GARCIA MÁRQUEZ EL EGOÍSTA, VÍCTOR GAVIRIA Y LADY

LA VENDEDORA DE ROSAS Y LA EPOPEYA DE LA MISERIA
DIARIO DE 1998

Los escritores colombianos despotrican contra García Márquez --lo que es ya una especie de deporte
nacional entre los intelectuales colombianos-: desde que le dieron el Nobel ya habla como un catedrático,
regaña a todo el mundo, no admite réplica, anda con guardaespaldas, no recibe a nadie. Yo lo justifico:
si a mí, que no tengo ni una milimicra de su prestigio (cuando voy a Colombia; aquí en México, como
dicen, ni quien me pele) me invitan a veinte actividades que no me interesan y me acosan un montón de
personas en general oportunistas y desagradables; imaginar a él, siendo acorralado constantemente por
personas que quieren filmar sus cuentos, firmas en sus libros, que lo invitan a comer, que lo critican,
que lo denigran hasta el oprobio y lo exaltan hasta la divinidad, que lo aplauden y lo insultan, que lo miran
insistente y descaradamente donde vaya y lo siguen hasta el baño (imaginen qué honor compartir una meada
con el Premio Nobel más famoso de cuantos haya habido).
            El director del Taller Literario de la Central responde a mis observaciones: Es que hay personas
famosas que se portan con naturalidad, mira a Mutis, tan accesible siempre, tan simpático. Lo que pasa,
replico, es que a Mutis no le ha llegado la fama como un alud, como una larga película de terror sin cortes
para comer palomitas y descansar.
            Un taxista me cuenta que el presidente Pastrana siempre que sale lo hace con una escolta de 15
autos blindados de lujo y con un escuadrón de motociclistas adelante y otro atrás.
            Hoy es día de descanso. Recibo invitación para ir al apartamiento del profesor Gustavo Pinilla,
donde estará Víctor Gaviria, el director de la película La vendedora de rosas, una de las dos películas
que se filmaron el año pasado en Colombia. Víctor es un personaje muy agradable, bonachón, abierto.
Mostró gran entusiasmo por mi trabajo. Aunque su película está nominada para el Oscar por Colombia a
mejor película extranjera, aunque ha ganado una gran cantidad de premios internacionales, Gaviria no
tiene ni cinco centavos en el bolsillo. Todo lo que ha ganado la película se lo ha embolsado el
productor. Hablamos apresuradamente, pues una hora después tenía que salir rumbo al aeropuerto. Le
conté la historia del Amazonas que escribí y luego le regalé el manuscrito. Dijo que le encantaría filmarla,
mencionó semejanzas con la epopeya de Aguirre la Ira de Dios y Fitzcarraldo, las dos películas de
Herzog que se desarrollan en el Amazonas. Conocí a Lady, la protagonista de La vendedora de rosas,
una niña de catorce años que salió de las calles de los barrios bravos de Medellín, ladrona, drogadicta,
tal vez hasta asesina y que ahora es la actriz consentida de Colombia. Ha visitado infinidad de hoteles de
cinco estrellas llevada por Gaviria. El público la aplaudió de pie en Cannes y en Viña del Mar. La película
fue un acontecimiento sin precedentes en Cannnes, donde la declararon fuera de concurso. Simplemente la
película era algo más que una simple película, más que un documento, más que una obra maestra. Y ahí
estaba la protagonista de esa epopeya de la miseria extrema, esa niña, con una enorme chamarra, unas
botas de triple suela, un pantalón de mezclilla y una hamburguesa en el bolsillo, una cicatriz de una
puñalada atravesándole el rostro y esa sonrisa maravillosa y amarga iluminándole esa figura inolvidable
(nunca olvidaré el grito autoritario de la niña en la película ¡Mónica, venga!, grito con el que daba a
entender que siendo ella una niña solitaria en medio de la selva del mundo de los barrio bajos,
era ella, precisamente ella, la que manejaba su destino y el de los que la rodeaban); ahí estaba esa expósita
que se echaba a dormir doce horas bajo el sol para ahorrarse una comida; esa niña que prefirió apuñalar
a los hombres que se le acercaban con intenciones lujuriosas antes que entregar su cuerpo, ahí estaba
Lady en Cannes, la meca del cine de Europa, recibiendo el homenaje y la vergüenza del mundo.
            Lady me abrazó efusivamente (todos los amigos de Víctor Gaviria son amigos de ella), le
manifesté mi admiración y ella me enseñó su más reciente fechoría: había hurtado como treinta lapiceros
de un hotel de Chicago y los ocultaba en el bolsillo interior de su chamarra. Me regaló un lapicero al
tiempo que me guiñaba un ojo como diciendo “pero no le digas nada a Víctor”.
            Lo sorprendente de La vendedora de rosas es que Gaviria puso en ella a actuar a las
personas más marginales del mundo. A unos asesinos tenebrosos, a niños totalmente drogados con
pegamento de zapatos, a pequeñas prostitutas, toda una corte de milagros tremebunda, pero muy
simpática, con un lenguaje riquísimo e incomprensible que no entienden ni los colombianos. ¿Cómo
logró esta hazaña el director? Según parece Víctor ha vivido años con estas personas, ha convivido con
ellos, les ha ayudado, y sus obras son el resultado de años, a veces décadas de esfuerzos. Para que la
película se entienda habrá que ponerle subtítulos. Pero va creciendo su fama y Gaviria es la  figura del
día en Colombia. Es tan famoso que ya comienzan a atacarlo por todas partes. Hasta García Márquez asistió
a ver la película con Gaviria y aunque se entusiasmó con ella, se mostró parco. "Si te gustó la película por
qué no le ayudas un poco: bastará con que hagas unos cuantos comentarios a los periodistas", le dijo
Gaviria, que es un tipo sencillo, que no conoce de otras políticas que las del aguardiente y la amistad.
García Márquez le dijo que no iba ayudar a la promoción de la película porque ello la perjudicaría y…
además, agregó,  él había tenido que escribir cinco libros antes de tener un poco de dinero. (Pero querido
Gabo: ¿Cómo has podido promover y proclamar genio literario a Tomas Eloy Mendoza, argentino, un
novelista apenas pasable, a Merce Rodoreda, española, y a una cauda de gentecilla en general mediocre
y no puedes darle un empujón leve a un talento tan pasmoso como es el de Gaviria?). García Márquez le
dijo a Gaviria que tendría que hacer carrera con su propio esfuerzo.

Marco Tulio Aguilera

2 comentarios:

  1. con respecto al articulo, sobra decir:
    es pertinente reflexionar en torno a lo que signufica las generalizaciones en la escritura, ya que a la larga se vuelben una molestia.
    como colombiano y lector de Marquez deberia decir que su articulo es una completa farza, un irrespeto al lecto habitual. Puedo asegurar que en nuestro pais existen muchas personas que gustan de leer al novel. 47 millones de colombianos no pueden generalizarce para algo tan trivial como su articulo. Es mejor datearce antes de cometer una burrada como la que usted a cometido al generalizar a toda una nación en su pobre refleción sobre el tema. De ante mano pido disculpas a los lectores por tener que encontrarce con esta molesta comunicación. Siento que es mi deber ya que por pura casualidad entre al "blog".

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  2. No descalifiqué a GGM como escritor, sino a una persona que pudiendo apoyar el talento colombiano, no lo hace. Por otra parte le recomiendo al anónimo escritor de la nota, que convierta al diccionario en su libro de cabecera.

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