HOY REGRESO AL PRESENTE

Antes  de regresar de nuevo al pasado --voy a comenzar a publicar mis diarios del regreso a Colombia en 1977-- quiero hacer una visita al presente, pensando particularmente en mis amigos, los  80 o 109 lectores diarios de este blog y a quienes no les escribo cartas personales por pereza u olvido. Ayer una amiga me dijo: "Creí que estabas en Banff". Le expliqué que lo que he publicado recientemente es mi diario de 1977.
Presente: terminé el curso de Lectura y Redacción en la Unidad de Artes de la U Veracruzana. Les dije adiós con pena a chicas hermosas y agradables y muchachos delicados y sensibles. Reprobé a tres. Qué pena, pero cometían errores como éste: escribían "hací" por "así". Tres errores en una palabra de tres letras. Un auténtico récord. Me he dedicado a leer. Terminé, gracias a una lesión en el codo que me obligó a someterme a veinte sesiones de rehabilitación, la novela El testigo (Premio Herralde) de Juan Villoro, uno de los pocos amigos escritores que tengo en México. He de decir que fue una lectura ardua y larga pero que aprendí bastante de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Es la novela de un hombre comprometido con su tiempo. Sus mejores personajes son los secundarios. Hay un retrato en clave de Carlos Fuentes que es magnífico.Villoro no tuvo que hacer una caricatura de escritor famoso. CF ya es una caricatura. Leí a medias La amante de Janis Joplin, de mi otro amigo Elmer Mendoza (dicen qie es mi doble). Una novela fallida, irresponsable, atropellada. Sin comparación alguna con su mejor novela, Balas de plata, Premio Tusquets de Novela. Estoy a punto de leer su primera novela El asesino solitario. Estoy leyendo cuatro novelas en manuscrito, movido por mi pendejez o generosidad, que me obligan a decirle a todo escritor novato que se me acerca a decir que sí. (Una vez le di un manuscrito mío a García Márquez. Me dijo: "Lo voy a leer hasta donde aguante". Según parece no aguantó mucho). Comencé a leer el manuscrito de una novela que se llama Los amores de Hitler. Floja. Estoy leyendo Para engañar el reflejo,  del hijo de mi amiga Liriiam Marulanda. Va bien. También leí apartes del libro de un colombiano que vive en el DF. Bien. Le dije que busque editor.
Hoy: natación y libros. ¿Mis libros? ¡Cómo les va? Lo más importante es que mi editor cercano, ex decano de cultura de la Universidad de Puebla, Ricardo Moreno Botello me dijo "qué caramba, yo te la publico". Se refería a mi novela grande, Historia de todas las cosas, rechazada por Planeta (Braulio Peralta) porque era "demasiado literaria, nosotros no publicamos eso". En su carta dijo literalmete "eres demasiado bueno para Planeta". Rechazada por la agencia Carmen Ballcells. "Novela demasiado larga. No coincide con nuestros intereses". Rechazada por Fondo de Cultura Económica: "Los informes de lectura no fueron lo suficientemente entusiastas" (Joaquín Díez Canedo, quien la leyó y me dijo que le había gustado muchísmo más que la de un superhéroe mexicano que estaba leyendo por esos días). El caso es que Ricardo Moreno, mientras manejaba su camioneta rumbo no sé a dónde, por medio del celular me dijo: "Yo te publico tu novela. Sólo he leído unos capítulos y me han gustado mucho. Creo en ti. Yo te la publico aunque no la haya leído completa". Y listo. La vamos a publicar. Le puse una condición: que antes de publcarla la lea antes de fin de año. Ya esta novela la he anunciado en este blog. He publicado varios capítulos. No creo que sea buena novela. Sé que es excelente. Se podría pensar que es una parodia de Cien años de soledad. Pero en realidad es más que eso. Reivindico el derecho a inventar y a hacer con el idioma lo que se me da la gana. Mi Historia de todas las cosas es la reescritura de Breve historia de todas las cosas, una novela que publiqué en Ediciones La Flor de Buenos Aires cuando tenía 24 años. La contraportada decía que era mejor que Cien años de soledad. Hubo crítica abunndante y muy positiva en diez o doce países. La Estafeta Literaria de Madrid le dedicó varias páginas. La primera edición tenía 370 páginas. La nueva versión tiene 580 páginas. Esta versión ha sido leída por Armando Pinto, Joaquín Díez-Canedo, Félix Luis Viera, mi amiga Lirian Marulanda (quien en una carta casi dice que mi novela es mejor que El Quijote) y por mi compañero de la Editorial Silverio Sánchez. La primera edición fue leída por García Márquez, quien me llamó desde España para felicitarme (1975). Ya he contado en mi libro Poéticas y obsesiones cómo le entregué la novela y los diversos encuentros que después he tenido con él. Con Gabo, a quien Daniel Ferreira llama García Márketing. Pero, bueno, a Daniel no le gusta nada. Todo lo descalifica. Tiene el síndrome del enfant terrible. Daniel fue el ganador del Premio Latinoamericano de Novela Sergio Galindo. Es un buen chico: muy tratable en persona; intratable en papel. Bueno, pues mi Historia de todas las cosassaldrá el próximo año. Y eso me tranquilizará para emprender el otro trabajo serio: la terminación de mi novela MÁS GRANDE:  El sentido de la melancolía. Y también para el próximo año espero la edición 14 de Cuentos para después de hacer el amor, la cuarta de Mujeres amadas, la novena reimpresión de El pollo que no quería ser gallo. Además estoy esperando noticias de mi segundo libro de cuentos infantiles. Y mi querida L ya casi tiene en sus manos su libro La ratona de la Sorbona. Su segundo libro. Salió respondona la chamaca. Mi tiempo más reciente en 500 metros estilo crawl: 11 minutos. En 25 metros estilo pecho: 24 segundos. Y lo más grave: no he podido bajar los kilos que gané en Costa Rica comiendo arroz con pollo y gallopinto y en Indiana comiendo sandwiches de Sheetz: me faltan 200 gramos para llegar a los fatídicos 100 kilos. En diciembre comenzaré a publicar una columna en la revista Otro lunes, que se publica en Berlín.
En el próximo Descabezadero iniciaré mi Diario Colombiano 1977.

Marco Tulio Aguilera

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