FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO UNIVERSITARIO. CRISIS Y PERSPECTIVAS. FELIPE GARRIDO Y ADOLFO GUIDALI

CONVERSACIÓN CON FELIPE GARRIDO

Tuve una larga conversación con Felipe Garrido, editor de mi novela La hermosa vida (Conaculta, Colección Guardagujas) y uno de los hombres que más conocen de libros en México, además el promotor de la lectura más activo y un conferencista ameno y docto. El día anterior había conversado con las cinco personas que asistimos a su conferencia en la que presentó las novedades de la Editorial JUS, de la que es director editorial. Después ha hablar de asuntos de negocios, caímos en un tema inevitable: la bajísima asistencia a los eventos de la Feria. Para dar una idea de la "crisis de público" habría que considerar un evento que se supone debería tener un público multitudinario: durante una presentación de Sergio Pitol hubo cinco o seis asistentes. Felipe comentó que en la Feria de Guadalajara casi todos los eventos que se realizan en espacios para cuatrocientas o más personas están llenos. ¿Qué se puede hacer? En primera instancia comprometer a toda la universidad a asistir, exigiendo a los directores que difundan el evento y a los profesores a que asistan. Además, invitar a escuelas, colegios, universidades. Recuerdo que en Gualajara se ven los ríos de gente moviéndose de un lado a otro. Es sorprendente que ni siquiera los profesores de Letras asistan, a menos que tengan que presentar un libro(para ganar puntitos para Productividad Académica). Sin duda que ha habido una difusión adecuada por medio de la prensa, pero en esta edición faltó un personaje que considero indispensable: Celia Álvarez. Su entusiasmo y su conocimiento del medio la hacen una pieza fundamental del engranaje mediático. Hasta donde sé, la prensa del Distrito Federal no se enteró de los eventos de la Feria. Siendo parte de la Editorial (pero no de la organización de la Feria) considero indispensable ventilar este asunto. Agustín del Moral al tomar las riendas de la Editorial supo sostener el timón de la producción y en sus presentaciones ha sido sobrio y elegante, sin embargo le han faltado tablas para manejar el monstruo que es un evento en el que ha literalmente miles de actividades. Los libreros se han quejado amargamente de las bajas ventas (todos los años se quejan) y efectivamente los pasillos se ven casi vacíos a excepción de las horas de la noche. Espero que este fin de semana el asunto levante, que las ventas suban, que los salones se vean repletos. Para mí esta Feria es una fiesta que espero con ansiedad y disfruto: encuentro amigos, hago relaciones, compro libros, participo en todos los eventos que me interesan. Particularmente en esta edición he hecho más actividades que en las anteriores: presenté tres libos míos (Poéticas y obsesiones, Agua clara en el Alto Amazonas y Artistas plásticos escriben literatura) y dos ajenos (Marginautas y Pecar como Dios manda). Destaco como eventos memorables la presencia de dos novelista colombianos: Daniel Ferreira, Premio Internacional Sergio Galindo, quien pronunció en la inauguración un discurso conmovedor; Santiago Gamboa, excelente novelista y buen conversador de sus andanzas. Y, quizás lo más importante, la presencia del novelista uruguayo Adolfo Guidali Etcheverry, quien vino directamente de París y a quien se le publicó, en edición de 300 ejemplares, una novela que considero la mejor que se haya publicado en décadas en esta casa editorial. Su presencia pasó casi inadvertida en medio de tantos eventos. Modesto y tímido, lo que es sorprendente en un periodista de France Press que viaja por todo el mundo, Guidali es un autor que muy posiblemente dentro de diez años sea la vanguardia de la literatura en español. Su novela Marginautas es sencillamente extraordinaria.MARGINAUTAS, NOVELA DEL URUGUAYO ADOLFO GUIDALI, RECIENTE PUBLICACION DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA

Marco Tulio Aguilera
Si intentáramos buscarle parientes a la novela Margianautas de Adolfo Guidali Etcheverri tendríamos que invitar en primera medida a Roberto Arlt, en segunda a Julio Cortázar y, en tercera al Lazarillo de Tormes. El protagonista es un pícaro simpático, semiintelectual, vividor, guapo, ingenuo, porteño, víctima de mujeres, en general disolutas y entradas en años y en carnes, inventor de artefactos extravagantes como el famosísimo pyroflat, quemador de flatulencias ígneas, ladrón no por convicción sino por necesidad pecuniaria y de estilo; es también un falso pariente de Carlitos Gardel y un amante codiciado, no sólo por hembras fragantes sino por chicos adictos a los gozos del trasero sur. Inocente del todo de sus fechorías, es una especie de Francisco de Asís del hampa y un emigrante que viaja a Europa a lucir su ingenio más inconsciente que asumido. Viaja casi de milagro a España y luego a Francia, escapando de la República de El Pozo, que podría ser un espejo más fiel que deformado de Buenos Aires o Montevideo de los bajos fondos. Que Guidali haya situado los inicios de la acción en la República de El Pozo nos lleva inevitablemente a preguntarnos si este autor uruguayo es pariente bien asumido de otro uruguayo eminente, Juan Carlos Onetti, personaje que hizo de la derrota toda una cátedra de vida artística. Las aventuras que se cuentan en un tono cariñoso, más pio que despiadado, serían desventuras si Rulito, nuestro pícaro porteño, no fuera un profesional del desamparo. Desde hace muchos años no había leído una novela tan regocijante. Me anoto un punto en su publicación. Yo leí la novela en el manuscrito y supe que allí teníamos a un magnífico escritor, con una gracia especialísima, cuyo misterio quisiera desentrañar. Habrá por lo pronto que intentarlo. Decía no sé quién que toda gran novela debe tener a un gran protagonista femenino. Marginautas lo tiene: es una jamona administradora de una pensión, que entre sus gracias tiene que es una magnífica felona y feladora. Aquí anotemos otro punto a la novela. Sabe manejar con donaire los asuntos delicados o escabrosos de la vida, digamos for example, la sexualidad, con una naturalidad pasmosa. Una galería de truhanes, mentirosos, fabuladores, fantasiosos, puebla esta novela que nos convence por ejemplo de que se puede tener un hipopótamo en una bañera a manera de mascota. Rulto miente con una facilidad pasmosa y lo hace con tanta gracia que uno no tiene otra alternativa que creele. Hay otro pariente literario que me parece podríamos emparentar con Rulito: se trata del protagonista de Desde el jardín, de Jezry Kosinsy. Un personaje que se encumbra en la sociedad por una especie de inocencia beata, que desarma a todos los que lo rodean. Toda la novela podría hacer sospechar que en ella gobierna la superficialidad, la impostura. Sin embargo, en sus momentos de crisis, nuestro fascineroso encuentra un sentido. Leamos este párrafo: “Entonces comprendió que son muchos los que viven de la fábula, que necesitan de la mentira piadosa para poder mirarse ante un espejo sin desintegrarse por la implosión estremecedora, consecuencia de asumir su propia miseria”. Está el tema de los latinoamericanos en Europa, particularmente en París, que tienen que aguzar su ingenio: ya sea cantando tangos, fingiéndose gurús, vendiendo embelecos o negociando con los desfiladeros de sus cuerpos. Unos y otros, los europeos y los latinoamericanos, los unos discriminando y los otros rebuscando grietas en el sistema para poder sobrevivir, constituyen la imagen de un mundo polarizado, injusto, corrupto, feroz, que sin embargo, menos mal, también sirve para generar obras como la de Guidali, que levantan como una flor en el desierto, obras literaria de dimensiones realmente maestras. Ellos tiene el dinero y la prosperidad; nosotros la imaginación. Creo que salimos ganando.

Marco Tulio Aguilera

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