DIARIO DE 1966. NEW PALTZ

Finalmente me hallo instalado en New Paltz, en casa de mi amigo el profesor Cervantes. Fuimos en taxi del aeropuerto de Newark a Port Authority, la estación de autobuses de Nueva York: 41 dólares. El conductor del taxi era haitiano y durante el trayecto estuvo parando la oreja, hasta que halló la oportunidad de meterse en la conversación. Tomamos el autobús rumbo a New Paltz e hicimos hora y media de viaje rumbo al norte, entre ríos que parecían claros y árboles en el pleno esplendor del otoño. Saavedra fue mostrando su personalidad: solitario, conscientemente solitario y feliz en su soledad. No añora compañía. Espera reunir dinero y retirarse a un monasterio. Tal vez escribir un libro que relate la violencia colombiana desde el punto de vista de un niño. Rafael Saavedra vive en un apartamento diminuto y alfombrado, en el que campea un absoluto desorden. Lo que podría ser el comedor quedó sepultado bajo un alud de libros, folletos y revistas.
Compré el New York Times, casi seis kilos de papel. En solo hojearlo gasté una hora. Es como un aleph. Todo se puede encontrar ahí, desde un compañero de lecho hasta un jet, limousinas, islas en el Caribe, serpientes venenosas, sesiones espiritistas. Deambulé la primera noche por el apartamento de Rafael sin poder dormir, como habitualmente me sucede cuando llego a un sitio desconocido. Preparé mi próximo regreso a Nueva York con una llamada al escritor Tomás González.
El aeropuerto de NY es sucio, a diferencia del de Pittsburgh. Antes de aterrizar en Nueva York el avión sobrevuela un paisaje de estaciones de ferrocarril y fábricas abandonadas, pantanos, charcos y estacionamientos. De toda esa basura surge, como una flor en el desierto o como un oasis de vida tras la explosión de la última bomba atómica, Manhattan, la cumbre de la civilización occidental.
En muchos aspectos la sociedad, cierta sociedad estadounidense es mucho más avanzada que la latinoamericana: cuida la naturaleza (pero consume recursos despiadadamente); la pornografía, el tabaco, el abuso sexual parecen haber sido eliminados o se ocultan celosamente, pero también se ha eliminado en mucho la libertad. Hay un gran control sobre todo. Los "hispanos" que han triunfado es porque se han vuelto political correct --creo que así se dice--, personas que se cuidan enfermizamente de no ofender a nadie. Pronto les será prohibido pronunciar las palabras "hombre" o "mujer".
El profesor Cervantes Saavedra es un caso típico de persona political correct: come sin sal, sin azúcar, sin condimentos. Es vegetariano y aspira a alimentarse sólo de líquidos. Espera algún día levitar y desdoblarse. Su gran aspiración es gustarle a todo el mundo, cumplir su deber académico hasta el asco, envejecer con dignidad y servirle a la humanidad, luego ser enterrado con modestia y desaparecer del planeta sin ofender a nadie ni haber matado a un gusano por accidente. Rafael el profesor de SUNY, la Universidad Estatal de Nueva York, donde debo dar unas conferencias a profesores y alumnos.
Costos de la educación: un estudiante paga 30 dólares diarios de alimentación en los restaurantes universitarios de New Paltz. Todas las personas andan apresuradas y programan sus actividades como el famoso conejo de Alicia, que cada minuto mira su reloj.
Mi maldición: si no tengo mujer o no juego basquetbol no puedo dormir. Mi motor sigue andando interminablemente.
Asistí a una clase de Rafael Saavedra. Hablé cinco minutos y luego pedí que me hicieran preguntas. Fueron las convencionales: de dónde sale lo que escribo, si quiero ser famoso, cuánto dinero gano con mis libros, qué quiero decir con ellos, cuáles son mis temas favoritos, si mi mujer no se enoja cuando lee mis cuentos eróticos, a qué aspiro. Hablé un poco sobre el amor y el erotismo y eso puso nervioso al profesor, quien inmediatamente intervino: dijo que yo me refería al erotismo y no a la pornografía. En efecto noté que una chica de rostro muy blanco estaba sonrojada. Pero los demás estudiates se veían contentos e interesados.
Rafael concertó una cita con una radiodifusora de "hispanos" de New Paltz mientras comímos. Yo les comenté que con lo que ellos almorzaban comía una familia pobre una semana entera en México.
Por la noche comencé a organizar, en ausencia del anfitrión, el apartamento de Rafael, que era un verdadero desastre. Sobre la mesa del comedor había periódicos y revistas del año pasado, libros, folletos, correo. Entre otras cosas encontré un The joy of sex homosexual y una película pornográfica con jugadores de futbol americano que se entretenían en los vestidores. Comencé a verla para explorar mis reacciones. Es claro que en ocasiones me he sentido atraído hacia algunos hombres y ello me inquieta. Incluso una vez jugué con la posibilidad de llegar a algún puerto con un actor de teatro, pero simplemente no pude y pasé la peor noche de mi vida explicándole a quien era mi gran amigo y sigue siéndolo, que yo sentía un rechazo constitucional hacia las relaciones entre hombres. No pude ver mucho de la película. Simplemente no me interesó ni me causó emoción alguna.

Marco Tulio Aguilera

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