ACOSO DE LA DIOSA PERRA

DIARIO DE 1998


Les presento la nueva pantalla Toshiba comprada expresamente para corregir El sentido de la melancolía next year

Presentación de la revista Advocatus, de la Facultad de Derecho de la UV: Francisco el segundo, MT el quinto de izquierda a derecha

Regresé al apartamento, lavé platos, dormí y luego planeo volver a la Feria del Libro de Bogotá. 
Asistiré a la presentación de la Antología del Cuento Colombiano, publicada por el Fondo de 
Cultura Económica. La antologista, Luz Mery Giraldo, me llamo y dijo que ella me quería 
mucho, me admiraba, porque yo era un escritor macho, que probaba varios registros y en todos
salía bien. Luz Mary es difusora de la literatura colombiana, es noble y no participa en rencillas. 
Dice: "Yo amo a todos los escritores colombianos, doy por ellos mi tiempo y mi vida". Se le agradece.
            Después de una serie de conferencias, fui a la casa de Jorge Eliécer Pardo, un escritor del 
Tolima. Un apartamento magnífico, alfombrado, con enormes ventanales y puertas de gran seguridad. 
Pardo tiene un programa en la televisión y amistad con políticos. Hace veinte años era un pobretón, 
como yo. Otro que ha ascendido desde los actos de provocación hasta el estrellato es el poeta 
nadaísta Jotamario, que ahora es Director de  Cultura de Cundinamarca. Jotamario fue de 
los que escupieron hostias, desnudaron (falsas) niñas de colegios de monjas y quemaron libros de 
poetas laureados.
            En la casa de Jorge Eliécer me dieron dos sándwiches porque dije que tenía un hambre atroz. 
Luego fuimos a la casa de un psicoanalista, cuyo hermano es autor de unas antologías de
literatura colombiana y unos manuales que se venden en todas las escuelas. El manualista me dijo que
él era mi madre, mi padre, mi hermano. Ya estaba borracho del todo y yo soportando por 
cortesía su empalagoso discurso. Dijo que me respetaba, que me amaba, pero que su amor había 
crecido a  partir de la lectura de un artículo autobiográfico mío publicado en una antología de un 
gringo llamado Joseph Vélez. Dijo que él había escuchado una conferencia mía cuando él tenía 18 
años y yo 25 y que desde entonces quedó marcado, que estaba enamorado de mí, en el buen 
sentido, naturalmente. Yo apenas si soportaba aquella andanada y antes de darle un empujón 
y salir corriendo, pedí un taxi. El tipo seguía de necio: que yo no podía hacer eso, que no podía 
ausentarme, que su hermano era poderoso (y en efecto su apartamento  es de maravilla y los 
vinos del Marqués de Riscal insuperables y la chingada madre, pero es que yo ya quería 
simplemente irme a dormir y punto, aunque él me ofreciera el cielo, yo lo que quería era una cama y 
punto). Llegó el taxi y me fui, logré liberarme de los brazos del tipo con enorme dificultad. Me 
acompañó en el taxi, "para cuidarme" la escritora de literatura erótica Carmen Cecilia Suárez, 
una rubia gordita, autora de Vestido rojo para bailar bolero y actriz de telenovelas, quien me dijo: 
Yo te doy mi libro si tú me das uno tuyo. Le dije que sí, mañana a las diez y me despedí.
            En Colombia hay la ingenua idea de que yo soy muy importante y que mis libros se leen en 
todo el mundo. Yo los dejo que crean lo que quieran. Las únicas noticias que los colombianos reciben 
sobre mí son las notas de cinco líneas que publica Isaías Peña en El Tiempo. Según Isaías esas 
notas son más efectivas que una novela de Kundera. Mis libros, solamente algunos de ellos
(Cuentos para después de hacer el amor, Cuentos para antes de hacer el amor, Mujeres amadas 
y Los placeres perdidos) se encuentran con dificultad en las librerías colombianas.
            En la presentación de la Antología del Nuevo Cuento Colombiano de Luz Mery 
Giraldo, una traductora italiano de nombre Emanuela No Se Qué, dijo que mi cuento 
"Las tablas crunjientes" era la búsqueda más intensa de la antología, lo que me satisfizo,  máxime
si allí estaban presentes en primera fila otros autores que se sentían el non plus ultra. De todos 
modos, tras leer la antología, hallé que es bastante mediocre, casi vergonzosa. Querer excluir a 
García Márquez, Mutis y Pedro Gómez Valderrama de una antología del cuento colombiano, es un 
absurdo. Sucedió lo mismo que  sucedió con la antología  Veinte ante el milenio, publicada por la 
UNAM, que presenta una mayoría de cuentos flojos, mediocres, mal escritos, faltos de vuelo, que 
dan una idea falsa de lo que es la literatura colombiana actual.
            Hablé brevemente con Peter Shutz-Kraft, traductor alemán, quien se mostró interesado
en mi trabajo. Le regalé dos libros y me ausenté, sabiendo que pronto vendrían otros escritores a 
hacerle la corte al alemán.
            Los libros son cartas lanzadas al mar dentro de una botella. Uno no sabe a dónde van a 
llegar. Por eso cuando yo salgo de mi provincia mexicana regalo unos cuantos, no por simpatía, 
sino por elemental interés. Cada vez me convenzo más que no hay amigos, sólo intereses.
            Por la mañana, a las ocho, después de caminar por la zona industrial, llego a la 
Editorial Panamericana, donde me recibe el Gerente General, un hombre muy informado. Esta 
editorial es un fenómeno de ventas en Colombia: sus libros, extremadamente lujosos, de pasta dura, 
están en todas partes. La producción de Panamericana es muy grande y la editorial tiene sus propios 
puntos de venta. El hombre leyó las primeras páginas de mi novela La Hermosa Vida y se 
mostró entusiasmado. Le di mi "hoja de vida" --en los últimos tiempos en Colombia le piden a uno la 
hoja de vida para cualquier trámite-- y pidió que le enviara varios libros de los que he publicado en 
México pero no en Colombia.
            A las once de la mañana estuve en El Tiempo, donde arreglé para escribir un artículo 
mensual en Lecturas Dominicales, el único suplemento que se lee en toda Colombia. El 
coordinador del suplemento está interesado en que yo le sirva al periódico y no que el periódico me 
sirva a mí. No me da libertades: quiere que escriba estrictamente sobre temas mexicanos. (Ya 
mandé el primer artículo: se refiere a los suplementos culturales mexicanos, entre los que 
destaco, naturalmente, al sábado de unomásuno). El coordinador del suplemento se da sus aires: 
siente que escribir en Lecturas Dominicales  es como tocar el cielo. Lo dejo ser importante. Me 
interesa tener un vínculo directo con los lectores colombianos.
            El Tiempo tiene un edificio impresionante, de instalaciones con mucha luz y sistemas 
absolutamente computarizados. Entre el enorme moridero de periódicos y periodistas en que 
se ha transformado Colombia, subsiste este diario, que ha mantenido una línea oficialista. El único 
periódico que le hace una tímida competencia, es  El Espectador, que ha tenido que pagar muy caro
su línea independiente. Han sido asesinados sus fundadores, se le han puesto bombas a sus
instalaciones, ha perdido capital. Otro periódico de circulación nacional es El Espacio, pasquín 
dedicado al comercio de la carne y la sangre.

Marco Tulio Aguilera

No hay comentarios:

Publicar un comentario