea demoníaca); propongo llamr "nínfulas" a estas criaturas escogidas.(14)       
          Pero si las nínfulas son criaturas escogidas, los Humbert son también personajes especiales, dispuestos a jugárselo todo, por el placer que proporciona la posesión de una nínfula. Por eso los llama Nabokov "viajeros", porque su misma actividad les impide permanecer en un mismo lugar, asumiendo respetabilidad, luciendo máscaras convencionales.      
          En una escena se muestra cómo mientras Humbert sufre por los remordimientos que le proporciona su placer, la niña simplemente ignora todas esas torturas (o finge ignorarlas) y se entrega a su papel de niña. Aquí se describe como Humbert obtiene su placer teniendo a la niña sobre las piernas, mientras Lolita simplemente lee unas revistillas infantiles, aparentando no enterarse de las efusiones de su padrastro: Durante algunas tardes especialmente tropicales, en la pegajosa proximidad de la fiesta, me gustaba sentir la frescura del sillón de cuero contra mi maciza desnudez [1] mientras la observaba sentada en mi regazo; no era sino una típica chiquilla que se hurgaba la nariz, concentrada en el suplemento de historietas de un diario, tan indiferente a mi éxtasis como si hubiera sido algo sobre lo cual se había sentado sin  querer -un zapato, una muñeca- y demasiado indolente para quitarlo de su asiento.
          Humbert afirma que "no hay en la tierra otra felicidad comparada a la de amar una nínfula". Y ello es sin duda así para el trasgresor, pues viola la ley del equilibrio, la de la armonía, la de la justicia, leyes que, incluso en la naturaleza, imperan. La nínfula parece inerme, es protegida por la sociedad, e incluso hoy, cuando se han desatado tantos tabúes, hay furiosas campañas para proteger la "pureza" de los jóvenes, su "castidad física y espiritual".
          Humbert una vez que posee en exclusividad a la nínfula decide asumir por entero su profesión Humbertiana. Arranca a la niña de su entorno y se la lleva en un viaje a través de Norteamérica, sin que tenga en mente otro rumbo que el que le dicten los mapas y los moteles de paso. Qué busca en esta huida a traves de Norteamerica Humbert. Parece buscar un paraje apartado en el que pueda gozar de Lolita sin que nadie lo esté mirando. Veamos este pasaje en el que parece Humbert encontrar ese dichoso paraíso cerca de un río: Recuerdo que la operación -se refiere naturalmente al acto sexual- estaba terminada cuando estuvimos más cerca que nunca de ser descubiertos. Y no es de asombrarse que esa experiencia mitigara para siempre  mi sed de amores rurales. Desnudos tras el acto, Humbert y su amada son descubiertos por dos niños y luego por una matrona, con el embarazoso resultado de que deben huir a medio vestir, montar en el auto y escapar, antes de ser denunciados.
          La relación de Humbert con Lolita  tiene claroscuros: no se puede conjeturar la maldad, la corrupcion de Lolita del todo, sino como una argumento del mismo Humbert, que busca justificación. En ese viaje de 27 000 millas a lo largo de Estados Unidos, desde agosto de 1947 hasta agosto de 1948, visitaron infinidad de hoteles, vieron 157 películas de vaqueros, musicales y gangsters, hicieron el amor todas las noches, y, un detalle, acaso sorprendente: Lolita lloraba cuando creía que Humbert estaba durmiendo.
          El amor, la pasión de Humbert por Lolita, no es asunto personal, sino parte de una tendencia, de un placer generalizado, hacia todas las nínfulas. Es por ello que Humbert inscribe finalmente a su niña en una escuela de niñas para poder mirar a las compañeras de Lolita a su entero placer, por medio de binculares o directamente.
          Lolita, la novela, es un alegato por la libertad de la perversión compartida, por la posibilidad de vivir la otredad, la falta de juicio por parte de los demás. Es la otra cara de la civilización cristiana, ortodoxa, con su negación del cuerpo y su negación del misterio del erotismo y de la sexualidad que nace demasiado pronto para ser ocultada. Humbert termina vivendo en un pueblo chico, y oculta su paraíso de los ojos judicadores de sus vecinos, porque no se atreve a vivir en soledad su pasión. Humbert necesita mas Lolitas para su imaginación y necesita el jucio de los demas para que su placer sea mayor.
          Este es otro de los ingredienetes que hacen del erotismo una actividad emocionante: la prohibición. He ahí la diferencia con la pornografia, en la cual todo es permitdo y no hay sugerencia sino obviedad.
          La relacion de Humbert con Lolita, ya establecida la cotidianeidad en el pueblo, comienza a deteriorarse cuando la niña inicia su carrera de prostitución de sus dones, pidiendo cada vez mas dinero por ciertas caricias especiales que Nabokov describe de la forma más indirecta posible: Conocedora  de la magia y el poder du su suave boca, se las arregló -en un lapso de un año escolar!- para elevar el precio de un abrazo especial a tres y hasta cuatro billetes... Se reveló una cruel negociante cuando estaba en su poder rehusarme ciertos filtros extraños, demoledores, tontamente paradisiacos, sin los cuales no podía yo vivir más que unos pocos días de gran conmoción y que, por la misma índole de la languidez amorosa, no me era posible obtener por la fuerza"(168)
          Lo que destaca en el comportamiento de Humbert es la absoluta necesidad de control sobre su amada. Las reglas que le impone a su amada son cada vez más rigurosas. Humbert está contra la educación convencional de las niñas norteamericanas: la permisividad, las fiestas, los juegos en grupo, las idas al autocinema, los besuqueos, las largas conversaciones telefónicas con amigas para discutir asuntos de citas con muchachos. Y todo eso lo prohibe Humbert a su amada niña, creando una situación cada vez mas tensa.
          Humbert quiere elevar a nivel de ciencia la ninfología y por ello teoriza constantemente sobre el asunto: los elementos básicos del encanto nínfulo son...una figura perfecta de púber, ojos de lento mirar y pómulos salientes. Nabokov pone en labios de Humbert teorizaciones en torno al carácter histórico y literario de los regocijos entre niñas y adultos: cita la relación de Poe y Virginia, la de Dante y Beatriz, la de Petrarca y Laura. Humbert recurre a tradiciones culturales en las que era normal el disfrute de las púberes, cita costumbres romanas, de la india, de China.
          En los casos en que -ya avanzada la relación en base al hecho de estar juntos- Humbert trata de permitir que el amor o ternura aparezcan, es Lolita la que rechaza a Humbert: "Oh no, no vamos a comenzar de nuevo". Como que Lolita, con el paso de los días, llega a aceptar el erotismo como obligacion más alla de la cual no soportaba tonterías que le hicieran perder el tiempo. Entonces es cuando Humbert se siente mal y exclama "soy un miserable", para luego agregar, "no importa, sigamos con mi desgraciada historia".
          El hecho de que Lolita haya pasado de ser un nombre a convertirse en un género -el de las nínfulas-; de la misma forma que el Quijote o la Celestina adquirieron su trascendencia en el lenguaje popular al caracterizar entidades culturales más que personas, hace que éstas obras literarias hayan alcanzado dimensiones universales. Ello denuncia que la novela de Nabokov, como la de Cervantes y la obra teatral de Rojas, lograron calar en necesidades básicamente humanas, que son ocultadas y secretamente disfrutadas. El placer que a los viejos les proporciona la novedad, el mítico sentimiento de que solo bebiendo la sangre de una virgen los seres humanos pueden recuperar, por lo menos en la imaginación, el poder de la juventud, todo ello hace que la novela de Nabokov sea una de las cimas de la literatura y un alegato en pro la libertad de la imaginación y la licitud de las perversiones, es decir, de las diferencias.
          La búsqueda en internet nos dice que hay 13 762 documentos sobre Lolita, lo que es índice del interés que la novela sigue despertando. El tema del amor a las niñas es recurrente en la literatura y en la cinematografia. Hay una novela bellísima que se le atribuye a Victor Hugo: La novela de Violete, que se lee en un estado de cosntante exitación (lo que no sucede con la de Nabokov, que se lee con curiosidad: es demasidao inteligente para ser cachonda y no se permite libertades a la hora de afrontar el erotismo: es demasido oblicuo).
          El hecho de que en la novela no haya ni una sola escena sexual explícita, es en gran medida lo que le da su carácter estético y es precisamente eso lo que hace que sea una novela erótica: mantiene una tensión constante de ocultación, algo atado que no se desata del todo. Hay dos párrafos en los que se da una razón muy clara, una filosófica y otra operativa, del fondo de la novela. En la primera se llega de alguna forma a lo esencial de la situación, al carácter poético de esa relación entre un adulto y una niña, al carácter poético de la paradoja: En verdad, es muy posible que la atracción misma que ejerce sobre mí la inmadurez reside no tanto en la limpidez de la belleza infantil, inmaculada, prohibida, cuanto en la seguridad de una situación en que perfecciones infinitas cierran el abismo entre lo poco concedido y lo mucho prometido...la rosa gris inasequible. (243) La explicación es cómoda, justificante: lo que busca el adulto en la púber es la emoción que proporciona lo imposible, la rosa gris inasequible, la posesión de la belleza absoluta en un instante, la consecusión de esa verdad absoluta de los sentidos, el placer pleno de los sentidos...que generalmente termina en una vil polución.
          El otro párrafo que quiero destacar corresponde a una addenda colocada al final de la novela, en la que Nabokov explica el origen de la novela. Escribe: En las novelas pornográficas, la acción debe limitarse  a la copulación de clichés. Estilo, estructura, imágenes, nunca han de distraer al lector de su tibia lujuria. La novela debe consistir en una alternancia de escenas sexuales. La novela de Nabokov no sigue este procedimiento: lo suyo es el ahondamiento en la investigación de una obsesión y la búsqueda de una verdad poética en una situación heterodoxa. Esto es lo que permite que Lolita sea una obra auténticamente erótica, puesto que hace coincidir el espíritu con la carne, la narración de unas vidas con la búsqueda de su sentido, el hallazgo de un punto de encuentro, en el que la poesía da sentido y razón a unas existencias que podrían terminar reducidas a notas policiacas.
          Para mí-escribe Nabokov-una obra de ficción  sólo existe en la mediada en que me proporciona lo que llamaré lisa y llanamente  placer estético, es decir, la sensación de que es algo, en algún lugar, relacionado con otros estados del ser en que el arte (curiosidad, ternura, bondad, éxtasis) es la norma. En otras palabras, el arte es otra forma de ser, y el arte del arte, estriba en saber reconocerlo, disfrutarlo. Una elevada forma de alcanzar este bienaventurado estado es el erotismo, que es, sin duda alguna, una forma del arte, es decir, y para terminar redundando, otra forma de ser en el mundo, una forma de ser plena, heterodoxa, y por lo tanto, absolutamente individual, intransferible: no sujeta al juicio de otras personas que no sean las involucradas en el gracioso deporte del amor.


    [1] Nótese que la expresión "maciza desnudez" corresponde en términos estrictamente operativos, a una erección digna de quitarse el sombrero.

Marco Tulio Aguilera

2 comentarios:

  1. Gracias por la recomendación de Mashenka en el face, seguro le daré una checadita. Aunque Lolita me gusta porque como bien dice, no es porno ni explícita, sino más bien es esta devoción del Humbert Humbert por Lolita. Me encanta la parte en la que escribe al editor que llene toda la página con su nombre, es maravilloso.

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