RETORNO A COLOMBIA.DIARIO DE 1998

CON LAS TRES ALEGRES COMADRES
Ya en casa de mi hermana Elizabeth me quedo a echar pereza. No tengo ganas de hacer nada, después del viaje desde Xalapa hasta Bogotá, de las cinco de la tarde del viernes, a las seis de la mañana del sábado. Me recibe la primera noticia macabra. Hace dos días asesinaron al portero de la unidad residencial donde vive mi hermana. Simplemente porque no dejó entrar por la noche a unos borrachos, al día siguiente regresaron los tipos, se bajaron de un taxi, le dispararon a quemarropa y se fueron tranquilamente. La ley del silencio, de la inacción dominó: nadie movió un dedo. Al que lo haga lo matan también. Así de sencillo. Colombia se ha transformado en una especie de enorme pueblo del oeste, donde las armas salen al sol por el menor motivo.


Me comunico con Fabio Jurado, director de Letras de la Universidad Nacional de Colombia y él me explica los planes. Me reuniré con 25 escritores jóvenes, provenientes de diversas partes del país, durante cinco días, de cuatro de la tarde a siete de la noche. El programa incluye una conferencia inicial titulada "Poética del cuento" y además charlas sobre los métodos de escritura de cuentos de Poe, Chejov y otros cuentistas. Me apoyaré en las magníficas antologías de Lauro Zavala publicadas por la UNAM. Luego recibiré los cuentos de los escritores, seleccionaré los mejores y trabajaremos sobre ellos. Una sesión estará destinada a un tema que llamaré "¿De dónde salen los cuentos?", en el que hablaré sobre mis experiencias. Los escritores, para la siguiente sección habrán leído algunos de mis cuentos y hablaremos sobre ellos. Una sesión, bastante heterodoxa, estará destinada al tema "¿Qué hacer con los cuentos una vez que se terminan?" Un tema polémico que trataremos es el de los concursos literarios, en los cuales, según Fabio, yo soy bastante ducho, pues he ganado más que bastantes (los suficientes para causar molestias a otros escritores). Fabio en una conferencia afirmó que yo investigaba los nombres de los jurados y podía escribir justamente el tipo de cuento que era necesario para ganar. Me molestó la afirmación, le dije que era insultante para mí y para él, que era una reverenda estupidez. Fabio se disculpó. (Al respecto no puedo evitar comentar que recibí una carta bastante desagradable de una lectora que me califica de "inmamable" y que dice que sólo he ganado concursos miserables y risibles, que ya debería avergonzarme de estar ganando concursos, que eso es para muchachos, etc, etc. Como diría Edmundo Valadés: “Ya le contesté su linda cartita por separado”). Sólo los escritores se avergüenzan de ganar concursos: si fueran artistas plásticos o músicos, podrían lucir sus premios con dignidad, pero siendo escritores, tienen el deber de avergonzarse de ellos.


La posibilidad de estar frente a una muestra seleccionada de escritores de la nueva generación colombiana es un privilegio maravilloso, y estoy seguro que aprenderé mucho.


Durante el día asistiré a la Feria Internacional del Libro de Bogotá, a la que no me han invitado ningún año y creo que no me invitarán, ignoro pero supongo las razones. (Días más tarde Fabio Jurado me informaría que yo no había sido invitado ni sería invitado porque soy "demasiado áspero" --palabras de Oscar Collazos, gran amigo del coordinador de invitaciones, Moreno Durán).


Durante la segunda semana de mi estadía en Colombia iré a Tunja, a dictar tres conferencias y luego a Bucaramanga. Como me sobrará un poco de tiempo y de dinero, tengo la idea de hacer un recorrido en autobús por el norte de Colombia. Quizás pueda llegar a Montería, donde tengo amigos, o a Cartagena, para estar de nuevo en Bogotá el 8 de mayo y tomar el avión rumbo a México el 9 de abril. Hay una posibilidad de ir a la selva de Putumayo, en el Alto Amazonas y creo que la voy a aceptar.


La misma tarde de mi llegada salgo a cine con tres mujeres: mi hermana Elizabeth y sus amigas, la Mona y Dalia, tres solitarias que luchan contra el mundo. La doctora Dalia tiene dos especialidades y gana una miseria. Tiene la teoría de que el cáncer es el resultado de la infelicidad. "Los hombres se parecen a los perros", dice."Uno les habla y parece que entienden". Luego, haciendo balancear su linda pierna que se exhibe bajo la minifalda: "Me pregunto si hay algún lugar en el mundo en que las mujeres sean felices".


Siendo las tres alegres solteronas profesionales, viven sin cinco centavos, pidiéndose prestado las unas a las otras. ¡Y éstas son las privilegiadas de Colombia! Vamos a ver Ceremonia, de Chabrol, cuyo tema es el enfrentamiento entre mujeres infelices y humildes y una familia de burgueses adoradores de la ópera. La obra desemboca en una tragedia que se narra con enorme frialdad. Yo, que me estoy cayendo de sueño, aguanto y voy al baño a lavarme la cara. La idea es tener una buena noche de sueño, agotarme, para mañana estar de nuevo en plenitud, adaptado.

Marco Tulio Aguilera

No hay comentarios:

Publicar un comentario