ANDRES CAICEDO, HAROLD ALVARADO, LIRIAM MARULANDA Y MI NARCISISMO

Las historias de Liriam Marulanda
Foto de la última carrera de fondo en que participé, hace tres años, en el Estadio Xalapeño
DIARIO DE 1998
                                                                                      
Dice mi amiga Liriam que en mis tiempos de universitario en la U del Valle, Cali, Colombia, yo era 
un verdadero salvaje, enemigo de todos, solitario, pendenciero;me encerraba con ella en un cuarto 
oscuro del apartamento Rancho Grande en San Fernando  a revelarle mis terrores, que tenían 
relación con un fuerte complejo de Edipo; que odiaba a mi madre por el hecho de que ella había 
conseguido novios y amantes tras la muerte de mi  padre; que amaba a doña Ruth hasta el delirio 
y sin embargo no podía sufrir su presencia; que tenía gran cantidad de relaciones exclusivamente 
eróticas con muchachitas, a las que les vedaba cualquier acercamiento afectivo con el pretexto de 
que yo tenía muchos estudios urgentes que hacer (y es cierto: por aquellos años estudiaba, a más 
de mis materias de la carrera de Filosofía, alemán, griego antiguo, lingüística, francés, 
literatura, psicoanálisis; también me preparaba para carreras de fondo corriendo entre 5 y 15 
kilómetros diarios de lunes a viernes); que una vez tomé al escritor Andrés Caicedo de la cintura y
lo tiré a la calle frente a la cafetería de la Universidad Santiago de Cali porque él  le había dado una cachetada a Liriam; que descubrí a gritos la impostura del poeta Harold Alvarado Tenorio, quien había 
hurtado un prólogo de Borges para ponérselo a su primer libro, Poemas de un hombre que ha 
llegado al otoño; que me había enamorado hasta extremos enfermizos de un personaje  llamado 
Fabiola, con el que decía haber resuelto todos mis problemas eróticos, afectivos y sentimentales, y 
que a nadie quería revelar la identidad de ese personaje, hasta que Liriam descubrió que era una 
bicicleta; que me gradué en la Universidad del Valle en Filosofía con trampas (a las que 
contribuyeron varios amigos: la verdad es que no fueron trampas sino la presentación de 
una tesis extremadamente heterodoxa que se tituló Introducción a mi narcisismo,  mi cómplice 
de esta fechoría fue el profesor español Francisco Jarauta; la defensa de la tesis fue pública y a ella 
acudió toda la Facultad); que a ella (Liriam) jamás la toqué ni hice acercamiento erótico alguno; que 
Liriam se convirtió en mi consejera espiritual, en una gran paila en la que yo echaba todas mis 
penas, mis obsesiones, mis terrores; que a  Liriam le llegaban muchas mujeres, muy jóvenes, con 
quejas, sobre mi comportamiento; que me casé con una millonaria mexicana quien me estaba 
manteniendo y propiciando mis logros. (Lo que obviamente es falso. Me casé con L, que tenía y tiene 
todos los encantos … excepto ser millonaria).
            Todo lo anterior lo escuché con asombro. La verdad recuerdo muy poco de esto y me 
atrevo a suponer que es parte de la mitomanía de Liriam, aunque me han contado tantas cosas 
extrañas y extravagantes sobre mí mismo que ya no sé ni que pensar. No sé si es que yo en un 
momento de mi vida perdí la memoria. Tal vez el alejamiento y las noticias de mis "éxitos" en el
exterior, han propiciado toda esa cantidad de inventos.
            Liriam es una mujer que relegó sus ínfulas de intelectual y líder estudiantil en aras de hacer 
trabajo social humilde después de que sus seres queridos fueron muriendo uno a uno en el término 
de dos años: su madre, su padre, su hermano y finalmente su hijo de dos años. "Murió en mis 
brazos, sin que hubiera tenido enfermedad alguna, simplemente dejó de respirar. Días antes su 
hermano mayor me había dicho: Soñé que mi hermanito moría. Y el sueño se repitió varias veces. Y el 
sueño se cumplió: mi hijo murió con sencillez, dejó de respirar y ya. Era un niño luminoso, una 
belleza, un niño que vino al mundo a cumplir una misión y luego se fue... Bueno, se fue pero regresó 
muy pronto. Ahora ese hijo muerto ha comenzado a vivir en el apartamento y habla con todos nosotros 
y nos aconseja y nos hace sentir felices. Desde su muerte yo ya deseché toda ambición. Sólo quiero 
ayudar a los demás".
            Todo el tiempo, mientras Liriam hablaba, me acariciaba el dorso de una mano con su mano 
regordeta o me sobaba la espalda, como si ella me estuviera consolando a mí de sus penas. En su 
rostro había un gesto estoico, añorante, ausente. Sus labios se proyectaban constantemente como 
tratando de cubrir los dientes, en una especie de tic nervioso.
            Un detalle que me llamó la atención porque es un rasgo de mi personalidad del cual no me he 
podido liberar: el egoísmo, el olvido total del mundo para alcanzar mi propia satisfacción. Dijo Liriam 
que a menudo yo comía mi arroz con huevo y a ella no le daba ni una cucharada. Arroz con huevo: 
esa era casi la única receta en el comedor de las residencias universitarias, incluso recuerdo una 
canción que compuse y que decía:
            Arroz con huevo....al desayuno,
            arroz con huevo... al almuerzo,
            arroz con huevo...a la cena
            Reconozco que en casi todas las actividades de la vida, yo he puesto por delante mi propio 
placer. El matrimonio ha domesticado un poco esta tendencia, sin lograrlo del todo.  Sigo siendo el
narciso de mis años universitarios. De mi narcisismo depende mi obra. Lo bueno es que yo me 
soporto; lo malo es que mucha gente no me soporta. Pero como yo vivo conmigo y no con ellos, todo 
en mi vida discurre armoniosamente. 
Aunque el mundo esté en guerra yo estoy en paz.
Las siguientes líneas son un texto agregado por Liriam después de leer lo anterior. Querido Marco:
No es necesario añadir nada nuevo al relato de aquellos años mozos. Es divertido leer el texto y a 
través de él recordar la intensidad de las vivencias. Sí, tienen razón, yo era (y tal vaz aún lo sea) una paila 
gigantesca. Me pregunto si alguna vez tengo la osadía de prender los leños y poner a cocinar todo lo 
que ella contine. Qué resultaría?
Faltan muchos apartes por añadir. Soy conciente que tu memoria es selectiva y novelada.
Mi pequeño ego me grita que no puedo pasar por alto que digas algo muy importante en mi vida: 
Lirian fue la primera lectora de mis escritos, de mis cuentos, de mi primera novela. Ese honor MT no te 
permito que lo excluyas de la ficción. Lo reclamo a gritos como mío.
Sería chévere que completaras la historia con la visita que le hicimos a Gustavo:Álvarez :la comilona, la 
bebeta, el carro que enciende sólo cuando escucha la voz de su propietario y se apaga cuando se le da la 
regalada gana y que Elizabeth, con sus cantos y caricias logra convencerlo para que la acepte a ella al 
volante y así podamos ir y venir al Porce. Las locuras de Gustavo y finalmente la foto prohibida e 
impúdica que podría en duda la hombría de uno y la mariquería del otro.
Gracias por esos recuerdos, gracias
Lirian





 

Marco Tulio Aguilera

1 comentario:

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