PARAISO DE LAS ARTES VI. CUANDO UNA MUJER SE ENTREGA

DIARIO DE 1977

Los canadienses consideran acaso más importantes a los animales salvajes y domésticos que a los
seres humanos. Es una sociedad de abundancia. Es frecuente ver en el basurero computadoras,
impresoras, colchones, bicicletas, en buen estado. El agua sobra en esta zona de Canadá. Todos 
son muy confiados. Nadie parece estar interesado en robar. Por otra parte han desarrollado a tal 
extremo el respeto a la individualidad, que paradójicamente la han ultrajado. Un ejemplo de ello es 
lo que llaman sexual harrasment, acoso sexual. La mas mínima insinuación sexual o que lo parezca 
puede ser objeto de demanda judicial. El resultado es que los hombres se han vuelto excesivamente 
cautos hacia las mujeres y casi no las cortejan, sino que ponen distancias practicamente 
insalvables. A consecuencia de ello, muchas personas han buscado vías oscuras o retorcidas para 
expresar su sexualidad o se entregan al culto a la naturaleza o a los animales, se vuelven 
vegetarianos o budistas.  El desarrollo de una civilización sobreprotectora ha hecho que 
entre los canadienses y la realidad haya cada vez una mayor distancia. A ello ha contribuido el 
desarrollo de las computadoras, el internet y la realidad virtual. Pronto será posible rentar 
videocasetes en los que las figuras del celuloide parezcan de tal manera vivas, con todas sus 
dimensiones, colores, sabores y secreciones, que algunas personas ya no estarán interesadas en 
interactuar con otras personas reales, sino con proyecciones holográficas. Quién va a querer 
acostarse con una esposa vieja, fea y regañona, si puede rentar a Claudia Schiffer por una noche. 
Pronto los espectadores podrán participar en vivo en las películas holográficas o de realidad virtual. 
Yo tuve la oportunidad de ver una película de las primeras de este tipo, en las que uno prácticamente 
podía sentir la textura de la piel de los actores. Hubo un momento en que un actor lanzó un 
garrotazo con un palo y yo sentí que me iba a pegar, de modo que me agaché.
            Ya las personas de este país no visitan a sus amigos, aunque estén a la distancia de unos 
pasos, sino que se mandan correos electrónicos. En general se evita el contacto físico y es 
extraño ver parejas tomadas de las manos o dándose besos en público. Una sociedad de personas 
que pasan cinco horas ante la computadora, cinco ante la televisión y el resto en el trabajo, 
difícilmente puede cultivar una relación humana plena. Por eso es que los extranjeros, 
particularmente los latinomericanos, tan efusivos, les llaman la atención. 
De ahí que ver a una mujer auténtica, con el aderezo y la simpatía no cortés sino natural, les llama 
mucho la atención. En ello estribó el éxito de L aquí. Hacía mucho tiempo no veían a una mujer 
que se vistiera como mujer y que se portara como mujer.
            A mí en cierta forma los canadienses me han tratado con cuidado, al darse cuenta de que 
soy una persona de full contact, un curioso impertinente, un osado que se atreve a decir cualquier 
cosa. Los organizadores de Leighton Hall escucharon mi primera conferencia al borde del horror, 
pero cuando vieron que no vulneraba sus principios, sino que los cuestionaba, rozando linderos 
peligrosos, les pareció magnífica. Hablar de temas eróticos o amorosos en público es un gran 
riesgo que corrí y del cual, si no fueron hipócritas los canadienses, salí airoso.
            Hoy 13 de mayo de 1977  ya revisé por primera vez por completo el manuscrito de  
La pequeña maestra de violín, una novela breve sobre lo que he llamado "el falso amor", 
continuación de La hermosa vida, pero autónoma, como las cuatro novelas de la serie que tendré 
listas cuando termine este periodo de trabajo en Banff. Fue una sesión de 14 horas de trabajo 
frente a la computadora. Una conversación con los compositores Sergio Cárdenas y Rodrigo 
Sigal, me dio una clave muy importante para cerrar algo que considero básico: el sentido general 
de la novela, un vórtice que ilumina todo, que le da un centro y un significado: se trata de los 
armónicos, expresión que designa a la serie de sonidos que emite una cuerda al vibrar es decir, 
al entrar en movimiento, hasta que regresa a su estado inicial. Eso es precisamente lo que de alguna 
manera sucede con el amor y la vida en general: un cuerpo y un alma en reposo se ponen en 
movimiento y luego regresan a su estado inicial. El amor sería ese vibrar permanente, esa pasión 
sostenida que está basada en una serie de notas, algunas no perceptibles al oído humano.
            Tras terminar el trabajo dormí doce horas seguidas y amanecí como nuevo, a un día 
espléndido, que disfruté como pocos en un paseo en bicicleta. Luego fui con Rodrigo Sigal a 
caminar a través de un bosque virgen, en cuyo centro grabamos los sonidos del viento entre los 
árboles, el trinar de los pájaros, pasos entre la espesura, agua corriendo entre el hielo.
            Los correos electrónicos fluyen entre Xalapa y Banff ininterrumpidamente: L está haciendo 
lo que acostumbra cuando me ausento: poniendo todo patas arriba. Ahora debe estar techando 
el estudio que tenemos en construcción en el patio, poniendo ventanas y puertas, entre ellas la 
puerta de nuestra habitación.
            Una vez que una mujer entrega su corazón, es muy difícil deshacerse del resto de ella.
 Sigo descansando del trabajo de la pasada novela. Por la mañana, larga caminata a lo largo del 
Bow River con el poeta canadiense John Donlan, quien me persuadió de que no intentara meterme 
en el río. Me pidió que hiciera un experimento muy sencillo: que mantuviera una mano en el agua 
durante un minuto. A los 30 segundos tuve que sacarla porque no soportaba el dolor y cuando 
la saqué me dolía espantosamente. "Bastarían 20 segundo en el agua para que tu cuerpo se 
paralizara por completo y tus músculos no te obedecieran. Te irías al fondo inmediatamente".
            Hoy conocí a un tal Dave Gwilliam quien me pidió que le tradujera una carta de una 
enamorada de Xalapa. A cambio de ello me va a hacer hermosas tarjetas de presentación. Dave 
acaba de llegar de México, donde escaló el Pico de Orizaba.
            La cena con invitacion de Carol Phillips, directora del Banff Centre, fue muy agradable. En el 
Buffalo Lodge, excelente comida y excelente vino (australiano), carne de ciervo, de elk y de buffalo, 
sabor muy particular y disfrutable. Conversacion amable sobre los fines del Centro para Las 
Artes. ¿Su objetivo? Responde Carol Phillips: Ofrecer un ambiente amable para que los artistas 
desarrollen su trabajo, nada más. Yo le dije que debía haber algo mas: el intercambio de 
culturas, la apertura de Canadá hacia otros países. Dije que Canada era un país de gente buena, 
no tan comercializada, que adoraba la naturaleza pero que estaban aislados, y la prueba de ello era 
que no se conocía ni un solo escritor canadiense en Mexico. Replicó que Canadá ocupaba en el 
mundo el primer lugar en cuanto a tasa de crecimiento económico y que tenía unos valores muy diferentes a los de Estados Unidos.
            Los directores de los Leighton Studios nos estuvieron investigando sobre políticas 
culturales en México y Sergio Cárdenas defendió la necesidad de aceptar el statu quo y
yo la de defender la polémica, mientras Rodrigo me apoyaba tímidamente.
            Expresamos los tres nuestra sorpresa por haber sido seleccionados para la residencia 
artística en Canadá, pues ninguno de nosotros pertenecemos a la camarilla de los eternos 
beneficiados por las prebendas culturales. "Le verdad, dijo Sergio, es que esta residencia es una 
migaja, una miseria, comparada con lo que se reparten los eternos funcionarios de la cultura en 
México".
            Cada uno de los artistas mexicanos habló sobre su proyecto y el que más trató de 
lucirse fue naturalmente Sergio quien habló sobre sus conciertos en Alemania, su temprana dirección 
de una orquesta en Salzburgo, sus relaciones con grandes directores, sus contactos. En honor a la 
verdad he de decir que el que más trabajó de los artistas mexicanos en Banff, fue Sergio, quien se 
amanecía en su estudio, y cada semana salía con una nueva composición. Persona 
profundamente reconcentrada, no le importaba otra cosa que su trabajo artístico y mantuvo 
siempre un humor inmejorable, aunque en ocasiones fue intolerante y hasta insolente. Nada le 
satisfizo del todo: la comida era insípida, las mujeres en su mayoría gordas, la orquesta Sinfónica de 
Calgary fría. Cuando veía una mujer que no cumplía bien con su labor, decía invariablemente: 
"Necesita que se la cojan". Y siempre estaba contando chistes de elevado tono y lanzando 
carcajadas inconfundibles, que resonaban en el gran comedor de Cameron Hall. Un detalle 
conmovedor de Sergio Cárdenas: llevó a Canadá un solo par de zapatos, que se le rompieron a 
mediados de su estancia allí. No fue capaz de gastar cien dólares para comprarse zapatos nuevos, 
pero sí gastó más de 600 dólares en sacar copias de las partituras de su música recién compuesta.
            El otro compañero de residencia en Banff, Rodrigo Sigal, con quien jugué basquet 40 de los 
43 días que estuvimos en Canadá, fue mi víctima: lo derroté puntualmente nueve de cada diez 
partidos. Tanto él como yo perdimos casi cinco kilos de peso. Rodrigo es un muchacho sano, f
uerte, que compone música contemporánea recurriendo a computadoras y a sonidos de la naturaleza. También él fue parco en sus gastos personales, pero magnífico en lo referente a gastos para su arte.
            Por medio de correo electrónico L protesta porque según ella yo cuento en mis artículos de
Sábado que me acosté con una mujer nicaraguense que conocí en mi pasado viaje de conferencias a 
Nueva York. En un correo electrónico de respuesta le vuelvo a hacer énfasis en la necesidad de fantasear de los escritores. Le respondo que me extraña que después de tanto tiempo (llevamos casi 15 años 
casados), siga creyendo que todo lo que escribo es reflejo fiel de mis experiencias. Sí es reflejo 
de mis sueños, claro, de mis fantaseos. Imagina, le digo, que yo sólo contara de mi vida familiar,
los hijos, la rutina del hogar. Yo necesito hablar con mujeres, indagar sus vidas, sus intimidades, 
para dar vuelo a mis fantasías. Por alguna razón que no conozco ni me interesa conocer, las únicas 
historias que me divierten son las que involucran mujeres, las que incluyen seducciones, las que tratan 
sobre el amor, el erotismo, la batalla interminable entre el hombre y la mujer. "Una vez que una 
mujer ha entregado su corazón, ya es muy difícil deshacerse del resto de ella", dice un aforismo que me gusta.

Marco Tulio Aguilera

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