EN EL CONGRESO DE INDIANA. GUSANO CON ANTEOJOS FIRMANDO AUTÓGRAFOS



Diario de 1966



La sociedad norteamericana a primera vista parece la sociedad perfecta. Hay gran dosis de compasión (institucional) por los minusváldos y un gran respeto por la dignidad humana. Pero, por otra parte, es una sociedad temerosa y mercenaria, que antepone la ley a la dignidad o a la verdadera compasión. Peter Broad me contó una historia verdaderamente espeluznante y sin embargo digna de una comedia: En una gasolinera una anciana resbaló al pisar un charco de aceite. Se fracturó el cráneo. Sus hijos en lugar de pedir una ambulancia, corrieron a su casa a buscar una cámara fotográfica para retratar el charco de aceite y a su madre expirando, de modo que pudieran demandar a la gasolinera.
México, en efecto está en un hueco, las empresas están robando despiadadamente. Teléfonos de México es el ejemplo perfecto. Una llamada de 15 minutos desde Indiana hasta Xalapa, cuesta 10 dólares. Una llamada semejante, desde Xalapa a Indiana cuesta 20 dólares.
Uno de los espectáculos más hermosos del mundo: salir del tunel de dos kilómetros y de pronto recibir en el rostro todas las luces de Pittsburg y el reflejo de ellas en el río Allegeny.
Escucho y registro algunas frases dispersas del congreso: "Las mujeres en los barcos se vuelven como locas". "Peregrinaje al fondo de la perversidad." Creo que se refieren a una novela de la cubana Ana Lydia Vega.
Ufemia de la Calle, una extremeña simpatiquísima, pronuncia esistir, en lugar de existir y eso nos hace gracia a los asistentes al congreso. Es ingenua, provinciana, sincerota y atrevida la Ufemia. Un poco pasadita de años para mi gusto. Le encanta mi atrevimento. Algo que me divierte mucho en este congreso es que puedo presumir abiertamente sin que a nadie le moleste ni nadie me juzque. Todos están encantados de que yo sea un escritor famosillo y se lo creen. En Xalapa casi nadie me lo cree y evito presumir de nada. Allá soy simplemente el editor de una revista y un personaje peligroso por agresivo y por pornográfico. Los profesores de las universidades de Arizona, Ohio, New Platz, Kentuky están encantados de admirarme y todos compran mis libros con gran alegría de ellos y mía. Mis dedicatorias florecen a diestra y siniestra y la única testiga mexicana es Georgina X, quien no ha hecho otra cosa que pregonar mi talento literario. Ella es una académica. No le interesa competir con un escritor, casi el único del congreso. Hubo otro, un colombiano, pero éste pasó como un rayo, protegido por sus cuatro admiradores colombianos y luego se fue: pobrecito, tenía que cumplir con sus deberes en la Universidad de Cincinati mientras yo podía seguir de famosillo otros quince días recorriendo universidades gringas.
Acidia: incumplimiento de deberes morales o espirituales. Una de las ponencias se llama "La presencia de la acidia en la literatura contemporánea". Las tesis de la ponencia son las siguientes: en el futuro los seres humanos se verán vacíos de conflictos morales, irán perdiendo lo humano, fenecerá el afecto entre las personas, toda relación se basará en el interés. El mundo avanza hacia una progresiva sucesión de catástrofes que dejan indiferentes a todos los seres humanos. El hombre será incapaz de actuar bien o mal, de decidir. El individuo posmoderno es un autómata. Está perdiendo su alma. El hombre comenzó a perderla desde que la tuvo, así como comienza a perder la vida desde que la tiene. Todo esto lo dice una polaca-española-gringa maravillosa y tímida, en inglés espantoso. Sin duda la suya será la ponencia más interesante del congreso. Ya tendré oportunidad de acercarme a la polaca y sufrir un chasco por bocón. (Le tocó vivir tiempos difíciles, como a todos los hombres. Esta fracesita me quedó en la memoria desde el Congreso Monterrey 96).
Bertín, académico veracruzano que terminó su PhD en Stanford y ahora trabaja en Berkeley, presenta una ponencia interesante sobre el acto narrativo como acto de prostitución. El narrador, dice, es el que ofrece sus historias para el placer de otros y para compartir su visión del mundo.
Me he seguido llenando de dólares, mis libros se venden por cantidades. Habrá muchos regalos para la familia y tendré dinero para gastar durante los diez días que pasaré en Nueva York. Perfecta sincornía: las conferencias comienzan puntuales y terminan puntuales. Se ha difundido la idea, perfectamente erronea, entre los congresistas de que soy un gigoló. No me desagrada. Me divierte, pero repito una y otra vez que en realidad soy un puritano. A veces le digo a mi esposa que no soy sino un gusano con anteojos.

Marco Tulio Aguilera

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