DIARIO DE 1966: INDIANA, NEW PALTZ Y NUEVA YORK



HUBERO BATIS, AUGUSTO MONTERROSO Y MIS GALLOS

Comenzaré a publicar textos de mi diario de 1996. Los encontré en mi disco duro. Que la vida se repite lo demuestra que en este año que estamos viviendo, el 2010 --16 años después de ese viaje que relato en el presente texto--, iré de nuevo a Indiana, al mismo congreso al que fui en 1966, y de nuevo seré el orador inaugural. Ahora con una conferencia que he llamado "Escenas de amor y Eros en la obra de García Márquez". Al congreso de Literaturas Hispánicas he ido cuatro veces. Allí el jefe es Peter Braod, que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar y difundir mi literatura. La misma conferencia, pero incompleta la dicté en la Universidad de Costa Rica, en Heredia.


Viaje celérico al D.F. Tres objetivos básicos. Sacar la visa para el viaje a Estados Unidos, entregar manuscritos a editores y visitar a Huberto Batis. Con respecto a mis inéditos tengo una idea sencilla, tan vez absurda o pretenciosa: si mis libros no salen en las mejores editoriales, mejor me los guardo. Quiero que mis libros tengan una existencia real, que se vean. Y eso sólo es posible en México si son publicados en una o dos editoriales. Publicar en las demás es como arrojarlas al enorme retrete donde muere el 99 por ciento de la literatura. El trámite en la embajada es dantesco. A las siete de la mañana la fila mide exactamente dos cuadras. Doy un salto violento: a las doce ya tengo la visa en mis manos. La pedí por veinte días y me la dieron por cinco años. Soy digno de toda sospecha: en Estados Unidos me consideran persona grata. Hace dos años estuve en Indiana, Pensylvania y en Pittsburg. Fui el orador inaugural del XX Congreso de Literaturas Hispánicas cuyo tema central fue...sí, el erotismo. Recuerdo que comencé a leer mi conferencia, hice una digresión y luego se me olvidó el papel. Me dediqué a divagar muy a mi estilo, sin importar quién estuviera al frente -eran cincuenta o sesenta profesores de diversas universidades norteamericanas-, hubo algunas protestas de parte de algunas catedráticas, que consideraron mis opiniones demasiado agresivas. Una profesora joven de Talahassse, con quien hice buena amistad, me dijo que yo le había dado la impresión de ser un despreocupado, que hacía lo que se le daba la gana y que lo más posible es que no me volvieran a invitar a ninguna universidad norteamericana... Lo que resultó falso, pues dos años más tarde, hoy, me acaban de invitar al mismo congreso, a hablar sobre el mismo tema. Mi ponencia se llama "La mecánica del cuento erótico" y estoy a punto de terminarla.
Y no me invitaron este año sólo a Indiana, sino a la Universidad Estatal de Nueva York en New Paltz, cerca de Canadá, y a la ciudad de New York, donde hablaré sobre literatura mexicana (sobre mis amigos, que además de serlo, son buenos escritores, of course, Serna, de la Borbolla, Luis Arturo Ramos, Eusebio Ruvalcaba, Agustín Ramos, etc).
Lo de la visita a Batis resultó menos tremebundo de lo que me esperaba. Por fin lo encontré solo y pudimos hablar extensamente sobre asuntos que nos preocupan, por ejemplo, la decadencia de las costumbres propia de las nuevas generaciones. La conversación fue muy a fondo y hablamos sobre los personajes de Sábado, el suplemento literario más leído de México. Hablamos particularmente sobre algunas damas inquietantes que lo visitan y lo ponen en apuros. De lo que se habló no puedo dar cuenta puntual, pues sería infidencia. Conversación privada hecha pública es torpeza. En síntesis encontré a Batis más cordial que nunca.
Mi conversación con los editores fue, curiosamente, muy cordial, también. En los últimos tiempos tuve experiencias desoladoras con estos individuos. Simplemente les dejé mis manuscritos, sin pedirles otra cosa que lecturas justas de parte de lectores que no fueran del todo imbéciles. Andrés Ramírez y Claudia Huelgas cuyas cabezas no sumarán 50 años, están a la cabeza de Planeta, Joaquín Mortiz, Seix Barral y quién sabe qué otros sellos más. Que sea para bien.
Regresando a Xalapa abro El semanario de La Jornada y veo el sellito del Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes. Luego una lista de nombres. En primer lugar, el mío. Señoras y señores, por mis méritos, más que por mi capacidad para meterme en líos, he ganado tres meses en el Centro Mundial de las Artes de Banff, en Canadá, entre nieve, bosques y montañas, para que me dedique a corregir la última novela de mi serie El libro de la vida. ¿Recuerdan? La novela de Flor de María, que se dedicaba a amar al protagonista, a perder la memoria y a darle gusto al cuerpo. Pues lo que leyeron ustedes en Sábado es un gran borrador, rústico, que si Dios quiere, terminará convertido en una novela de amor, así como suena, simple y llanamente una novela de amor (con sexo en abundancia y líos -mujer que no jode es macho o tiene mozo, dicen en Colombia- y muchos pensamientos elevados, claro).
Conste: en la converación con Batis él pidió que escribiera sobre mí mismo, mis actividades, mis relaciones con los escritores, el mundo literario. Eso es lo que estoy haciendo ahora. Batis recordó el diario público que sostuvo en Sábado Augusto Monterroso, que además de ser muy interesante y formal, era, en cierta forma, mustio, poco comprometido con el presente. Augusto se mostraba excesivamente decente, temeroso a meterse en líos, lo que resultaba contrario a las políticas de Sábado, y de las mías, naturalmente... por eso nos llevábamos bien Huberto, sus maquiavelos y Johnny Peligroso
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Marco Tulio Aguilera

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